Testimonios orales de migrantes, historias de vida complementadas con la galería de retratos.
Uno de los refugiados del Aquarius: "Me obligaron a violar a menores y animales durante meses"

 

  Nombre: M. Antonia Cantallops
Fecha de nacimiento: 05/08/2018
Tipo:

Fuente: El Mundo
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Son jóvenes y no dudaron en arriesgar sus vidas para salir de sus países de origen en busca de un futuro mejor. Un periplo durísimo y peligroso, que les llevó a cruzar clandestinamente la frontera de varios países y a ser víctimas de mafias que, además de maltratarlos y vejarlos, les obligaron a pagar grandes sumas de un dinero que no tenían. Osman Omran y Japhet Ntouba, dos de los 16 pasajeros del buque Aquarius que acoge el centro de refugiados de Son Rapinya, ofrecieron ayer sus testimonios y su agradecimiento hacia España y Mallorca por haberlos acogido.

«Estoy muy feliz y me gustaría dar las gracias por todo lo que habéis hecho tanto por mí como por todos los integrantes del Aquarius. Sin vosotros estaría muerto en el fondo del mar o tirado en la calle, sin vida y sin sueños. Me habéis arropado y me he sentido como con mi familia y en mi pueblo», aseguró Osman Omran.

Osman tiene 28 años y marchó de Sudán en el abril de 2016 huyendo de la guerra, después de que organizaciones armadas mataran a su padre. Según relata, junto a otras 56 personas, recorrieron el Sáhara durante 14 días hasta llegar a Libia. Exhaustos después de su travesía por el desierto sin beber ni comer, en Libia fueron detenidos y encarcelados.

«De las 57 personas que éramos, 17 murieron en la cárcel. No teníamos prácticamente comida y el agua estaba contaminada. Para salir, tuve que pagar 14.000 dinares que me mandó mi familia, después de vender su casa», apunta. Ya en libertad, empezó a trabajar en Trípoli para el propietario de unos campos. Una experiencia durísima, cuyo relato estremece a cualquiera y que acabó con el joven de nuevo en la cárcel.

«La convivencia con el dueño era muy mala. Me obligó a violar a menores y a animales durante cuatro meses seguidos hasta que de nuevo me metieron en la cárcel durante un mes. Me decían que no trabajaba y hacía cosas malas; que era su esclavo negro. Yo no entendía nada».

Para salir de la cárcel le exigían pagar otros 5.000 dinares, una cantidad que no tenía. Así que, como pudo, se escapó y durante un tiempo estuvo trabajando en Trípoli hasta ahorrar los 5.000 dinares que le permitirían escapar a Europa. En una pequeña barca y junto a otras 119 personas, salieron desde la ciudad de Zuara y tras trece horas en el mar, se quedaron sin combustible. Distintas embarcaciones se cruzaron con ellos hasta que una con bandera de Libia les recogió con la intención de devolverlos a este país. Fue entonces cuando Osman y otros 12 compañeros se lanzaron al mar y fueron recogidos por unas lanchas italianas, que los llevaron al Aquarius.

«Sentí discriminación por parte de Italia pero al subir al Aquarius me quedé tranquilo. Al llegar a Valencia nos acogieron muy bien y también ahora en Mallorca. Lo primero que quiero hacer es aprender el español y quizás retomar mis estudios y rehacer mi vida aquí».

Un padre en manos de la mafia

Por su parte, Japhet Ntouba (26 años) salió de su Camerún natal hace un año para intentar mejorar la situación de precariedad de su familia. Padre de dos hijos de 4 y 6 años, optó por irse a trabajar a Argelia. Para ello, cruzó Nigeria y Níger, donde cayó en manos de una mafia que, en lugar de llevarle hasta Argelia, acabó llevándolo a Libia.

«Nos metieron a 24 personas en un vehículo 4x4. Cuando llevábamos cuatro días de viaje por el desierto, pregunté dónde nos llevaban y empezaron a pegarme y a decirme que me callara si no quería morir. No teníamos agua ni comida y una persona falleció en el camino. Al llegar a Libia, nos metieron en la cárcel», explica Japhet.

En la prisión, estuvieron hacinados en una celda, durmiendo uno encima del otro. En un momento de descuido, el joven consiguió mandar un vídeo y fotografías a sus familiares, quienes iniciaron una recolecta para mandarle el dinero necesario para salir de la cárcel.

Tras trabajar durante ocho meses, consiguió ahorrar lo suficiente para poder cruzar el Mediterráneo y llegar a Europa. Se embarcó en una patera junto a otras 117 personas. Un día después de zarpar, se quedaron sin combustible ni agua y la embarcación empezó a hundirse.

Mientras achicaban el agua de la embarcación, un helicóptero los localizó y les alerto de que un barco iba en camino para rescatarles. Al llegar, la desesperación de algunos pasajeros de la patera unido a que no entendían las indicaciones del equipo de rescate, hicieron que la patera volcara y fallecieron cinco personas. El resto, acabó en el Aquarius. «Me gustaría dar las gracias por esta oportunidad. Quiero aprender castellano y también un oficio con el que ganarme la vida. Rezo para que me den los papeles porque quiero quedarme aquí y, si es posible, traerme a mi familia», concluye Ntouba.