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La mezquita del mar y los imames oscuros

 

  Nombre: Manuel Juliá
Fecha de nacimiento: 15/10/2018
Tipo:

Fuente: El Mundo
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Toda tierra es una mezquita, dice el Hadiz (la palabra de Mahoma), sólo hay que tener una superficie limpia, porque la tierra es sagrada, y una alfombra donde postrar la frente y orientarse hacia La Meca, que es donde duerme la esencia histórica y religiosa del islam. Pero en esta religión, como en el Cristianismo, se construyen puentes hacia el cielo, templos que destacan la majestuosidad de la materia, la capacidad de belleza humana en la transformación de la naturaleza.

Vamos a la mezquita de Benzú, en las afueras de Ceuta. Compite con el mar en vencer la oscuridad del enigma humano. Cuando llegamos, al lado, en un bar, varios jóvenes juegan al dominó. Hay mesas viejas de velador bajo el sombraje. Encima de la barra, en la pared, reina una enorme bandera del Barça. El rito del té abunda en la monotonía de un barrio donde oradores han echado veneno a la convivencia, que en Ceuta transcurre pacífica, al decir de unos y otros.

Mientras el equipo saca los utensilios de grabar y busca las mejores perspectivas, los jóvenes golpean el tablero, se excitan cuando las fichas vencen la zozobra. Algunos hombres mayores ejercen su labor de espectadores ahogando el silencio de la tarde. La paz reina en el entorno adormecida por el monótono sonido de las olas. El mar gris, frente a la mezquita, presagia el inmenso enigma de las cosas del espíritu.

La mezquita lleva el nombre de Ibn Ruchd, Averroes en forma latinizada. Médico, filósofo, matemático cordobés, un gran comentador de Aristóteles. Su obra fue tan poderosa como subversiva. Por esa razón me resulta paradójico que en aquel lugar se hubieran escuchado discursos oscuros, palabras amenazadoras, frases misóginas que convirtieron la paz que ahora reina en una zozobra angustiosa.

El imam Malik Ibn Benaisa dijo en una conferencia, retransmitida por la televisión pública ceutí, que las mujeres que se perfuman y salen de su casa paseándose delante de los hombres son unas fornicadoras. De lozano rostro y pulcra barba de querubín oscuro, Malik lo dijo aquí, en una de las cuatro conferencias que pronunció en diversas mezquitas de Ceuta. En otra la tomó con la cara descubierta de las mujeres, sus zapatos tacón de aguja, sus vaqueros o libre vestimenta. En un Hadiz se dice que Alá maldice a las mujeres que se depilan porque modifican el rostro que él les ha otorgado. Lo curioso del caso es que el líder espiritual denominó a sus charlas Reinas del Islam. En otra fue generoso, pues aunque aclaró que el Corán dice que las mujeres son inferiores al hombre, «ni mucho menos son demonios».

«¡Oh Alá, te pedimos que atemorices a los policías!». La exclamación se escuchó en labios de otro imán, el salafista Tarik Hammudi. De espesa barba, pequeñas gafas ojerosas y extensa gesticulación durante la oratoria, hincó una daga sobre la convivencia en Ceuta. En la sala de oración (haram), sobre el púlpito (minbar), pidió a su dios castigo para las Fuerzas de Seguridad que habían encarcelado a sus hermanos. Pidió a Alá que los atemorizase con un mal en sus hogares, donde menos lo esperasen. Le pidió que les diera su merecido. Hammudi se refería a la detención de ocho sospechosos de pertenecer a la red ceutí de captación de yihadistas para Siria.

Sin despreciar esta clarividente munición, Ana Terradillos entrevista a Mohamed Ali, el presidente de la mezquita de Benzú. «Aquí se han pronunciado discursos incendiarios», le dice sin pensárselo. Mohamed, quizá más cerca de Averroes que de Tarik, descalifica esa oratoria venenosa. No en vano, en el tablón de anuncios ha clavado un folio en el que expresa: «Quien asesine a un no musulmán no sentirá siquiera la fragancia del paraíso». Dice que no permitirá que en su templo alguien hable mal de la Policía o la Justicia. Pero la periodista insiste en saber de dónde vienen los imames de las mezquitas de Ceuta, qué relación tienen con Marruecos, quién les paga.

Mohamed le contesta. Marruecos entrega 500 euros a cada imam. Las cuentas son claras: 42 mezquitas oficiales, tres imames cada una, 500 euros al mes por imam; el cálculo suma 63.000 euros mensuales, 765.000 euros al año. Es lo que Marruecos se gasta en Ceuta en pago a imames.