Testimonios orales de migrantes, historias de vida complementadas con la galería de retratos.
Gays, sin papeles y marroquíes: «Antes nos quemamos vivos que volver»

 

  Nombre: Enriqque Delgado
Fecha de nacimiento: 24/06/2018
Tipo:

Fuente: ABC
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Si vuelven a Marruecos, deportados o por decisión propia, pueden acabar en la cárcel. Los homosexuales allí son delincuentes. En España «sólo» son inmigrantes ilegales, lo que no deja de ser una diferencia cualitativa importante. Mohammed (23 años), Maruan (18) y Selena (25) -este último un joven travesti- no salieron de su país por culpa del hambre o la guerra: sus familias les rechazaron y el Código Penal les acosaba. Ahora Ceuta es su cárcel particular. No tienen permiso para ir más allá de la Ciudad Autónoma y residen en el Centro de Estancia Temporal para Inmigrantes (CETI), donde su situación tampoco es fácil.

Tras los barrotes y verjas del centro hay alrededor de 607 personas, todas sin papeles. Cada una guarda su historia. Algunos saltaron la valla y otros se las ingeniaron para pisar suelo ceutí desde el mar. La inmensa mayoría son africanos y musulmanes, por lo que el encaje de tres gays en esta particular comunidad es harto complicado. Allí, este grupo de tres convive con migrantes de 22 nacionalidades, entre los que predominan los subsaharianos (359) y los argelinos (179). «Salimos de Marruecos y esto es parecido», lamentan los tres marroquíes.

Una tarde como cualquier otra, el improvisado grupo aprovecha el abundante tiempo libre para salir del centro, ubicado en un monte a las afueras de Ceuta, y pasear. Caminan los tres juntos y a primera vista parecen buenos amigos, aunque hace meses ninguno sabía de la existencia de los demás: uno vivía en Tanger, otro en Tetuán y el tercero en Marrakech. Su vínculo es la adversidad, elevada al cubo después de escapar de Marruecos, sufrir el rechazo de sus respectivos seres queridos y ahora sentirse unos parias entre semejantes que, tampoco tienen papeles, pero que les marginan por su orientación sexual.

Para hablar prefieren buscar un lugar discreto. Como dicen, allí «hay mucha gente» y quieren evitar problemas. Sólo Mohammed habla bien castellano y hará las veces de intérprete, a la vez que cuenta su historia, que dista bastante de la arquetípica del inmigrante que llega de África. No tuvo que trepar la valla ni pagar a las mafias por una patera, simplemente enseñó el visado en la frontera después de que el conflicto por su homosexualidad estallara en su casa: «Vine aquí a la feria y unos familiares me vieron con mi pareja».

Sin suerte

No consiguen integrarse en este microuniverso musulmán y quieren salir de allí. Cuentan que llevan internados entre cinco y diez meses, tiempo suficiente para que dos de ellos intentaran fugarse. El objetivo era llegar a la Península de forma ilegal, vía Estrecho, en kayak. «Vimos la muerte», rememoran Mohammed y Selena, quienes al verse superados por el mar tuvieron que hacer una llamada de socorro. Hasta eso lo tenían pensado. Cuentan que llamaron a las Emergencias de Andalucía, confiados en que les trasladarían a suelo peninsular. Una vez allí, ya se buscarían la vida.«Pero tuvimos la mala suerte de que nos encontraron antes los servicios de salvamento de Ceuta y nos devolvieron aquí», recuerdan.

Desde entonces, su plan no pasa por la fuga, sino por buscar una opción más reglada. «Hablamos con la psicóloga y la abogada del centro a ver qué podemos hacer», confirman los tres jóvenes, que sin suerte contemplan cómo otros compañeros que llegaron más tarde que ellos al CETI salen antes para continuar su viaje hacia la Península o, en la mayoría de los casos, hacia Europa. El camino hasta dichos destinos pasa, en muchos casos, por ser derivados a distintos (Centros de Internamiento de Extranjeros) CIEs, donde habitualmente -cuando no hay acuerdo de extradición con el país de origen-, tienen que abrir las puertas a los inmigrantes sobrepasados por los continuos ingresos. Ahí llega su oportunidad, cuando quedan en la calle de manera irregular pero sólo serán extraditados en caso de ser interceptados.

La vuelta a casa, pese a las dificultades, no es una opción para ninguno de los tres. «En Marruecos nos espera la cárcel», insiste Mohammed, justo antes de que Selena dé un paso más: «Antes nos quemamos vivos que volver».