Testimonios orales de migrantes, historias de vida complementadas con la galería de retratos.
España: seis historias de trabajadores en época de pandemia por el coronavirus

 

  Nombre: Rosa Pérez
Fecha de nacimiento: 21/03/2020
Tipo:

Fuente: France24
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En un artículo publicado en 'The Conversation', el sociólogo de la Universidad Complutense de Madrid Pablo Santoro señala que la expansión de la pandemia mostrará cómo "el efecto de la desigualdad social y las diferencias de clase y de capital (…) van a generar consecuencias extremadamente dispares, no solo en tanto que son determinantes sociales de la salud, sino en las formas de enfrentarse a medidas como el cierre de escuelas o el fomento del teletrabajo y el e-learning". 

El teletrabajo fue la primera recomendación en España cuando la expansión del Covid-19 empezó a inquietar a las autoridades. Las ventajas e inconvenientes de no separar el domicilio del lugar de trabajo son una discusión a parte. Lo que es evidente es que no es una alternativa viable para todos los tipos de empleo.

France 24 habló en España con seis empleados de diferentes ámbitos. Estas son sus historias:

*Johana, camarera de un hospital

"Cuando murió el primer paciente, la compañera que acababa de pasar por la habitación no había usado ninguna protección. Teníamos miedo, estaba tensa la cosa". Johana trabaja en un hospital de Madrid, reparte la comida en la planta dedicada a los ingresados por coronavirus. 

Más tarde, en el hospital les explicaron las implicaciones del contagio y les indicaron las medidas necesarias para protegerse. "Dejamos un cubo en la habitación de los pacientes para que tiren los restos de la comida. Debemos evitar todo contacto porque somos nosotras las que manipulamos los alimentos", relata a France 24. 

Johana se cambia antes de entrar a planta, usa mascarillas y guantes no solo para trabajar, sino también para ir y regresar a casa en metro. "Sé que puedo ser portadora, estoy muy concienciada y tengo un niño de 11 años", agrega. Sin embargo, la situación es más delicada para las compañeras que tienen a sus padres a cargo. 

Tras el decreto de estado de Alarma en España, Johana y sus compañeras recibieron una circular en la que "hay una cláusula que indica que en caso de que falte una compañera, por síntomas de coronavirus o lo que sea, tenemos que estar disponibles para acudir a sustituirla, dada la situación de crisis", afirma. 

Personal del Hospital de Igualada (Barcelona) donde, al margen del estado de alerta que vive toda España, permanecen en confinamiento desde el pasado jueves al ser el principal foco de contagio de coronavirus en Cataluña.
Personal del Hospital de Igualada (Barcelona) donde, al margen del estado de alerta que vive toda España, permanecen en confinamiento desde el pasado jueves al ser el principal foco de contagio de coronavirus en Cataluña. © Susanna Saez / EFE

"Como persona migrante veo la situación con otra perspectiva", señala. Hay circunstancias que agravan la expansión de la pandemia en sí: "Tengo amigas que trabajan de internas en una casa a las que les han dicho que si salen, que no vuelvan".

*Juan, trabajador de limpieza

"Preferiría quedarme en casa, pero perdería ciertos ingresos económicos y no sé cómo estará la situación después de esto. A lo mejor me harán falta". El lunes 16 de marzo, Juan recibió una llamada del administrador de una finca, donde suele trabajar los veranos, en el barrio de Salamanca de Madrid, el segundo con mayor renta per cápita de la ciudad. Le pidieron que sustituyera a Jesús, el portero habitual, que con casi 70 años y tres enfermedades respiratorias, está en cuarentena. 

Cada tarde, Juan desinfecta la portería de un edificio de viviendas, oficinas y clínicas privadas. "Solo salgo para ir al trabajo y al volver me ducho inmediatamente", asegura. Le da miedo ser portador del virus y transmitirlo a sus personas cercanas. Él y su hermano son las dos fuentes de ingresos del hogar. Vive con sus dos sobrinos pequeños, de 1 y 3 años, que tras el cierre de las guarderías, pasan el día en casa.  

*Ana, teleoperadora, de baja por síntomas de coronavirus

El primer lunes de estado de alarma, el 16 de marzo, Ana tenía que ir a trabajar. Se levantó con fiebre. "Tuve más miedo de perder el trabajo que de los efectos del virus en mi organismo". Es operadora en un call center situado en el noreste de Madrid donde trabajan alrededor de 1.000 personas. "Yo trabajo para una ETT (empresa de trabajo temporal), me pueden echar cuando quieran y todavía no sé lo que pasará". 

Desde que el coronavirus se convirtió en tema ineludible, perder el empleo se convirtió en su principal miedo. Sin embargo, en el centro de trabajo no había ninguna medida de prevención, explica, más allá de carteles que recuerdan la importancia de lavarse las manos. "Seguíamos compartiendo micros, auriculares, ordenadores", asegura. 

Ana está ahora a la espera de que la llamen para hacerle el test del coronavirus y de si le renovarán el contrato a final de mes. "Desde que empezó el pánico nos dijeron que quizás reducían la plantilla en un 50%. Así que me temo que en mis circunstancias, me iré a la calle", comparte a este medio.

Serigne Mbaye, portavoz del sindicato de manteros y lateros de Madrid

 "Si un español va a hacer la compra y la policía le para, le enseña la documentación. Pero nosotros, ¿qué documentación vamos a mostrar?", pregunta el portavoz del Sindicato de Manteros de Madrid, Serigne Mbaye. Para las personas sin papeles el régimen de excepción es constante y hoy se agrava. Con el decreto del Estado de Alarma, las fuerzas de seguridad han reforzado su despliegue en todo el territorio.

Mbaye explica que para los manteros esta situación es un doble encierro, que implica no poder salir a la calle por salud y tener que quedarse en casa sin recursos . "La venta ambulante da para el día a día nunca nos sobra, de hecho nunca nos basta".

Habla de "crisis de las personas precarias" que afecta al colectivo que representa con una particularidad:  "Por experiencia, para una persona sin papeles los controles de policía en las calles siempre dan miedo".

Para paliar la situación, el Sindicato de Manteros de Madrid acaba de lanzar una campaña de recolección de fondos a través de Twitter. Con lo recogido, quieren aportar bienes de primera necesidad a los compañeros que no osan salir. Personas con papeles como Serigne harán las compras y las repartirán entre los hogares donde el confinamiento toma otra dimensión. 

Alejandro Gil, director de una microempresa 

"Estamos con mucha incertidumbre y mucha ansiedad ante el desconocimiento de cuánto va a durar y de las consecuencias a largo plazo", cuenta Alejandro. Su empresa, Lane Casting, se dedica a seleccionar actores para ficciones, videoclips y anuncios publicitarios. Lane Casting tiene seis empleados en España y tres en Londres. "Estamos observando con mucha curiosidad las medidas que se toman en ambos países", señala. 

Alejandro cuenta que la situación en la sede del Reino Unido es distinta. "Allí seguimos haciendo castings, aunque la actividad ha bajado muchísimo". Su trabajo implica reunir a mucha gente. Actividad difícil de mantener bajo el Estado de Alarma, asume. Explica que es una industria con mucho movimiento: "Hay castings que se hacen en Londres y se graban aquí o en Europa del Este". Funcionamiento que se complica con el cierre de fronteras. Además, aclara que "los rodajes están parados".

Los que están en el Estado español trabajan cada uno en su casa, sobre temas internos, una situación que, asegura, "no podremos sostener demasiado". Confiesa no saber cómo van a pagar los empleados.  Al ser una empresa tan pequeña, la situación les supone un golpe duro, explica el joven empresario. Por otro lado, se reconforta en que "la ventaja de ser una microempresa es que conocemos muy bien la situación de cada uno de nuestros empleados y podemos pensar qué hacer en cada caso". 

Como consecuencia del freno de la actividad económica, decenas de miles de trabajadores se ven afectados por el Expediente de Regulación Temporal de Empleo (ERTE). Planes de despido o reestructuración que en España han aplicado empresas como SEAT, Airbus, Ford, o el grupo Alsea, que posee en España y América Latina, las cadenas Burger King, Starbucks, Domino's Pizza, Foster's Hollywood, entre otras conocidas marcas. 22.000 empleados, entre los cuales José María…

*José María, repartidor de pizza, afectado por el ERTE de Alsea 

 "Somos la vanguardia de la precariedad", sentencia José María, repartidor de Domino's Pizza. El Lunes 16 por la noche, los más de 22.000 trabajadores del Grupo Alsea (el holding propietario de Burger King, Starbucks, Domino's Pizza, y muchas otras.) recibieron un comunicado en que la empresa les informaba que estaban afectados por un ERTE, el mayor de España. "Nuestro salario base es un tercio de jornada, lo demás son horas extras, por lo que vamos a percibir un 70% de un tercio del salario mínimo", explica José María.

José María repartió pizzas hasta el sábado por la noche. Hasta entonces siguió "un protocolo absurdo que no servía para nada", denuncia. "Me sentía muy expuesto. Iba puerta por puerta, sin guantes, ni mascarilla, ni nada". El protocolo consistía en dejar la pizza en el suelo y que el cliente la recogiera, que asegura "también nos abría con cara de miedo". "Lo comentábamos entre los compañeros y nos parecía una irresponsabilidad enorme", recuerda. 

A pesar de que su actividad está permitida bajo la aplicación del estado de alarma, el domingo 15 de marzo, los restaurantes con servicio a domicilio del grupo Alsea pararon la actividad. Según José María, fue por presión de los trabajadores y de las redes sociales. Igual que durante los temporales, cuando la gente debe quedarse en casa, aumentan mucho los pedidos. "La gente empezó a ver que esto era una locura", asegura.  

José María afirma que cuando empezó a hablarse de cierre de comercios, veía a venir el paro: "Con estos grupos empresariales la duda siempre está allí". El problema añadido a la situación de los trabajadores de Alsea es que solo cotizan un tercio de jornada. El resto de tiempo de trabajo son horas extras, por lo que van percibir el 70% (como establece el ERTE) de un tercio del salario mínimo mientras.

Los trabajadores del grupo Alsea en España se están organizando a través de las redes sociales para tejer una respuesta al ERTE más grande de España. "Somos miles en todo el país, no compartimos lugar de trabajo, no podemos hacer una asamblea" , el confinamiento es una dificultad añadida a la organización de la respuesta. Además, acusa a los principales sindicatos, CC.OO. y UGT, de haber firmado el plan con la empresa.

"Distanciamiento social", es la orden repetida por las autoridades. Se cumple en el metro, donde si alguien hablara habría eco. Las personas se miran como si fuera la primera vez que cruzan a alguien de su especie. Las miradas, apartadas de las pantallas, escanéan ahora los co-ocupantes de espacio. Cualquiera es un potencial vector de transmisión. 

"Uno de los efectos más inmediatos en cualquier brote epidémico es la exacerbación –material y simbólica– de la diferenciación social... (entre sanos y enfermos, entre quienes están bien y quienes tienen "patologías previas" o pertenecen a "grupos de riesgo", entre quienes tienen recursos y apoyos y quienes no los tienen, entre "los de aquí" y "los de fuera", etc.)" señala el sociólogo de la Universidad Complutense de Madrid, Pablo Santoro en el artículo de The Conversation. Ante angustiante escenario, Serigne Mbaye recomienda "apoyo mutuo". Acercamiento social, aunque de momento, en sentido figurado.