Información discográfica sobre migraciones y piezas musicales
Buika: "Soy un eslabón perdido de la música"

 

  Nombre: Ana Jiménez
Fecha: 29/08/2021
Tipo:

Fuente: Noticias de Navarra
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Cuenta Concha Buika (Palma de Mallorca, 1972) que ella afronta los conciertos con energía y sin guion, "como un toro que sale a la plaza". La cantante, hija de exiliados guineanos, es reflejo de las influencias de múltiples culturas. "No sé que soy, sólo me dedico a practicarlo". asegura la artista, afincada en Miami, (Florida, EEUU), antes de su actuación en Pamplona, como parada de una gira con la que regresa a España.

Afronta este año su gira más ambiciosa y larga hasta la fecha en España, ¿nadie es profeta en su tierra?


–Es verdad que dicen eso, pero siento que he sido profeta en todas las tierras. No me puedo quejar. Esto no es fácil, pero cuando tu sigues luchando, sin hacer ruido aunque te critiquen... Para mí ese ha sido el único secreto: no tener miedo a trabajar.

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Imagino que esa fue la filosofía con la que superó el bache al que cayó hace un tiempo, cuando reconoció haberse quedado sin inspiración.


–Sí, tuve una crisis fea, no sé si por la edad, por el hecho de que nunca había parado desde que empecé, también fui madre... Y luego llegó la pandemia, no había conciertos, todo está cerrado€ Me quedé en shock. Y de repente, mi hijo me dijo: "Mamá, deja la tontería a un lado, que el único objetivo en esta vida es estar tranquila".

Que no es poco.


–Sí, pero el niño tenía razón. A veces los hijos te dan lecciones. Hay que estar tranquila y a partir de ahí, afrontar todo lo que te venga. Y es verdad, porque yo era muy pasional, bohemia, autofestiva€ Y este mundo hoy más que nunca depende de que, por un momento, estemos tranquilos. Parece que se nos ha educado para que vivamos alterados y no es una crítica a nuestros padres, porque ellos lo sufrieron también. Somos víctimas de víctimas y verdugos de verdugos. Se nos ha educado para que nos ofendamos cuando nos hablen, para que lloremos cuando nos dejen... Pero hay que ser proactivo y en vez de estar quejándome todo el día, yo he cogido una filosofía y un pacto de no agresión con mi mente.

Y artísticamente, ¿en qué momento se encuentra?


–Creo que soy un eslabón perdido de la música.

¿Por qué?


–Porque no sé dónde estoy ni me importa. Yo ya no tengo edad para agobios (risas). El 70% de la información de tu éxito a ti te da igual, porque vas a seguir haciendo lo mismo. La necesidad de reconocimientos y de premios es para tu discográfica, para tus jefes... Mientras tú tengas claro que tu corazón es sano y puro y tu mente está limpia, tú sigue, no te preocupes.

Entonces, ¿qué es el éxito para usted?


–La fama es otra cosa, pero el éxito... El lujo no es dormir en una cama de 4.000 euros en un chalet, el lujo es dormir tranquila. Donde sea, pero a pierna suelta (risas). Y levantarse contenta con la vida, eso es un éxito.


Nació en Palma de Mallorca, donde vivían sus padres, exiliados políticos de Guinea Ecuatorial, y se crió en el barrio de Son Gotleu, junto a la comunidad gitana. ¿Cómo le marcó aquello musicalmente?


–Como soy hija de migrantes, mi madre, mis hermanos y yo lo vivíamos todo como una novedad maravillosa. Mi madre venía de su tribu y no entendía de tribus urbanas. Ella no sabía que si los gitanos eran no sé qué, que si los moros no sé cuánto, que si los payos... Se acercaba a todo el mundo desde esa inocencia maravillosa que está muy bien no perder. Yo me crié con las personas a las que no les daba miedo acercarse a mí, porque a mi alrededor había muchas que me sentían como un ser extraño. Que lo entiendo, no pasa nada. El racismo del que estoy hablando está en países donde la gente no está mal de la cabeza, como España, por ejemplo. Pero aprendí a que todas las razas del mundo hacen una raza. De pequeña padecí el racismo y me rebelé y peleé, pero ahora he adquirido una conciencia.

¿En qué sentido?


–Cuando estoy con una persona que actúa de una manera por mi color de piel, sé que estoy frente a alguien que no está equilibrado. No puedo hacerme la tonta, pero tampoco desequilibrarme yo y empezar a pelear. Entiendo que estoy delante de una persona que no está bien y me compadezco de ella. Y obviamente, no me tomo en serio lo que dice.

Tirando de archivo y de hemeroteca, ha llegado a afirmar: "Yo no he cantado flamenco en mi vida". Entonces, ¿qué canta Buika que le ha acercado al Flamenco On Fire?


–Soy un bicho extraño, un ser multiforme con capacidad mutante. Soy un monstruo fruto de las conquistas, pero un monstruo bello. No sé qué soy, sólo me dedico a practicarlo. Y en paz (risas).

Pero junto al pop africano o jazz, el flamenco sí ha sido uno de los géneros a los que se ha acercado a lo largo de su trayectoria, ¿no?


–Sí, me gusta mucho, es una música sincera. Es difícil esa apertura de corazón y de dejar tus secretos ahí, en sus letras. Hay una templanza a la hora de contar tus cosas en este mundo de culpabilidades, donde nos han hecho esconder lo que creíamos que era malo. ¿Y por qué tengo guardar el dolor? Si has hecho algo malo, sé valiente, enfréntalo y di perdóname. Por ejemplo, yo robé. Cuando era chica robé, contaba mentiras... Y aunque lo entiendo, nadie se acercó a decirme: "Tú no eres mentirosa, eres un ser creativo. En vez de contar mentiras, pon estas cosas que te inventas en un cuento, que te puedes ganar pasta con ello y puedes sentirte bien". Las cosas cambian cuando nos tratan diferente. Yo era un saco de culpas, ellos eran como ángeles y yo un medio demonio. Y cuando un ángel me decía: "tú no vas a valer para estudiar", me lo creía.

¿Cuándo cambió todo?


–Cuando el público me aplaudió por primera vez. Ahí dije: o esas personas que dicen que no valgo y que no voy a conseguir nada mienten, o esta gente que tengo delante está loca. Fue el público el que me dijo: "Ven, que tú vales mucho". Y el público, desde el primer día hasta hoy es mi jefe. Por eso hay que ser sincera con ellos, porque te van a recoger.

Así que, en Baluarte, ¿qué vamos a ver?


–Pues no lo sé, porque soy una hoja al viento, soy como un toro que sale a la plaza... Depende del día, soy libre y no traigo miedos al escenario, de si se me olvida una letra, no me sale bien esta canción... Eso sería un peso muy grande. Mi imaginación es muy bestia y yo creo ángeles, pero también puedo crear demonios.