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Alcoy: una cabalgata teñida de racismo

 

  Nombre: Anne Catherine Cornec
Fecha de nacimiento: 06/01/2018
Tipo:

Fuente: El Salto Diario
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España tiene un amplio pasado colonialista y esclavista. Su historia no es inocente y continúa marcando su devenir en tiempos más modernos. Una sociedad llena de estereotipos y prejuicios con un racismo normalizado que intenta negar. En estas fechas nos encontramos con algunas demostraciones de este racismo que se considera normal dentro de la sociedad española. Como la famosa cabalgata de Alcoy y sus pajes donde, en nombre de la tradición, cientos de personas se pintan la cara como negros.

El comercio de los esclavos en España estuvo presente en diferentes zonas, una de ellas la zona levantina. Y una ciudad que formaba parte de esta comercialización era Alcoy. Durante la Edad Media la ciudad de Alcoy, junto con una ciudad vecina, Cocentaina, era un punto clave para los mercados y mercantes de esclavos. Este lugar, ubicado cerca de la zona norte de Alicante y de las montañas, era el sitio perfecto para que los corsarios y los mercantes organizaran estos tráficos. En este mercado de Alcoy se encontraban esclavos de diferentes procedencias; África Occidental, África del Norte, Canarias y nativos americanos. Ya en los archivos disponibles en Valencia de los años 1475-1477 podemos ver cómo la edad y el sexo de los esclavos no era algo importante. Había esclavos de todas las edades, desde niños de 4 años, hasta hombres o mujeres de 50. Esto también está en el pasado y algunas fortunas de la zona tienen el origen de la trata de esclavos en sus raíces.

Durante la colonización de América, en el momento del encuentro con los nativos, los colonialistas y la Iglesia se posicionaron para definir qué era un extranjero. El Génesis afirma el origen único del hombre (Dios creó al hombre). Desde esta visión monogénica (un único género) la diversidad de apariencias responde a dos posibilidades: no son humanos o son humanos diferentes pero no civilizados que hay que convertir para que vuelvan a seguir el camino adecuado. Además, el otro será llamado "salvaje" por el hecho que no está considerado como civilizado. Hay un rechazo de humanidad frente a este "salvaje", que justificará el trabajo forzado por los españoles y la obligación de convertirse al catolicismo dejando atrás su propia cultura, considerada como perniciosa.

Juan Ginés de Sepúlveda, sacerdote español, consideró que los nativos eran unas naciones bárbaras. Durante la Controversia de Valladolid defenderá la guerra de conquista y dirá que por "naturaleza" los nativos están destinados a ser sometidos por las naciones civilizadas. Podemos constatar aquí algunas corrientes de pensamiento que llegaron a justificar la trata y la esclavitud de los negros. La percepción del "salvaje" nunca está percibida por lo que es. Siempre está hecha desde el juicio de valor y de lo que representa para los europeos. También durante este periodo la Iglesia considera que la diversidad de sociedades humanas es una aberración que hay que corregir. A continuación se irá construyendo la imagen del "salvaje" bueno y malo. El malo carece de inteligencia, moral y religión, el bueno es naif, inocente y puro. Durante los siglos XVI y XVII el buen o mal salvaje se idealizará, este indígena vendrá a fascinar el imaginario del hombre europeo. A mitad del XIX se generalizará en las grandes ciudades de Europa los espectáculos de "monstruos humanos", donde se exponen, al lado de animales exóticos, familias enteras jugando con su aspecto monstruoso y extraño. Es el principio de los zoos humanos, que se generalizaron con su presencia en algunas exposiciones universales.

Esta visión del extranjero, vehiculada principalmente por la Iglesia Católica y la visión europea, se ha perpetuado durante los siglos y España, que se llama moderna, sigue sin combatir sus viejos demonios. Esta fantasía de la visión del extranjero como un ser diferente y maravilloso sigue muy presente en nuestras sociedades de hoy en día y muy especialmente en España.

Seguimos encontrando representaciones extremadamente caricaturizadas de lo extranjero, como por ejemplo ciertas marcas como Los Conguitos

Seguimos encontrando representaciones extremadamente caricaturizadas de lo extranjero, como por ejemplo ciertas marcas como Los Conguitos, la publicidad de Cola Cao con un "negrito" saliendo de una botella de chocolate y, evidentemente, el caso tristemente célebre de Alcoy, donde cientos de personas continúan pintándose la cara como negros.

España sigue, con tradiciones de este tipo, con una mentalidad que perpetúa la discriminación de una parte de su población, su población racializada, y que se niega a ver, en estos diferentes actos, el carácter humillante que hay en este tipo de representaciones. España está anclada en sus tradiciones, tiene mucho miedo de la mirada exterior y una posibilidad de autocrítica social muy débil. Las cabalgatas de Alcoy son un ejemplo perfecto.

La defensa, por parte del ayuntamiento y algunos de sus habitantes para seguir permitiendo un acto de blackface, es el hecho de que "siempre ha sido así" o bien "las tradiciones no se cambian". Pero, ¿Las tradiciones siguen teniendo sentido cuándo insultan y humillan a una parte de la sociedad?

Las tradiciones, cuando ya no son acordes con los tiempos modernos, deben evolucionar y cambiar. Cuando una parte de su población no es sólo negra sino también racializada ¿podemos seguir permitiendo actos racistas en el nombre de una tradición? ¿Qué mensaje se transmite entonces a la población española, tanto racializada como inmigrante, que forman parte de este país? "No olvidéis que vosotros no sois como nosotros, seguís siendo los otros". A través de diferentes mensajes que hemos recibido en Afroféminas queda evidenciado que varias personas de esta ciudad tienen actitudes claramente racistas, no tienen ninguna vergüenza y nadie condena sus actos.

¿Las tradiciones siguen teniendo sentido cuándo insultan y humillan a una parte de la sociedad?

Dejo aquí algunos de los comentarios sin desvelar los nombres:

«Lo que ayer no tenían nada en contra de vosotras hoy tiene rabia y en algunos casos asco a vuestra etnia, parad con vuestros comentarios. Estáis haciendo daño a niños de vuestro color que hasta ahora estaban integrados con los niños de Alcoi, ahora son insultados por sus compañeros», «Tú eres libre de no ser racista y yo de serlo (…) para mí que me digan racista no es un insulto, es una opinión», «Si se ofende que se vayan a su país (…) si los colgamos a los balcones y en fiestas los cristianos matamos a los moros», o «Por culpa vuestra y de los moros y de rumanos, nuestras familias no tienen para comer».

Los políticos no intentan entrar en diálogo con nosotras, sino convencernos de su postura sin que haya un intento de escucharnos. Tampoco condenan los insultos racistas y las amenazas que recibimos, siendo además de partidos de izquierdas como Podemos o el PSOE. Podemos, que además ha defendido la tradición y se ha postulado en contra de las declaraciones de Rita Bosaho, primera diputada negra española, por haber difundido los hechos expuestos por Afroféminas, tras un tuit que publicó y borró inmediatamente.

Sólo esperamos que no se silencie nuestra voz, y que además de dar voz a los habitantes de Alcoy, la prensa oiga nuestros razonamientos. Si España quiere luchar realmente contra el racismo debe abrir los ojos ante estos comportamientos, asumirlos y combatirlos. Aunque una fiesta se celebre desde hace 130 años, no se pueden justificar tales actos. Los pajes de Alcoy tienen un carácter racista mientras sigan pintados de negro y enormes labios rojos; lo es por lo que implica históricamente y por sus repercusiones sobre el tiempo presente.