Galería de retratos de migrantes con historias de vida

Serafín Castaño Toribio EMIGRAR A ALEMANIA Un emigrante de los años 60

 

  Nombre:
Fecha de nacimiento: 03/06/2009
Tipo: Retratos
Descripción:

El emigrante

A mis dieciséis años de edad, en aquella época, yo ya empezaba a comprender el motivo de los sinsabores y desafortunados conatos de odio y rencor que después de una guerra los pueblos suelen heredar. Aún recuerdo las vicisitudes que tenían que afrontar y padecer aquellos que por un motivo u otro optaron por simpatizar con un ideal político de sentido opuesto al régimen dictatorial del momento. Tanto es así, que hasta la descendencia familiar del ciudadano que no compartía las mismas ideas sociopolíticas estaba, seriamente, sometida a sufrir el alejamiento de la sociedad. Equivocadamente, se le apartaba de sus derechos y de la más legítima convivencia.

Es conveniente, destacar, también, que el desequilibrio en la balanza cultural en aquella época siempre favorecía al más pudiente.

Respecto a este punto deseo significar, que gracias al esfuerzo y al tesón de mis tutores junto a mi voluntad, pude cursar los primeros estudios. Desde los ocho a los trece años, en el Colegio de los Hermanos Maristas y desde los trece a los dieciocho en el Instituto y Talleres de la Escuela de Orientación y Formación Profesional de Villanueva del Río y Minas (Sevilla).

Todo ello me había de ser muy útil para presentarme a las oposiciones de ingreso, con 18 años, en  la Escuela de aviadores del Ejército del Aire, Cuatro Vientos (Madrid). Y seis meses más tarde, al Batallón de Ferrocarriles 2ª Región (Sevilla). Aunque ambos intentos sólo me sirvieron de frustración, toda vez que la comunicación del resultado  de los exámenes fue tan escueto como político y en los términos siguientes:

"Indispensablemente por diferentes causas no puede ser admitido"

Estaba claro, en aquellos tiempos, las libertades no estaban hechas para los descendientes de aquellos que no comulgasen con piedras de molino, bajo la capa del régimen de la época.

Por tanto, la búsqueda del legítimo porvenir, en el campo laboral, estaba ya definida.

Tras haber fracasado en dos ocasiones, por causas ajenas a mi propia voluntad, casi a final de mis estudios y en plena juventud sólo me quedaba un camino por andar. Marchar del pueblo, una vez terminado el compromiso militar y emigrar a cualquier lugar.

Primero fuí a Madrid donde trabajé en un taller mecánico. Seguidamente, me desplacé a Barcelona donde me ocupé de tareas administrativas en una empresa comercial. En el fondo continuaba sintiendo la necesidad de emigrar dadas las circunstancias sociopolíticas, de aquellos tiempos, que me negaron todos cuantos intentos pude realizar.

Por dicho motivo es por el cual desearía subrayar "El milagro Belga- Alemán" llamado EMIGRACION. Este fenómeno abrió las puertas a Europa, en los años sesenta, y generó una vía de escape hacia el empleo y bienestar de aquellos países que precariamente gozaban del  mismo. Entre ellos nuestra querida ESPAÑA y una gran masa de españoles. En aquél momento la posibilidad de emigrar exigía la tramitación de la documentación a través del Sindicato Vertical, bajo el contrato de trabajo que el régimen de la época tenía establecido con el país demandante de mano de obra. En mi caso fue con el país germano.

Ya han pasado algunos años, casi medio siglo, y aún perdura en mi mente aquella inolvidable odisea que a lo largo de mi vida y durante una década, aproximadamente, en calidad de emigrante español me tocó vivir.

A mi llegada  a la ciudad de Dortmund, el día 31 de Agosto de 1960, tras 32 horas de viaje por ferrocarril, nos alojaron en un local residencial a 9 km de la ciudad en un pueblo llamado Mengede. Pero desde aquél momento todo empezaba a convertirse en un cúmulo de añoranzas por todo lo que había quedado atrás: familia, novia, Patria, amigos, etc. Pero la necesidad imperante, del momento, de alcanzar un puesto de trabajo, tal vez mejor remunerado que en mi propio País, me obligó a permanecer atento a todos los obstáculos que aparecieron. El hecho de vivir en una cultura diferente entre  idiomas y hábitos desconocidos me provocaron serios problemas sociales y psicológicos.

No obstante, y analizando el motivo que en aquella época me obligó a emigrar, n día desperté y me puse a imaginar ser el protagonista. Sin darme cuenta las cosas fueron desarrollándose poco a poco: cambios de empresas, viajes a otras  ciudades, diferentes oficios (mecánico, montador, soldador), nuevos amigos nativos y emigrantes. Paulatinamente, me fui desenvolviendo con el idioma.

Cada una de las situaciones, que con el paso del tiempo se iban sucediendo, me parecían un sueño. Era tan amplia la demanda de mano de obra, que después del primer año de contrato con la empresa JUCHO me fue posible cambiar de trabajo con gran facilidad y trasladarme a otro lugar de Alemania.

Pude trabajar en fábrica y en montaje, una vez superada la prueba a la que era sometido, y como es natural, siempre mejorando el salario. Todo ello me permitía familiarizarme con la "Suerte del Milagro Alemán" que a un amplio número de españoles nos llegó como anillo al dedo. Quizás, muy pocos de los emigrantes sucumbimos al intento de volver al País de origen. En mi caso, todo lo que viví  en Alemania me produjo una sustanciosa recuperación psicológica, social y económica. Tanto es así que a los dos años de estancia pude regresar a España para contraer la más bella responsabilidad, la de casarme con una guapa avulense que conocí en Barcelona y supo esperarme hasta la fecha del acontecimiento, día 11 de octubre de 1962.

Una vez casados volvimos a Dortmund Brackel, a 7 km de la ciudad, donde vivimos en una pequeña habitación hasta que por razones de espacio tuvimos que trasladarnos a otra barriada, Bessfallen.  El 9 de octubre de 1963 vino al mundo nuestro primer retoño (una niña), y dos años más tarde, el 22 de octubre de 1965 nació nuestra segunda y última hija. Este último acontecimiento se dió en Hörde, un  pueblo cercano a la ciudad, y el motivo de nuestro traslado fue que las niñas al hacerse mayores tenían que ir al Kinder Garten.

Por todo ello, considerando el deseo familiar y el nuestro propio empezaba a mostrarse la ilusión de volver a ESPAÑA. Este hecho se consolidó el 18 de Abril 1967, una vez adquirida con nuestros ahorros, una vivienda en Barcelona, donde permaneció alojada la familia mientras yo iba y venía de Alemania. Mientras tanto, y aprovechando el permiso que me concedió la empresa donde trabajaba para acompañar a la familia a España, realicé una prueba de ingreso en la empresa de automóviles SEAT de Barcelona. También me examiné en la Banca Catalana. Ambos empleos eran muy difíciles de ocupar en aquellos tiempos. No obstante, y como poco podían haber cambiado las cosas en tan corto espacio de tiempo, tenía la duda y el temor de que me volviese  a ocurrir lo mismo que en mi juventud, como he expuesto anteriormente. Cada seis meses iba a Alemania y volvía a España para poder ver a mi familia y no perder lo que tanto sacrificio me costó ganar lejos de mi País.

En mi último viaje a ESPAÑA fui sorprendido por la empresa SEAT que me notificó el ingreso en plantilla el 25 de junio de 1969. Casualmente, la Banca Catalana me anunciaba, también, que podía formar parte de su plantilla a partir de la misma fecha. Sin embargo, fue la primera opción la que más me satisfizo  ya que en aquellas fechas era una de las empresas pioneras y prometedoras dentro de la industria del automóvil.

Acerté. La incorporación en SEAT fue para mí y para toda mi familia una de las mayores satisfacciones que la providencia o el destino me tenía guardado. En SEAT, y durante 23 años de servicio, pude cosechar los momentos más gratos de mi vida laboral, y pude  ver realizados cuantos deseos de progreso podía haber soñado.

En ese momento, quedo totalmente convencido de que todas mis penas esfuerzos y desengaños habían sido recompensados.

Antes de finalizar quiero romper una lanza de apoyo a todos aquellos, que como yo, tuvieron que salir de nuestro País en busca de un provenir. No sólo  el emigrante se benefició, el país entero lo hizo, gracias a las aportaciones económicas que entraban en el territorio nacional.

Barcelona, 16 de febrero de 2009.