Testimonios orales de migrantes, historias de vida complementadas con la galería de retratos.
1936- 2011: 75 años de la crónica de la guerra civil en el Alto Aragón de Franz Borkenau

 

  Nombre: Virgilio Ibarz
Fecha de nacimiento: 12/09/2011
Tipo: Testimonios escritos

Fuente: http://www.diariodelaltoaragon.es
URL relacionado: http://www.diariodelaltoaragon.es/SuplementosNoticiasDetalle.aspx?Sup=1&Id=705347

El periodista y sociólogo austríaco Franz Borkenau (1900-1956) se trasladó a España como corresponsal para informar sobre los acontecimientos de la guerra civil. En 1937 se publicó su libro sobre la guerra en la editorial Faber and Faber con el título The Spanish Cockpit, que causó una gran impresión. En 1971 se realizó la primera publicación en castellano en París por Éditions Ruedo Ibérico con el título El reñidero español.

En 2010 la editorial BackList publicó de nuevo El reñidero español, con el prólogo de Gerald Brenan a la edición norteamericana, el artículo de Juan Andrade para Cuadernos de Ruedo Ibérico y las Consideraciones sobre la edición ilustrada de "El reñidero español" de los historiadores María Roig y Fernando Casal.

En esta nueva publicación aparece el excelente trabajo de investigación histórico y fotográfico de Fernando Casal y María Roig. Han seguido los desplazamientos que hizo el autor. En las fotografías que nos presentan han conseguido reproducir los hechos, el ambiente, las impresiones y los análisis realizados por Borkenau. Han descubierto el proceso por el que pasaban los reporteros debidamente identificados: presentación ante los comités, y salvoconductos del comisariado de propaganda, que abrían el paso ante los innumerables controles establecidos a las entradas de los pueblos en la carretera. Han puesto de manifiesto que el día en que Borkenau llegaba a España en tren por Portbou, el 5 de agosto de 1936, también lo hacían dos jóvenes fotógrafos, Gerda Taro y Robert Capa.

Borkenau tenía treinta y seis años cuando llegó a España. Analizaba el ambiente eufórico y radical, los hechos y los personajes. Nos detenemos en el capítulo dedicado a Cataluña y el frente de Aragón. Borkenau expone que el 11 de agosto de 1936, a la una de la tarde, logró salir de Barcelona en dirección al frente de Aragón en un automóvil del Comité Central de Milicias, acompañado por un chófer y un escolta armado. "Los viajeros somos tres: el representante en Barcelona del Paris Flèche, John Cornford, joven comunista británico y yo". Roig y Casal dicen que probablemente el corresponsal del semanario parisino La Flèche era Jean Martin, que se enroló como voluntario en las fuerzas milicianas y resultó herido.

El automóvil de los corresponsales se desplaza durante la tarde y se acercan al frente. Se detienen en Fraga a pasar la noche. En la crónica del 12 de agosto, Borkenau dice que se hospedaron en Fraga en el único hotel que había, donde también estaba hospedado el comandante Farrás, que era el segundo jefe de las milicias que habían salido de Barcelona. El hotel al que hace referencia Borkenau es el Sorolla, que en ese momento estaba situado en el casco histórico de Fraga.

Borkenau explica en su crónica que Fraga estaba justo tras la línea del frente; toda la comida estaba racionada, al igual que el hospedaje. Fue necesaria la intervención directa de Farrás para que los corresponsales extranjeros pudiesen conseguir comida y cama, "luchando contra la enfurecida resistencia del posadero, el cual sufre evidentemente de muchas cuentas sin pagar. Se hizo más accesible cuando comprendió que estábamos dispuestos a pagar nuestras habitaciones".

Borkenau dice que fueron a una taberna del pueblo que estaba llena de payeses, pero no dice de que taberna se trata. La aparición de los tres corresponsales extranjeros en el establecimiento resultó un acontecimiento. Los fragatinos comenzaron enseguida a narrar sus hazañas. "Son en su mayoría anarquistas. Haciendo el significativo gesto de cruzar su garganta con los dedos, un hombre nos dice que han ejecutado en el pueblo a treinta y ocho fascistas".

Borkenau cree que la ejecución de treinta y ocho personas es una fanfarronada. Sin embargo, en una conversación posterior con otros vecinos, esta cifra queda verificada. Muchos de ellos se sienten avergonzados de esta matanza. Dicen que no fueron ellos quienes organizaron la ejecución, sino la columna Durruti, cuando cruzó el pueblo por primera vez.

El 13 de agosto Borkenau y los otros dos corresponsales se trasladan a Sariñena. Borkenau expone que les invitaron a visitar la plaza, donde unos días antes la iglesia había sido quemada. También había habido doce ejecuciones. Entre estas víctimas estaba el notario. Todos los documentos de la notaría estaban siendo quemados en una gran hoguera en el centro de la plaza para que no quedase ninguna evidencia de los derechos de propiedad.

El 14 de agosto el automóvil de los corresponsales de la prensa extranjera llegó a Leciñena. Borkenau comenta que es el lugar donde está la mayor de las dos columnas del POUM (Partido Obrero de Unificación Marxista) establecidas en el frente de Aragón. Los corresponsales fueron recibidos amablemente por el jefe, Grossi, y tuvieron la oportunidad de contemplar lo que sucedía. Borkenau dice que algunos soldados están escondidos tras las rocas, otros han cavado estrechas trincheras, no existen alambradas de púas, y cada piquete tiene una ametralladora camuflada con ramas. No existe el menor indicio de disciplina militar, ni siquiera el menor esfuerzo para organizarse en formación.

El 15 de agosto, cuando regresaban a Barcelona, el coche de los corresponsales llegó a Alcubierre. Borkenau comenta que el pueblo había sido tomado por los comunistas, recapturado después por las tropas franquistas y vuelto a tomar por los milicianos. Según les explicaron a los periodistas, las tropas franquistas, en el momento de su triunfo, habían fusilado a los socialistas y anarquistas más activos, diez en total. Borkenau dice que era más o menos el mismo número de los ejecutados por los milicianos, durante su respectiva ocupación.

John Cornford, el corresponsal inglés, visitó Tardienta, donde las columnas comunistas tenían su cuartel general. Allí oyó una historia terrible y la narró a los otros corresponsales. Borkenau dice que es difícil de creer pero que, sin embargo, parece verdad. Cuando los comunistas tomaron Tardienta y llevaron a cabo la ejecución de varias personas, cayó en sus manos una considerable cantidad de dinero, joyas y otros objetos de valor. Enviaron a Barcelona un camión fuertemente custodiado, cargado con esos objetos, con el fin de entregarlos a las autoridades. Parece que los escoltas sólo llevaban sus documentos personales y ningún papel que certificase su condición de escoltas del tesoro que custodiaban.

En uno de los cruces de carreteras fueron detenidos por la guardia del POUM, se registró el camión, y la explicación de la escolta acerca de su contenido no fue aceptada.

Los escoltas fueron entregados a la siguiente columna del POUM y fusilados sumariamente como ladrones. Para completar el horror, los ataúdes fueron enviados a la columna de los comunistas de Tardienta, donde fueron enterrados solemnemente. Borkenau exclama:"¡Trotsquistas contra estalinistas!" Los corresponsales visitan la columna Durruti y vuelven decepcionados. Borkenau dice que era innegable que habían avanzado más que cualquier otra columna en dirección a Zaragoza, sin preocuparse de ahorrar vidas y confiando en la ilimitada reserva de reclutas que el proletariado anarquista de Barcelona ponía a su disposición. Finalmente el coronel Villalba, en nombre del alto mando, les conminó a que cesaran en el desperdicio de vidas humanas y después de muchas discusiones se pudo convencer a Durruti de no continuar su avance.

Borkenau termina su crónica exponiendo que no puede evitar sentirse escéptico en sus conclusiones. "Habiendo visto el frente, me sorprendo ante la falta de realismo que se aprecia en los cálculos de todos los grupos políticos. Todos se basan en la inminente caída de Zaragoza mientras que, en realidad, nada parece estar más lejos".

El 16 de agosto los periodistas llegaron a Barcelona, a excepción de John Cornford, que se alistó a las milicias comunistas en Leciñena.