INFORMACION SOBRE LAS MIGRACIONES DE ARAGON

«Nadie quiere salir de su país; no es fácil para ninguno de nosotros»

 

  Nombre: M.J.T.
Fecha: 12/10/2020
Tipo:

Fuente: Hoy
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María Elena Santana Calles salió de su Caracas natal con dos bolsos de ropa y un billete de ida y vuelta que le compraron sus hijas (una vive en Austria y otra en Málaga). Antes de embarcar sabía que nunca utilizaría el pasaje de regreso. Pero viajar como turista, cuenta, era la única opción que le permitía salir de su país.

Esta venezolana de 56 años llegó a Cáceres en el verano de 2019 para quedarse. Busca una nueva vida y pone rostro a la situación que, como ella, viven miles de compatriotas, que se han visto obligados a marcharse por la crisis que arrastra su tierra. En Cáceres el número de venezolanos empadronados en la ciudad se ha duplicado en el último año, al pasar de los 71 registrados en 2019 a los 154 de este año.

Licenciada en Administración de Empresas, trabajaba en el Ministerio de Educación. «Mi esposo es cubano y tenía aquí unos amigos de su país. Me vine a Cáceres por ellos. Tenía claro que no quería vivir en Madrid. Venía de una ciudad grande y buscaba tranquilidad», relata. Su primer contacto con Cáceres fue el 4 de agosto de 2019. Comparte piso con dos estudiantes españolas y está matriculada en la Escuela de Bellas Artes Eulogio Blasco. El arte es, asegura, una de sus pasiones.

La situación política de Venezuela, explica, la ha traído hasta aquí. «Hace 20 años mi país cambió. Al principio nos estafaron. Buenísimo aquellos venezolanos que lo percibieron desde un principio. Yo soy una venezolana que no lo percibí. Pero cuando te das cuenta de que vives en una democracia dictatorial, cuando empiezan las carencias y un estado manipula tus alimentos... Necesitas salir. Venezuela está secuestrada. Están pasando hambre. No tenemos luz», describe al tiempo que recuerda el fatídico episodio de la muerte de su madre. Falleció durante un apagón. Estaba en terapia intensiva y las baterías que suministraban energía en el hospital se agotaron. «Un apagón me la quitó; es injusto», se lamenta entre lágrimas.

«Dejé todo: mi casa, mi coche, mi vida...», enumera con la voz quebrada. «Nadie quiere salir de su país, dejando tus arraigos, dejando tu familia, dejando tu historia. No es fácil para ningún inmigrante», admite. «Hay 4,5 millones de venezolanos que hemos emigrado», agrega.

Al llegar a Cáceres solicitó el derecho de asilo humanitario, que le ha sido concedido. En estos momentos está pendiente de que le den el permiso para poder trabajar. Mientras tanto, María Elena ha aprovechado el tiempo para empaparse de la cultura, la gastronomía y las tradiciones de España. Lo ha hecho de la mano de Cáritas, organización para la que se deshace en elogios. También, dice, le han ayudado a buscar piso. «Tiene un personal humano maravilloso».

María Elena tiende la mano a otros inmigrantes recién llegados. Se brinda a ayudarles en su aterrizaje con el bagaje que le da la experiencia. «Doy gracias a Dios. España me ha dado una segunda oportunidad de vida», concluye agradecida por la acogida brindada.