Trabajos de investigación agrupados por temática
La inmigración permite sostener el crecimiento demográfico

 

  Nombre: María José Moreno
Fecha de nacimiento: 03/12/2021
Tipo:

Fuente: La Verdad
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No es nada raro escuchar a quien comenta: «Los inmigrantes nos quitan el trabajo», pero la realidad es que todos los estudios realizados hasta la fecha no encuentran grandes distorsiones en el mercado laboral español a la hora de absorber los flujos migratorios. De hecho, hay consenso en que los efectos positivos compensan ampliamente los pequeños desajustes que se puedan producir a corto plazo. Según José María Ramos Parreño, profesor del Departamento de Economía, Contabilidad y Finanzas de la Universidad Politécnica de Cartagena, «en términos generales, los efectos de la inmigración sobre los niveles de salarios, empleo o paro de los trabajadores autóctonos son muy reducidos y se limitan solo a algunos segmentos laborales y, además, tienden a ser muy limitados en el tiempo. En cierto sentido, hay un grado de complementariedad entre trabajadores locales e inmigrantes».

- Por otro lado, hay quienes aseguran que hay trabajos que solo realizan los inmigrantes, lo que hace pensar que sin ellos faltaría mano de obra, ¿es cierto que ocurre esto?

-La realidad es que los extranjeros y los españoles no tenemos los mismos puestos de trabajo. Eso sí, a los extranjeros hay que agradecerles que nos «quitan» la necesidad de realizar los trabajos más pesados, o con más carga manual. Como claro ejemplo tenemos el del servicio doméstico, la agricultura o la hostelería. En ese sentido, tendríamos que reconocer la mayor exposición a puestos de trabajo con mayor irregularidad, más precariedad, más inestabilidad, peor remuneración y, en suma, más vulnerables. Esta desigualdad ha evitado los efectos negativos en la población autóctona, pero no puede interpretarse en términos positivos, sino como una falta de integración de la inmigración laboral en el mercado de trabajo español.

«Hay estudios que cuantifican la aportación de la inmigración en cifras entre el 8,6% y el 9,7% del PIB»

- ¿Qué impactos tiene la inmigración para la economía española?

-A nivel global, hay estudios que cuantifican la aportación de la inmigración en cifras entre el 8,6% y el 9,7% del PIB. Hay estudios a nivel regional que indican cifras superiores como el 10,7% (en la Comunidad de Madrid). En términos de tasa de variación del PIB, entre 2002 y 2018 la población extranjera aportó un 19,3% a la tasa anual media de crecimiento del PIB en nuestro país, según un reciente estudio del IVIE (2019). El trabajo inmigrante ha generado importantes efectos económicos en todos los sectores económicos. La metodología 'input-output' utilizada en numerosos estudios indica que el consumo de bienes y servicios de empleados inmigrantes dinamiza muchas actividades. En términos de comercio internacional, en el caso de España, se han hallado también evidencias empíricas de cómo la migración, las remesas y el comercio internacional influyen positivamente en las relaciones comerciales. Algunos estudios también sugieren una relación positiva a largo plazo entre inmigración, innovación, dinamismo económico y productividad.

- ¿Y sobre el mercado de trabajo?

-A grandes rasgos, la contribución de la inmigración al mercado de trabajo en España es netamente positiva. Por ejemplo, en los años del 'boom' inmobiliario (2005-2008), algunos estudios estiman que se crearon de manera directa 1.750.000 empleos entre la población nativa gracias a la incorporación de 2.450.000 trabajadores inmigrantes. Por otro lado, la migración evita el envejecimiento poblacional, aliviando los efectos sobre la economía a través de dos vías. Por un lado, la población recién llegada es más joven que la española, reforzando los tramos medios de la pirámide poblacional, es decir, alivia el deterioro de la población potencialmente activa. Por otro lado, el alivio del envejecimiento se produce por el impacto de la inmigración en la tasa de fertilidad: la mayor juventud relativa de las mujeres eleva la proporción de mujeres en edades fértiles. Finalmente, la incorporación de la mujer inmigrante a las tareas domésticas y de cuidados personales ha permitido una mayor tasa de actividad de la mujer nativa. En cuanto a la población activa, la llegada de población inmigrante joven ha servido para compensar la escasez de mano de obra autóctona en España en los últimos años.

El profesor de la UPCT José María Ramos Parreño. / J.M.Rodríguez/ AGM

Españoles en el extranjero

- ¿Y el hecho de que los españoles vayamos a otros países a trabajar, tiene algún efecto?

-La inmigración no solo permite sostener el crecimiento demográfico, sino que, además, evita el envejecimiento poblacional como ya hemos comentado. Cuando se produce una salida de españoles al extranjero, se agrava el problema demográfico. Es cierto que, en muchos casos, también en el caso de la población activa extranjera, la contracción del empleo puede generar un flujo de retorno o emigración a terceros países de aquellos que pierden su empleo, lo que contribuye a mitigar los efectos agregados sobre el empleo en una fase de crisis. El mayor problema sería la salida de jóvenes altamente cualificados. Hace unos años (hasta 2010) su salida tenía menos que ver con una crisis que con el deseo de encontrar trabajos mejor remunerados, experiencias laborales más interesantes o, simplemente, con el deseo de vivir en otro país. Desde 2011 y como consecuencia de la crisis de 2008, asistimos a la salida de personas con alta cualificación: médicos, enfermeros, arquitectos o ingenieros, aunque en términos relativos España no es uno de los países donde esta situación sea especialmente importante y, tras la recuperación a partir de 2014, no se ha convertido en un problema grave.

«En los años del 'boom' inmobiliario, algunos estudios estiman que se crearon 1.750.000 empleos directos entre la población nativa gracias a la incorporación al trabajo de 2.450.000 inmigrantes»

- ¿Por qué hay quienes eligen España como país al que emigrar cuando las tasas de paro son bastante elevadas?

-La inmigración no comenzó a ser un fenómeno perceptible sino a partir de la transformación estructural de la economía española, y su fase de crecimiento comenzó a finales de la década de 1990 del siglo pasado. Si nos centramos en los años recientes, a lo largo de las últimas dos décadas, la migración neta ha variado de forma significativa, siguiendo una dinámica vinculada al ciclo económico. Entre 2004 y 2008, España recibió un flujo acumulado de 3,7 millones de personas. La crisis de 2008 detuvo este proceso y favoreció la emigración neta entre 2012 y 2014. Aunque pensemos en la inmigración como un fenómeno esencialmente ligado a la búsqueda de oportunidades laborales, en nuestro país existe una cierta inmigración residencial de personas con tasas significativamente bajas de actividad, dada la presencia de una elevada cantidad de personas jubiladas de países europeos. Por otro lado, no debemos olvidar ni la existencia de conflictos violentos en determinadas partes del planeta, ni las situaciones de países donde los derechos humanos no se respetan, que impulsan a las personas a buscar un futuro mejor. En los últimos años estamos siendo testigos, desgraciadamente, de estas situaciones, siendo el último episodio el que se está viviendo en la frontera de Polonia con Bielorrusia, por no hablar de la continua llegada de pateras a nuestras costas, la última de ellas con 8 inmigrantes muertos en ella.

- Los movimientos migratorios son tan antiguos como la propia existencia humana. En su opinión, ¿cómo es posible que no se den de manera más natural y que sean motivo de conflictos?

-Creo que hay que hacer un esfuerzo por trasladar a la población un mensaje claro sobre la inmigración: genera prosperidad en las sociedades receptoras, especialmente a largo plazo. Sin embargo, en una reciente encuesta a nivel europeo (SpecialEurobarometer 469), muchos europeos demostraron tener una percepción errónea sobre el fenómeno migratorio, y sobrestimaron el número de inmigrantes en su país (2,3 veces de media en la UE). También se sobrestima el número de inmigrantes ilegales. Las percepciones erróneas de la población deberían de ser tenidas en cuenta por los gobiernos, de manera que las acciones para lograr una integración más adecuada puedan tener estas percepciones en cuenta. Es hora de hacer llegar a la población mensajes claros y positivos como los recogidos en el informe presentado por el Defensor del Pueblo en 2019, como que «no existe un efecto llamada del Estado del Bienestar», que «los extranjeros no viven de las pensiones: su fuente principal de renta procede del trabajo incluso en mayor medida que en el caso de los españoles» o que «los extranjeros no gozan de preferencia alguna en las pensiones y prestaciones de la Seguridad Social, que no discrimina formalmente, a favor o en contra, por razones de origen». También que «los extranjeros no gozan de ninguna ventaja relativa a la hora de percibir prestaciones por desempleo, que se encuentran asociadas a la trayectoria previa de empleo y cotización». De esta forma, podremos poner nuestra atención en cuestiones verdaderamente importantes como la integración social y laboral del colectivo de inmigrantes.