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"Refugiado, la misma palabra lo dice: ¡Necesita ayuda!"

 

  Nombre: Sara Selva
Fecha: 20/08/2017
Tipo:

Fuente: Cadena Ser
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Dolly llegó hace un año y ahora trabaja con CEAR asistiendo a refugiados que llegan a España

"No me lo podía creer, lloré de alegría... Fui corriendo al albergue diciendo: ¡Chicas, me llamaron!". La llamada era de la Comisión Española de Ayuda al Refugiado, le ofrecían un trabajo como Técnico de Intervención Social (TIS) y desde entonces, hace ya casi dos meses, trabaja con ellos ayudando a los refugiados que llegan al centro de CEAR en Getafe. Les asesora, acompaña, escucha... "Llega gente muy vulnerable, no te imaginas cuánto. Al principio lloré mucho, me iba al baño y lloraba y decía: 'ay, pero por qué le está pasando esto a esta pobre mujer o por qué a este señor'. Cada día escuchabas cada caso que decías: Lo mío es tan chiquitito comparado con lo que han vivido estas personas."

Hace un año, Dolly y su familia tomaron la decisión de irse de Venezuela. Vivían en una localidad cercana a Caracas, en Guatire, y allí eran parte del partido Voluntad Popular. "Íbamos a marchas, hacíamos reuniones en casa y no me di cuenta de lo inmiscuidos que estábamos en el partido... Un día, cuando volvíamos de una marcha, pasaron unas camionetas, unas mujeres enfurecidas se bajaron y vinieron hacia mi. Me dieron una paliza que me dejaron en el suelo. Después de eso llegó el temor, me lanzaron piedras a casa y me llegaron amenazas: 'Te vamos a matar, vamos a matar a tus hijos'. Y yo decía: dios mío, no puedo estar así".

Comienza a explicarnos cómo fue el proceso una vez que llegó a España y, al recordar, cambia la expresión de la cara y nos cuenta que no es la primera vez que habla con la Cadena SER. Lo hizo para contar las condiciones en las que vivían en el centro de Barcelona en el que fueron acogidos. El centro era de DIANOVA, una organización que estaba subvencionada por el Gobierno a pesar de haber recibido quejas de ONGs y refugiados. "Por allá nos fue muy mal, no tenían los recursos para una persona refugiada: la alimentación, el acompañamiento, el seguimiento a nivel psicológico, el apoyo moral... Estábamos prácticamente enjaulados en una casa". Dolly tiene tres hijos que por entonces tenían once, cuatro y dos años, cuenta que la alimentación era tan insuficiente que, después de una semana, decidió abandondar el centro y volver a Madrid: "Fui directamente a OAR, a las seis de la mañana, con los niños, las maletas... Pensando que nos podrían ayudar, pero no. La misma palabra lo dice, refugiado: ¡Necesita ayuda!".

Es a eso, precisamente, a lo que se dedica Dolly ahora, a ayudar a los refugiados. Ya lo hacía antes de ser contratada. Cuando conoció CEAR, quiso ser voluntaria. "Como hablo árabe a ellos les venía muy bien, los sirios siempre me buscaban, me tocaban en la puerta y me decían: 'Dolly, puedes hacer el favor de decirle...' Eso me ayudo mucho aquí".

Su trabajo le ha llenado de energía para continuar adelante porque, a pesar de llevar un año aquí, aún no ha recibido respuesta. Aún no le han dicho si aceptan o deniegan su solicitud de asilo. Dolly cuenta que ese tema, los papeles, es el único que no le deja dormir por la noche. En 2016, los venezolanos fueron los que más solicitudes presentaron (3.960). En diciembre de ese año 4.435 estaban pendientes. Hay casos, como el de Dolly, que llevan un año o dos esperando respuesta. "Como refugiada te puedo decir que hemos pasado metas, pero esta, la de los papeles, está lejos".