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Un viaje de amor: Así consiguió Ana meter a un refugiado en España

 

  Nombre: Lucas de la Cal
Fecha: 29/09/2017
Tipo:

Fuente: El Mundo
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Denuncian el "gran fraude" de la UE por incumplir su compromiso en la acogida de refugiados

15 de agosto en Belgrado (Serbia). Ana y Bilal ya tienen todo listo para su escapada a España. El DNI falso, la ruta por los países que atravesarán y el horario de los buses y trenes que deben de alternar para esquivar todos los controles policiales posibles. El proceso de "europeización" de Bilal también ha acabado. En la peluquería le han cortado el pelo y teñido de castaño. Ana le ha depilado las dejas, los brazos y maquillado la cara para aclarar su piel oscura y ocultar las cicatrices de las palizas de los agentes de la frontera. En el Zara de la capital serbia le ha comprado un par de camisas, vaqueros y zapatos. Ya aparentan ser una acomodada pareja de turistas españoles. Aunque Bilal lo tiene muy claro: "Si no lo conseguimos me quito la vida. Ya no puedo más".

26 de septiembre. Valencia. "El amor ha vencido a la hipocresía, a la crueldad y a la inmoralidad. Quiero que mi ejemplo sirva para que otras personas se lancen a acoger refugiados y a burlar un sistema que funciona tan mal", cuenta Ana vía Skpe. A su lado está Bilal, que esta semana va a empezar las clases de castellano a la espera de que le concedan el asilo político y así poder buscar un trabajo.

Ana Isabel Martínez (38 años) es técnico de márketing y ha trabajado en las oficinas de Médicos sin Fronteras en Valencia. Azhar Bilal (29 años) es un ingeniero informático pakistaní que huyó de su país cuando los talibanes asesinaron a su padre, Nazir Hussain, un militar y político famoso por la defensa de los derechos humanos. A Bilal los terroristas le secuestraron y le amenazaron de muerte. Consiguió escapar a Irán. Después pasó por los campamentos de refugiados de Turquía y Bulgaria hasta que llegó a la frontera Serbia, donde conoció a Ana.

Esta no es una historia más de refugiados en el día en el que expira el plazo que España tenía para reubicar como mínimo a 9.323 personas y que no ha cumplido. La Comisión Europea acordó hace dos años con el Gobierno que acogería a 17.337 y sólo han llegado 1.983. Por eso la ONG Oxfam Intermón ha pedido a Europa que actúe en los tribunales contra el ejecutivo de Rajoy.

La historia de Ana y Bilal va más allá de los datos y del interminable drama. Ellos son los protagonistas de un viaje de amor de cuatro días saltándose las leyes escritas y siguiendo sus leyes morales. Desde Belgrado, pasando por Budapest, Viena, Munich, Paris hasta Valencia, donde llegaron el 19 de agosto.

Siete meses antes Ana viajó hasta la frontera entre Serbia y Hungría de la mano de la ONG Acción Planetaria para con un proyecto de cocina con refugiados. En esa zona hay 7.000 personas distribuidos en los campamentos. El 85% son afganos y el resto de Pakistán.

Abusos de las autoridades

Ana y un grupo de voluntarios fueron a llevar comida y ropa a los refugiados que aguardaban en el bosque al salir de la frontera. Encontraron un grupo de seis chicos entre los que estaba Bilal. Dos días después volvieron con medicamentos porque les había llegado la noticia de que la policía húngara había cogido y torturado a los refugiados. "Bilal tenía mordeduras de los perros y todas las costillas rotas", recuerda Ana. "Allí empezó nuestro vínculo especial. Ese día llamé a un amigo médico que me estuvo indicando como curarle. Después mantuvimos el contacto y él me mandaba fotos cada vez que le daban una paliza".

En Abril, Ana volvió en coche para llevar a Bilal hasta unas barracas de Belgrado donde malviven varios refugiados para curarle las heridas. Le habían roto el tobillo. "En Serbia hay un gran silencio mediático. La policía tiene carta blanca para torturarnos. Los chicos se están empezando a suicidar porque no pueden aguantar más", critica Bilal.

"Llega un momento que cuando quieres a alguien te cansas, y pensé que no podía dejar que siguiera viviendo así. Por eso volví en verano con una idea clara. Le dije a Bilal que iba a venir conmigo a España y que planificara la ruta porque en eso es experto", confiesa la valenciana, que había contactado con unos abogados para avisarles de su plan y decirles que movieran a todos los colectivos y plataformas que tenía detrás si les detenían.

En el caso de que saliera mal la podrían haber acusado de tráfico de personas. Nunca les pillaron y llegaron a París justo el día de los atentados de Barcelona. "Tuvimos que organizar de nuevo las rutas y el transporte porque los controles se incrementaron". Aún así consiguieron llegar a Valencia. Desde allí hoy recuerdan el momento más emotivo del viaje. "Fue al llegar a Viena cuando Bilal llamó a su madre y a su hermano. Todos rompieron a llorar. No se podían creer que lo hubiera conseguido. La familia no paró de darme las gracias", cuenta Ana.

La historia de esta pareja tiene un final feliz. No pueden decir lo mismo los miles de refugiados que esperan que después de casi tres años Europa abra de una vez sus puertas.