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España, el descubrimiento de La Mar de Músicas 2021

 

  Nombre: José Fajardo
Fecha: 22/07/2021
Tipo:

Fuente: El Mundo
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Dos chicas ríen y bailan descalzas sobre la acera de una avenida con palmeras en la ciudad de Cartagena. Los ojos cerrados, los brazos al aire. Hasta allí llega la música de Baiuca, un artista gallego que mezcla ritmos de electrónica moderna con la música tradicional de su tierra y que actúa en un recinto al lado en ese mismo momento. Las entradas están agotadas, las dos chicas permanecen en la calle. Y, sin embargo, se las ve disfrutar más que al centenar de personas que sí logró entrar al concierto y está escrupulosamente sentada y con la mascarilla puesta.

Son las paradojas de la era Covid: las medidas de seguridad, tan necesarias, van a la contra del propio espíritu de la música. El ritmo, ahora, se marca con las manos sobre las rodillas, con el traqueteo de los pies, si acaso con las palmas.

La escena sucede en La Mar de Músicas, un festival que estos días (y hasta el 24 de julio) celebra su 26º edición organizado por el Ayuntamiento de Cartagena, en Murcia. Es extrapolable este verano a otros ciclos de música en directo en España que, como éste, no buscan audiencias masivas ni beneficios, sino volver a activar la industria, tan necesaria no sólo para los profesionales sino también para el público.

"Yo lo que quiero es bailar", dice una mujer espontánea por la calle. Es de Cartagena, y lleva desde 1995, cuando ella tenía 12 años y el festival acababa de nacer, sin perderse una sola edición. "Después de este último año tan horrible encerrados en casa volver a escuchar música es emocionante". Lloró este viernes, el primer día de conciertos, pero ansía poder bailar sin sentir ese peligro invisible del virus y la culpa de estar haciendo algo que no debería: quitarse un segundo la mascarilla, levantarse de la silla para abrazar a sus amigas.

"La Mar de Músicas llena Cartagena de vida, de cultura, de color, de mestizaje. Este año llenamos el vaso a la mitad, pero todo volverá", reconoce Eugenio González Cremades, responsable de programación y de prensa del festival, desde donde han priorizado la salud para evitar contagios en esta edición extraordinaria.

Tras recuperar poco a poco la vida cotidiana durante los últimos meses cada nuevo paso es una conquista. El vaso se puede mirar medio lleno o medio vacío: hay quien no contaba con ir a un concierto este verano, pero también quien pensó que ya iba a ser todo normal, como antes. El contacto físico, por el momento, tiene que esperar. Y eso se traduce, en la música, en que hay propuestas que salen más desfavorecidas que otras.

Muñeiras y otros bailes

Baiuca había logrado con mucho trabajo desde que publicó su debut Solpor (Raso Estudio, 2018) trasladar al directo una propuesta cuya base es la electrónica gracias a la colaboración de las pandereteiras y cantaoras Aliboria y el percusionista Xosé Lois Romero. Todo eso pierde fuerza cuando el público no puede moverse de su asiento pese al contagioso poderío de las canciones de su nuevo disco Embruxo.

Nacido en 1990 en el municipio de Catoira (Pontevedra) es uno de los referentes de una nueva escena en España que está renovando la tradición desde una óptica contemporánea, recuperando sonidos de raíz (muñeira, jota, pasodoble, flamenco) para la audiencia más joven.

Tras mirar durante el último cuarto de siglo hacia África y América Latina (en Cartagena han actuado Ali Farka Touré, Salif Keita, Oumou Sangaré, Amadou & Mariam, Totó La Momposina y Armando Manzanero, entre muchos otros) La Mar de Músicas se ha centrado este año, por primera vez, en España. "Se lo debíamos a todos los grupos españoles que lo han pasado tan mal en esta época oscura que nos ha tocado vivir", explican desde la organización.

El cartel ha reunido a una de las más talentosas generaciones de artistas que han surgido en España durante las últimas décadas. Muchos de ellos han surgido (o se han asentado) durante la pandemia y apenas habían podido tocar antes en directo.

La Mar de Músicas se enorgullece de haber sido el puerto de entrada a Europa de nombres míticos de los sonidos periféricos y de haber apostado por nuevos talentos, convirtiéndose en el lugar donde se encumbraron futuras estrellas. Este año ese papel ya es, sin competencia, para Queralt Lahoz, una artista de la periferia de Barcelona que en su música reivindica su origen andaluz y una conexión con Latinoamérica a través del son y el bolero cubanos.

"Tengo por costumbre cumplir metas", canta en De la cueva a los olivos, quizá el himno más incontestable de su debut Pureza (Costa Futuro / Say It Loud, 2021). Queralt Lahoz lleva adentro un volcán, reconoce sin pudor su ambición, sobre el escenario posee el magnetismo de las divas de la época dorada de la música latina y la actitud del hip hop combativo.

La han comparado con Rosalía por su acercamiento al flamenco desde la electrónica de vanguardia o con Mala Rodríguez por su chulería y su mirada transatlántica pero ella prefiere reivindicar a la cordobesa Gatta Catana, una poeta que firmó algunas de las canciones más emocionantes del rap en español antes de morir a los 25 años en 2017.

"No sabéis la suerte que es tener un festival así en vuestra ciudad, no existen muchos que apuesten por las tradiciones como La Mar de Músicas", dice Queralt Lahoz en una reivindicación que se escucha mucho estos días en Cartagena.

Califato 3/4.
Califato 3/4.

Omeguistas y veteranos

Tras años mirándose en el espejo del rock alternativo anglosajón (las guitarras, el ruido, las letras en inglés) desde hace unos años el foco de los nuevos artistas españoles ha empezado a cambiar, tejiendo conexiones con las músicas que llegan de Latinoamérica (el reggaetón, pero también la cumbia o el dembow) y con los migrantes de segunda generación de Marruecos y otros países del Magreb. Al mismo tiempo, en ese cambio de perspectiva, los artistas españoles han vuelto a mirar hacia sus propias tradiciones, buscando un sonido original.

Está el experimento del neo cantaor Niño de Elche (un transgresor de espíritu libertario, que se considera "ex flamenco") junto al grupo icónico del indie Los Planetas, quienes en su proyecto compartido Fuerza Nueva ensanchan la herencia del seminal Omega de Enrique Morente. O la reinvención del sonido andaluz a cargo de Califato 3/4, quienes logran ensamblar todas las músicas que se pueden escuchar durante una noche de juerga en Sevilla: el breaking bass de las raves electrónicas, las guitarras flamencas de los barrios gitanos y hasta las saetas de los pasos de Semana Santa.

Estos días seguirán sonando en La Mar de Músicas otras propuestas jóvenes tan excitantes como las de Rodrigo Cuevas, María José Llergo, Tarta Relena, Israel Fernández, Maria Arnal i Marcel Bagés, Verde Prato y Rigoberta Bandini junto a veteranos como Maria del Mar Bonet y Kiko Veneno, quien a sus 69 años dio una lección la noche del sábado de cómo en el arte, igual que en la vida, no importa la edad sino el espíritu. Sus versos siguen resonando entre las nuevas generaciones: "Dice la gente que siempre se está empezando, que todo vuelve a su fin. Que sólo se muere una vez, yo creo que eso no es así. Se muere uno tantas veces...".