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La dura travesía de los inmigrantes hasta llegar al centro de acogida Ödos en Córdoba

 

  Nombre: Francisco J. Poyato
Fecha de nacimiento: 22/07/2018
Tipo:

Fuente: ABC
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Musa se lanza en plancha sobre un pequeño charco de leche de un biberón. Apenas tiene dos años, unas pequeñas piernas arqueadas y unos enormes ojos vivarachos que atrapan. Simula que nada en el patio de un cortijo en plena Campiña cordobesa. No es el mar que atravesó agarrado por su madre en un auténtico infierno de quince horas. El oleaje de olivos que le rodea ahora no entraña peligro. Juega feliz y ajeno a aquella noche de terror en la que tras cruzar un continente, desde Guinea Conakry hasta Nador, buscaba el horizonte almeriense. Hoy su madre lo contempla entre media sonrisa y un cántico sugerente de otras latitudes. Tejiendo una nueva oportunidad desde su kilómetro cero.

Ellos son dos de los veintidós habitantes de Ödos (que en griego significa «acompañamiento»), el lugar que la fundación cordobesa Emet-Arco Iris levantó en 2011 entre Montilla, La Rambla y Montalbán para tratar adicciones y que hoy alberga un proyecto pionero en toda España: la acogida de mujeres inmigrantes con hijos o embarazadas que acaban de llegar en patera a las costas andaluzas para ayudarles a rehacer sus vidas con calma.

«Ödos es un remanso de paz para cargar las pilas y pensar qué quieren para sus vidas: seguir el camino ointentarlo en España con una vida normal. Con el objetivo de mantener la unidad familiar», relata Auxiliadora Fernández, la directora-gerente de esta fundación surgida en 1983.

La entrada al caserío donde Emet-Arco ha creado un hito kilómetro cero
La entrada al caserío donde Emet-Arco ha creado un hito kilómetro cero - ROLDÁN SERRANO

A la entrada de este caserío, edificado sobre una loma desde la que se puede divisar un imponente paisaje de olivar, han recreado un hito kilométrico cero como símbolo de una idea en la que Emet-Arco Iris llevaba trabajando tres años y que desde abril tomó cuerpo gracias a una importante red de apoyos externos en todas las disciplinas y una experiencia de 35 años, que es la que tiene esta oenegé, pionera también en nuestro país a la hora de tratar a las víctimas de la heroína en los años ochenta.

«El mar, el miedo»

La primera en llegar al centro fue Tina G. B. hace tres meses , una marfileña de 35 años que entró embarazada. Una de tantas mujeres a las que vemos envueltas en mantas saltar de la embarcación de Salvamento Marítimo temblando. La llamada de la Policía Nacional a Auxiliadora fue como un «regalo». El programa en el que decenas de personas venían trabajando de manera discreta se enfrentaba a la realidad. Tina dio a luz en el Hospital de Montilla y tres meses después de haber empezado a contactar, no sin recelo, con los educadores sociales y el equipo técnico «centinela» de este programa ya no quiere viajar hasta Francia, sino buscar trabajo y quedarse a vivir con su hija en España. «Fue muy duro, vi gente morir a mi lado». Son las únicas frases que pronuncia, remisa a dar más pistas cuando se le pregunta por su aventura tras un efusivo saludo. «El mar, el agua, el miedo», sentencia en francés.

«Fue muy duro, vi gente morir a mi lado»

La pauta desde entonces es la misma. La Policía (que desempeña una labor muy importante) da el aviso a Emet-Arco Iris de la presencia de perfiles aptospara que los miembros de esta fundación acudan —normalmente Almería y la costa granadina— al lugar donde acaban de recalar. El Ministerio de Empleo ha de estar al corriente de las personas evacuadas. Cuando llegan a Ödos, las primeras semanas las dedican a descansar e intentar recuperar el desgaste físico y mental. Luego son empadronados y los niños se escolarizan. El Ayuntamiento es la referencia en este sentido. Luego son asistidos en el centro de salud y el hospital de la zona. Viven en habitaciones compartidas aunque se procura que las madres puedan estar a solas con sus hijos.

Tras estos primeros compases, comienzan las clases de español, un aspecto «fundamental», matiza Fernández, y a partir de ahí la participación de las progenitoras en talleres de salud, tareas domésticas o el cuidado de los niños. Asisten, también, a charlas sobre su situación legal y las opciones con las que se topan en ese marco.

El equipo técnico mantiene una reunión
El equipo técnico mantiene una reunión - RÓLDAN SERRANO

Aquí está la clave. El programa de este colectivo ahora mismo cobra sentido en una primera fase en la que «nosotros necesitamos conocer su situación para aportarles la mejor ayuda; y no es fácil que lleguen y se abran a las primeras de cambio», explica Fernández. La segunda fase vendrá si deciden quedarse y emprender una nueva vida, pero pueden marcharse a las pocas semanas de estar en Montilla y seguir la ruta fijada en su cabeza desde que dejaron su tierra. Es entonces cuando se pone en liza una prueba de confianza.

Las causas por las que han alcanzado nuestro país y quieren seguirhacia Francia o el norte de España —la mayor parte— van desde el reagrupamiento familiar, a los problemas económicos o en algunas ocasiones la presión por estar en una red de trata de blancas o huir del maltrato (ablaciones). La ley les otorga tres meses para colaborar con la Policía y describir su situación. «Es lo más difícil», apostilla Auxiliadora Fernández. Según la causa real, así será su curso legal. Pueden acabar requiriendo protección internacional. «Hay que ganarse la confianza mutua y respetar su manera de pensar», describe Cristina, la intérpree que trabaja cada día en el centro.

«Hay que ganarse la confianza mutua y respetar su manera de pensar»

Es por ello que el método de trabajo —en el que participan desde psciólogos a trabajadores sociales o educadores— ha de ser flexible pero continuo (las veinticuatro horas) y sin generar tensiones, aunque siempre reina el buen ambiente. La discreción es tan crucial como que para llegar hasta Ödos no hay señales en el camino, sólo las coordenadas geolocalizadoras que amablemente puedan brindarse. Pese a este «blindaje», a las mujeres se les permite el uso del móvil y la conexión por internet (webcam) con familiares, si los tienen en Europa, o incluso en África. «Sabemos que puede ser un arma de doble filo, pero creemos que es un valor clave en este tiempo de adaptación. No se puede tener prisa con ella, aunque sean muy fuertes y valientes», recalca la responsable de esta fundación.

El perfil más común entre las residentes responde al de unos 35 años, con escasa formación, Camerún, Costa de Marfil y Guinea Conakry como principales nacionalidades, francófonas (no todas), largas temporadas hasta llegar a Marruecos para cruzar hacia España —convertida ya en la puerta principal de acceso a Europa, con récord en Andalucía hasta junio— y muchas reservas con personal ajeno. Los detalles de su singladura van apareciendo con cuentagotas y en cualquier momento de los cerca de dos meses que, más o menos, es el tiempo medio ahora mismo de estancia. Los miles de euros que han pagado (hasta cuatro mil), la convivencia en los bosques de Nador, sus orígenes o la vida de sus parejas que emprendieron primero el camino y aguardan el reencuentro algún día...

Una monitora junto a uno de los niños del centro
Una monitora junto a uno de los niños del centro - RÓLDAN SERRANO

Sin prisa, sin pausa

M. T. tiene 22 añosy un hijo de apenas año y medio. Su viaje se inició en Guinea Cronaki hace cinco meses y ha terminado en el corazón de una verde campiña europea. Recaló en patera con su bebé en Almería. «El camino hasta Marruecos no fue duro, la travesía por el mar, sí», dice apoyándose en la intérprete y pensando mucho sus respuestas. No es capaz de recordar el tiempo exacto que duró la etapa de costa a costa. «Estoy bien aquí», confiesa entre sonrisas, «pero quiero seguir mi camino». Tal vez algún lugar de la Costa Azul sea su destino final.

Hoy el bullicio de los pequeños se hace esperar. Conviven estos calurosos días de verano en un campamento del consistorio montillano. «Lo llevan muy bien y son los que más rápido aprenden el idioma... y es una alegría verles hacer el trasto», comenta Fernández. Pese al periplo vivido, ni las madres ni los pequeños —algunos nacidos en Córdoba— arrastran enfermedadesimportantes a su llegada. Sólo cansancio. Los menores son vacunados y prosiguen la pauta pediátrica en un centro de salud... Y, entre tanto, Musa sigue recorriendo los primeros metros de su nueva vida.