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Así viven los refugiados durante el estado de alarma

 

  Nombre: Patricia Rosety
Fecha: 16/04/2020
Tipo:

Fuente: Cope
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Intentan vivir el presente con tranquilidad porque no saben lo que va a pasar mañana

Tuvieron que dejar su país por motivos políticos, humanitarios, amenazas o falta de seguridad y desde hace varios meses están en Madrid. Extrañan a los suyos, en especial en una situación como el estado de alarma. Casi todos están solos. Son trece refugiados de distintas nacionalidades, la mayoría latinoamericanos, de Perú, Venezuela y Colombia. También hay marroquíes. Y tienen entre 18 y 45 años. Conviven en una casa de acogida de Cáritas, Santa Mónica y San Agustín, a la que llegaron desde centros de menores, de la campaña contra el frío, de casas de conocidos o incluso fueron contactados en el aeropuerto. Tienen tareas programadas para el mantenimiento de la casa y espacios para el ocio y aprendizaje, con talleres de Biblia o inglés, juegos de mesa, lectura o películas. Y momentos para compartir y conversar.

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Intentan vivir el presente con tranquilidad porque no saben lo que va a pasar mañana

Intentan vivir el presente, con tranquilidad, porque no saben lo que ocurrirá mañana, nos dice Sandra, peruana, de 39 años, que lleva tres meses en nuestro país. Habla de sentimientos y pensamientos encontrados. Extraña la libertad, el trabajo y, sobre todo, a sus cuatro hijos, que se quedaron en Perú. Su relación con los demás es cordial, comparte las actividades en las que se siente cómoda. Le gusta tener sus momentos, quiere tener tiempo para ella.

Mónica es venezolana, tiene 43 años, y llegó a España con su hija hace casi un año. Echa en falta a su familia, en especial a su hijo, que está en Venezuela. Que la convivencia sea lo mejor posible es una de sus intenciones, dice a COPE. En el día a día, además de las actividades compartidas, trata de conocer a los demás y aprender la cultura de sus compañeros porque son de países distintos.

A veces la convivencia no es fácil por lo diferentes que son

Viven momentos buenos, pero también malos. Álvaro, colombiano de 45 años, lleva tres meses en España, y para él, a veces, la convivencia es difícil por los distintos caracteres. Tiene momentos incómodos porque necesita "el cariño de la gente y más comunicación". Añora el calor de su familia. Agradece a Cáritas el apoyo que le ofrece, y reconoce la labor de los voluntarios porque favorecen la convivencia. En este caso el voluntario que vive con ellos es José Antonio, que es el apoyo de todos e intenta que la vida sea de familia. Es voluntario de la Mesa por la Hospitalidad, entidad de la diócesis de Madrid que se ocupa de los refugiados. Álvaro intenta profundizar en su vida espiritual y la Semana Santa le ha ayudado. Ha podido seguir las celebraciones del Papa Francisco por televisión. El Evangelio le ayuda a meditar.

Con mucha tranquilidad vive Félix el confinamiento porque es una situación circunstancial, nos comenta. Es venezolano, tiene 35 años y está en España desde hace tres meses. Al igual que a Álvaro, la Semana Santa le ha ayudado a fortalecer su fe. Reconoce que, en ocasiones, la convivencia no es fácil porque son personas muy diferentes y de distintos países. Hay algún desencuentro, pero los malentendidos se solventan. Lo mejor, dice, es mantener una buena convivencia porque no saben el tiempo que van a tener que estar juntos. Como los demás, extraña a su familia, extraña su casa. El hecho de vivir este confinamiento lejos de los suyos lo hace más duro. Pero esta situación le hace mantenerse fuerte, dice, y lucha para "controlar la emoción, para que no decaiga la parte emocional ". Le afecta tener que haber dejado su país. Estos refugiados, que han pedido asilo, son muy distintos pero están unidos por las dificultades. Eso les ayuda en la convivencia.