Testimonios orales de migrantes, historias de vida complementadas con la galería de retratos.
Sin papeles, sin trabajo y sin voz

 

  Nombre: Jordi Subirana
Fecha de nacimiento: 25/12/2017
Tipo:

Fuente: Metrópoli Abierta
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En 2001, la iglesia del Pi de Barcelona vivió un encierro de más de 350 immigrantes para protestar contra la ley de extranjería de José Maria Aznar. La concentración se alargó 48 días. En la provincia de Barcelona, unos 14.000 inmigrantes se pudieron regularizar, pero en las renovaciones posteriores muchos volvieron a quedarse sin documentación. Unos 16 años después, casi nada ha cambiado para ellos. Alrededor de medio millón de extranjeros en Catalunya está sin papeles, sin trabajo y sin voz. 

Coincidiendo con el final de campaña para las elecciones del 21-D, la protesta se repite, aunque a menor escala que en 2001. Una decena de personas se ha encerrado en la iglesia de Santa Anna del Gòtic para reclamar facilidad para empadronarse, poder obtener papeles sin necesidad de disponer de un contrato de trabajo y que no haya que superar dos complicados exámenes --uno sobre temas consitucionales y conocimientos del país y otro de lenguaje-- para obtener la nacionalidad. Eso sí, para examinarse hay que demostrar 10 años legales en España y pagar 400 euros.

Desde el sábado, los inmigrantes sin papeles, de distintas nacionalidades, duermen en este espacio y llevan a cabo un huelga de hambre para llamar la atención de los partidos políticos. Enrique Mosquera, de la plataforma Papers per Tothom, dice que el objetivo es quedarse hasta el 23 de diciembre.  

Colchones en el suelo de la iglesia de Santa Anna
Colchones en el suelo de la iglesia de Santa Anna / JS

El suelo de la sala capitular de Santa Anna, una iglesia del siglo XII, está lleno de colchones azules que se han traído de un gimnasio escolar. Sobre las paredes, hay un viejo calefactor para paliar los efectos del frío, aunque las bajas temperaturas se notan. Agua, zumos y bebidas isotónicas es lo único que toman para evitar caer enfermos. Mosquera dice que algunos está mejor allí que en sus casas, por lo general pisos patera, donde vive un montón de gente, sin las mínimas condiciones.

"LLEGUÉ EN PATERA HACE 10 AÑOS"

Uvie Kelvin Ejukunemi tiene 30 años. "Llegué de Nigeria hace 10 años en patera". Sin papeles y sin trabajo, dice sentirse "decepcionado". Vino buscando una vida mejor y no la ha encontrado. "Si hubiera sabido que estaría así, no hubiera venido", afirma.

En estos años, Ejukunemi ha dispuesto de contrato laboral como montador de muebles de cocina y la documentación en regla un par de años --el requisito es disponer de un año de contrato de 40 horas semanales--, pero el trabajo dura lo que dura, y cuando se acaba estas personas vuelven a la clandestinidad. Ahora lleva cuatro años sin papeles, vive en Santa Coloma y sobrevive de lo que puede.

Tampoco es fácil empadronarse. Para obtener el padrón basta con demostrar que se tiene una residencia fija, pero muy pocos consiguen disponer de un contrato de alquiler, una factura a su nombre o una autorización del propietario de la casa. Las consecuencias son terribles y pueden afectar a derechos básicos como ir al médico o escolarizar a los hijos. 

Un grupo de persones encerrado en la iglesia de Santa Anna / J S
Un grupo de personas encerrado en la iglesia de Sant Anna / J S

Sandra Segovia es chilena y lleva dos años en España sobreviviendo de trabajos en negro. Vive en una habitación alquilada en Badalona. No está empadronada y cuando fue a urgencias al hospital de Badalona, asegura, que tuvo que desembolsar unos 200 euros por una visita. En ocasiones, recibir la atención médica necesaria sin tener que pagar depende de la buena voluntad del facultativo de turno.

A pocos días de las elecciones, habrá que ver qué políticos de renombre se acercan hasta la iglesia de Santa Anna. Seguramente serán pocos o ninguno. Los partidos no llevan esta vez grandes propuestas en sus programas electorales sobre inmigración. En estas autonómicas únicamente hay un tema: seguir moviendo la cola con la independencia o darle carpetazo.  El 21-D, en la iglesia de Santa Anna todo seguirá igual. Nadie saldrá para votar. Aunque una plataforma lo ha reclamado, no pueden.