Testimonios orales de migrantes, historias de vida complementadas con la galería de retratos.
El caballero templario que manda en el centro de inmigrantes de Ceuta

 

  Nombre: LUCAS DE LA CAL: TAREK ANANOU
Fecha de nacimiento: 17/07/2017
Tipo:

Fuente: El Mundo
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Las reglas de la Orden del Temple decían que sólo los hombres adultos de familias nobles, capaces de defender los lugares santos, podrían ser nombrados caballeros. Para el Maestre José, su amigo, el coronel del Ejército de Tierra Ricardo Espíritu y Navarro, reúne todas esas condiciones: "Representa una figura que se merece todos los honores medievales".

El capítulo templario (ceremonia) del coronel Espíritu se celebró hace un año en la iglesia de Santa María, una ex colegiata en el pueblo turolense de Rubielos de Mora. Ricardo fue investido caballero a manos del Maestre de la asociación templaria de recreación histórica del municipio. Le puso por encima la capa blanca con la cruz patada roja y le entregó la espada de acero sin ningún tipo de ostentación y la limosnera de cuero con la misión de recoger dinero para obras de caridad.

Lejos de este capítulo que parece sacado de un libro de Dan Brown, la figura del coronel Espíritu va mucho más allá. Hasta Afganistán, Kosovo, Bosnia-Herzegovina o Macedonia. Este valenciano de 56 años (15 de junio de 1961, Cuart de Poblet) ha participado en todo tipo de operaciones militares para la OTAN y las Naciones Unidas. En su currículum aparecen misiones de inteligencia y de coordinación entre militares y civiles en zonas de conflicto. Domina cuatro idiomas: inglés, serbio, francés e italiano.

Ahora, Ricardo, marido de Hortensia, una funcionaria de la Agencia Estatal de Administración Tributaria, y padre de ocho hijos, dirige desde mayo del año pasado el Centro de Estancia Temporal de Inmigrantes (CETI) de Ceuta. Un hermético trabajo siempre cuestionado por las asociaciones humanitarias. "El Ministerio de Empleo se debe pensar que un militar es la persona más adecuada para llevar un centro así, pero el director siempre debería ser alguien vinculado al mundo social", critica Maite Pérez, de la Asociación Cardijn, que trabaja con los chicos que saltan la valla fronteriza entre la ciudad autónoma y Marruecos. "La realidad es que Ricardo no lo está haciendo mal porque desde que llegó ha creado un sistema más abierto y menos restrictivo basado en la meritocracia y premiando a los chicos que se portan bien", reconoce Maite.

La vida dentro del CETI suele ser tranquila, teniendo en cuenta que este año se han rozado picos de 1.400 personas acogidas en un centro que no tiene capacidad para más de 512. La Delegación del Gobierno reanudó el jueves las salidas de inmigrantes hacia centros de la península (se marcharon 67 y este año ya han salido 1.342). Hoy en Ceuta hay 560 africanos acogidos. Los problemas de espacio, así como la amalgama de culturas y nacionalidades, hace que en ocasiones haya peleas entre los grupos de argelinos y subsaharianos.

Al coronel Espíritu no le tiembla la mano para impartir castigos a los que se portan mal y no siguen las normas de convivencia y respeto. Las medidas disciplinarias van desde la prohibición de pernoctar una noche fuera del CETI hasta la expulsión durante dos meses del centro. Este tipo de castigos conllevan que los inmigrantes no tengan acceso a un techo, comida o agua. Mientras la comunidad argelina expulsada suele acomodarse en estructuras de edificios abandonados alrededor de la zona portuaria, los subsaharianos (mayoría cameruneses) se esconden en las zonas boscosas que rodean el CETI. Allí tienen su "campamento" con una chabola rodeada de maleza y de fuertes pendientes que dificultan el acceso.

Hace unas semanas, Crónica convivió unos días con ellos. Había 17 jóvenes de Camerún y uno de Costa de Marfil que llevaban 27 días durmiendo en colchones putrefactos por la humedad. Muchos cazan gatos para comer. Otros van al puerto donde se sacan unas monedas (menos de cuatro euros diarios) como gorrillas en los párkings para comprar alguna pieza de fruta, galletas o harina con la que después cocinan una especie de pasta en unos bidones donde hierven el agua que consiguen de un desagüe cercano.

"Nos falta ayuda psicológica"

Entre ellos destaca Jean, un camerunés de 22 años que estudió Filosofía en su país y que saltó la valla de Ceuta el 20 de febrero junto con otros 500 hombres. El salto más masivo en lo que llevamos de año. "Salí de mi casa con 135.000 francos cameruneses (205 euros) y tardé tres meses en cruzar Nigeria y Níger. Cuando llegué a Argelia, tuve que dar clases particulares a niños para poder continuar mi viaje", recuerda Jean. "El problema que hay en el CETI es la falta de ayuda psicológica. Llegamos atormentados y con pesadillas por todo lo que hemos tenido que sufrir para llegar a España".

Los "castigados" coinciden en que necesitan una atención personal para poder curar sus traumas y no ahogarlos en el alcohol -que compran fuera del centro- como hacen habitualmente. Aunque al preguntarles por Ricardo, la mayoría tienen buenas palabras. "Habla mucho con nosotros, baja al patio e intercambiamos opiniones. Es el primer director que hace esas cosas. Además es un defensor de las mujeres internas en el centro, que siempre sufren el acoso de muchos hombres", dicen los chicos refiriéndose en la veintena de mujeres que conviven con ellos y que han sufrido vejaciones de todo tipo. Cuando alguna denuncia estos comportamientos por parte de los hombres, Ricardo enseguida les expulsa sin contemplaciones.

Fred, otro joven camerunés de 24 años que fue expulsado un mes por pelearse con un grupo de argelinos, explica cómo es la vida en la primera parada que hacen de camino a la península. "Durante el día no hay mucho que hacer, por eso hago deporte constantemente para agotarme y así caer rendido por las noches y no dar demasiadas vueltas a la cabeza", explica. "Por las mañanas jugamos un partido de fútbol en la playa que hay justo debajo del centro, después subimos a comer al mediodía, descansamos un rato y bajamos a correr por una zona costera muy concurrida por españoles. Me gusta ese momento, me hace sentir un poco integrado".

Otro chico, Danny (nombre ficticio), 22 años, se queja de las pocas actividades que realizan. "Sueño con Valeria (Balearia es la naviera que les suele llevar cuando dejan el centro por otros de acogida en la península) porque aquí no se puede hacer nada. En el centro hay poco personal, no dan a abasto con todos los que somos".

Entramos en el CETI, donde normalmente no dejan pasar a ningún periodista. El control y las restricciones son estrictas. Por ello el vigilante de seguridad no deja solo al fotógrafo en ningún momento. Y por ello, también, el Ministerio de Empleo no nos deja hablar con el coronel Espíritu.

La realidad para los inmigrantes que no generan problemas es diferente a la de los castigados. Realizan cursos de español y de manualidades impartidos por trabajadores de Cruz Roja. "A las mujeres les dan un taller sobre maquillaje", aseguran los chicos, que duermen en habitaciones con seis literas separados por nacionalidades.

Todos bajo la vigilancia de un coronel del Ejército, de un caballero Templario, con su espada, sus luces y sus sombras.