Testimonios orales de migrantes, historias de vida complementadas con la galería de retratos.
Helena Maleno: «La Policía española violó mucho más mis derechos fundamentales que Marruecos»

 

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Fecha de nacimiento: 31/05/2020
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Fuente: El pueblo de Ceuta
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Ceuta.- Helena Maleno (El Ejido, 1970) es una activista que salva vidas a buscavidas en la Frontera Sur, de aquellos que se juegan la vida al abandonar sus tierras en busca de un lugar mejor donde poder tener un proyecto de futuro. Fue por esta causa por la que la UCRIF decidió encausarla desde España, enviando informes sobre su actividad a la justicia de Marruecos, acusándola de tráfico de personas por dar avisos a Salvamento Marítimo. La Policía española envió a la justicia marroquí en cajas infinidad de conversaciones personales telefónicas suyas, todo tipo de datos personales, en los que aparecían sus amigos, familiares, sus relaciones más íntimas… Finalmente fue absuelta, pero Helena denuncia que ha sido víctima de las cloacas del Estado español.

Pregunta.- Finaliza su proceso judicial con su absolución, un proceso en el que le había encausado España y le ha juzgado Marruecos, pero decide que esto no acaba aquí y escribe este libro…


Respuesta.- Cuando termina todo ya tenía idea de escribir algo porque durante el procedimiento había cosas que no había podido contar y eran cosas muy graves, vinculadas al dossier español, que en una democracia no se puede permitir… Cuando ya termina todo decido escribirlo, pero yo quería que el libro fuese algo más. Uso la primera persona porque creo que la frontera atraviesa el cuerpo, y a mí me lo atravesó con la criminalización, pero también quería contar las historias de otras personas con nombres, apellidos, con amores, con desamores, con sus vidas que habían sido también atravesadas por la frontera durante todos estos años. El libro está contado en presente, desvelo muchas cosas de todo mi procedimiento judicial, de esas cloacas que escoden este procedimiento, y también cuento las vidas de esas personas maravillosas que algunas están, sobrevivieron, y otras desgraciadamente no están.


P.- ¿Siente que le deben una disculpa por todo el sufrimiento que le han causado?


R.- Sí, yo creo que eso se enmarca en la reparación, pero es muy triste porque España no tiene tradición en la reparación, nos pasa con las fosas comunes en la Guerra Civil, nos pasa con las familias… en Ceuta por ejemplo tenéis un ejemplo muy claro, cómo no se les ha dado visados a las familias del Tarajal para venir a ver las tumbas… Yo no esperaba reparación porque España no repara el dolor, pero sí es necesario que alguien pidiera disculpas y que investigara quién hizo ese dossier, porque en él hay muchas sombras, no es un dossier policial al uso, y hay que investigar quién está detrás, si es el Gobierno, saber por qué se hizo y saber si no soy la única activista del Estado español investigada, porque puede haber más dossiers… Es necesario para democratizar porque nadie debe estar fuera del control democrático, ni siquiera la Policía.

P.- ¿En qué momento se dio cuenta de que había comenzado una persecución contra usted?


R.- Es verdad que durante estos años he recibido muchas amenazas. Tengo puesta una denuncia con 34 folios de amenazas por amenazas de muerte o de violaciones… y en esas amenazas muchas veces sindicatos de policías en lugar de atacar en Twitter a estos que estaban amenazando, lo que hacía era cuestionarme en los mismos hilos… entonces ya sentía que nadie me estaba protegiendo, que la propia Policía no me protegía… eso es algo que te pasa cuando defiendes derechos, le pasa a muchas defensoras de otros lugares del mundo, en Ceuta y Melilla hay muchos ejemplos de ello, que necesitan más protección por parte del Estado, pero al contrario, están siempre siendo señaladas por el propio Estado simplemente por hacer un trabajo de solidaridad. Yo sentía que era una situación de riesgo pero cuando recibo la comunicación nunca pensé que iba a estar la Policía española en esta forma. Cuando veo todas las cajas con mis escuchas telefónicas me di cuenta de todo el dinero que había invertido España en perseguirme y ahí dije, ¡madre mía! Es que hay tantas redes criminales que podrían investigar, como por ejemplo en Ceuta… Cuando el juez marroquí me ve ahí y ve tantas cajas con dossiers, me miraba y yo decía 'sí, soy esa' (risas), parecía una criminal, la Pablo Escobar del Mediterráneo (risas). La gente que me conoce sabe que soy súper normal, por lo que me parecía increíble todo este esfuerzo y dinero que habían invertido… Yo creo que quisieron crear un ejemplo ejemplarizante conmigo, quisieron dar miedo al resto de la gente que está defendiendo derechos en frontera. Quisieron decir que si me iban a meter cadena perpetua solo por coger el teléfono y llamar a Salvamento Marítimo el miedo que iban a dar al resto de organizaciones que están trabajando con la infancia migrante, contra la trata, etc., imagínate cómo podrían trabajar las compañeras de Ceuta si solamente por llamar a Salvamento me pudiera caer una cadena perpetua. Por eso hubo tanta solidaridad, porque no solo era una ataque contra mí, era una ataque contra muchos compañeros que están en la frontera de Ceuta y Melilla.

P.- ¿En algún momento de este proceso judicial se le pasó por la cabeza tirar la toalla y dejar su activismo social?


R.- No. Por un lado hablé con mi familia, con mis hijos y les dije 'yo no me quiero ir', porque yo podía haber huido, pero yo les dije que quería afrontar el procedimiento porque soy inocente y porque no solo me lo estoy jugando yo, sino muchas personas y la solidaridad. Por cierto, mis hijos son maravillosos, muy valientes y han sufrido mucho. Mi hijo es más mayor, pero mi niña era muy pequeña en aquellos momentos, estaba en sexto de primaria, y me dijeron 'no mamá, lo que haces es bueno, entonces tira para adelante'. Ahí me armé de valor, tiré para adelante y afronté el proceso porque era necesario. Fue muy duro para mí y para la gente que me quiere. Mi vida cambió por completo porque me llamó el relator defensor de las Naciones Unidas, la ONU empieza a hablar con España y Marruecos, diciendo que yo era una defensora, las organizaciones defensoras de Derechos Humanos empiezan a acompañarme y a arroparme… Decidí seguir adelante porque cuando decides acompañar el tema de Derechos Humanos sabes que hay un riesgo. Podría haber tenido más miedo pero en este caso tiramos hacia adelante. Mi familia fue muy valiente.

P.- Por su testimonio, parece que al final ha salido más fortalecida del proceso que debilitada…


R.- Sí. Miro atrás y pienso que ha merecido la pena. Ha sido muy doloroso, pero pienso que es como la frontera misma. La frontera está llena de dolor pero también está llena de vida y de personas que apuestan por la vida ante esos protocolos que están llenos de muerte. En Ceuta habéis visto las marcas que deja la valla, habéis visto ese poso de odio que deja, que lo único que está escondiendo son los intereses económicos de empresas muy grandes que la ciudadanía no llega ni a ver. Empresas como Indra u otras que se dedican a la venta de armamento… Pero también está la otra parte. En Ceuta tenéis también la otra parte de ejemplos de personas que está luchando por la vida y esta pandemia nos lo ha explicado también, ante una situación de muerte la gente ha respondido con solidaridad y apoyo mutuo, tejiendo redes. Pues esto también pasa en la frontera, es una amenaza. Cruzar una frontera significa la muerte para mucha gente, pero en Ceuta, Melilla, Andalucía, Tánger y Tetuán hay mucha gente que teje solidaridad y eso nos saca muy reforzados. De forma colectiva hemos salido más fuertes del procedimiento.

P.- ¿No tiene la sensación de que el sistema o los poderes son en realidad débiles cuando tienen la necesidad de perseguir a una activista como usted, a una hormiguita?


R.- No creo que sea débil. Lo que creo es que es una tendencia europea. En Europa hay más de 250 casos documentados de personas que defienden derechos que han sido perseguidos en los últimos años. El sistema tiene miedo a la solidaridad, a que la propia ciudadanía se dé cuenta que detrás del racismo, de ese odio, de ese efecto llamada, detrás de todas esas mentiras que nos han contado desde hace tanto tiempo. Los Estados en realidad están mirando por esas grandes empresas y no por la democracia y por los Derechos Humanos.

P.- La gente tiene la sensación de que hay muchas diferencias entre el sistema político y jurídico de Marruecos con el español, pero usted que lo ha vivido desde dentro, ¿cree que en realidad se parecen?


R.- En mi caso lo que puedo decir es que Marruecos respetó mejor mis derechos que España. En mi procedimiento la vulneración de derechos más grande que he sufrido ha sido por parte de España y su Policía, no toda, sino la Policía de control de fronteras, la UCRIF. En Marruecos yo me sentí escuchada por el juez. Era muy difícil para un juez marroquí ya que tenía un dossier de la Policía y yo decía lo contrario. Era muy difícil para ese juez verificar si lo que estaba diciendo la Policía española era cierto o no, porque era la Policía de un Estado democrático. Tuve garantías en Marruecos y los informes policiales marroquíes eran informes policiales, no eran consideraciones morales como las del informe español, donde hay cosas sobre mi vida sentimental, sexual o se habla de que yo tengo una relación con una mujer... se ponen los datos de españoles y se envía a Marruecos. La Policía española no lo pasa por el juez de enlace de la embajada, hay muchas sombras de cómo la Policía gestionó información sobre mí y otras personas españolas. El dossier era horrible. La Policía española violó mucho más mis derechos fundamentales que Marruecos.

P.- Hablando del flujo migratorio en la Frontera Sur, ¿cómo cree que ha cambiado en el país vecino desde que llegó a comienzos del siglo a Marruecos?


R.- Creo que la frontera es ahora más dura que cuando yo llegué. Es una frontera más mortífera. Hay informes que explican la vinculación de empresas de armamentos con el control migratorio y como FRONTEX ha crecido en sus inversiones de forma exponencial y como el control migratorio es uno de los negocios más importantes del mundo en la actualidad, por eso hay cada vez más inversión para las fronteras y cada vez muere más gente. Lo que vemos en esa tendencia es más empresas ganando dinero y más gente muriendo en la frontera. Que estas empresas ganen más dinero hace que las rutas sean más peligrosas. Habréis visto ahora como la ruta del norte está prácticamente cerrada porque está muy militarizada. Las dos rutas que ahora mismo se están usando por parte de los migrantes es la de Las Canarias, que es un peligrosa y en la cual están desapareciendo muchas embarcaciones, y la ruta argelina, con un éxodo de argelinos a Almería en las últimas semanas brutal. Cierran rutas y se abren rutas más peligrosas, que se militarizan. Hay poca transparencia en este aspecto y las políticas de los Gobiernos europeos no obedecen a ideologías, obedecen a lo que van dictando estos intereses económicos.

P.- La población ceutí, a pesar de estar colindando con Marruecos y de convivir a diario con muchos marroquíes, en muchos casos no conoce lo que ocurre al otro lado de la valla, ¿cómo explicaría al pueblo ceutí la actuación de Marruecos para frenar la migración?


R.- Marruecos forma parte de todos esos países de la política europea de externalización de fronteras. Es decir, Europa lleva mucho tiempo dando dinero a terceros países para que frenen a los migrantes. Lo ha hecho con Libia, con Túnez, con Argelia y con Marruecos. Se da un dinero para que se dé una respuesta militar y eso produce redadas en los bosques, controles en las ciudades, incluso produce que aunque los migrantes estén regularizados no les dejen estar en el norte porque están próximos al Estado español y esto tiene un impacto muy grande en los migrantes. Por otro lado, también Marruecos intenta hacer una política de integración de los migrantes. Hizo una regularización en el año 2013, dio mucha documentación a muchas personas migrantes, está trabajando en el acceso a la salud para todos en las regiones de Tetuán y Tánger, las autoridades marroquíes están trabajando con las propias organizaciones marroquíes en esto. Por ejemplo, ocurre con las personas migrantes que cuando mueren, hay mucha sensibilidad en las morgues de Tánger, Tetuán o Nador para identificar a las personas dignamente. Por un lado tienen que responder con políticas duras por parte del Ministerio de Interior y por otro lado la vida sale, al final los migrantes están ahí, hacen su vida, tienen hijos, van al médico, hay que identificar los cuerpos… Es una oportunidad para cualquier ceutí estar entre dos mundos, estar en esa frontera, conocer los dos y apostar por una lectura de Derechos Humanos. Quien vive en Ceuta de espaldas a una realidad que la atraviesa, como son los compañeros marroquíes que cada día llegan a Ceuta a hacer un trabajo, a convivir… es un error y se debería tener más información. Yo creo que los medios de comunicación de Ceuta hacéis un esfuerzo para que esto se haga así, para contar la realidad del otro lado, porque al final es una realidad que está muy cerca, más cerca que la realidad del Estado español.

P.- Por cierto, estos días atrás se producía una devolución en caliente en Ceuta… ¿cree que con la sentencia de Estrasburgo esta práctica ha llegado para quedarse?


R.- Lo que pasó el otro día con la sentencia de Estrasburgo no tiene nada que ver porque estamos hablando de infancia migrante y ese niño debería haber sido protegido. Lo que añade gravedad a esta situación es que una persona que ha estado en una ambulancia en contacto con sanitarios, en contacto con militares, con guardias civiles… estos tres cuerpos son de riesgo para la pandemia y que sea devuelta a Marruecos esta persona eso es de una locura ¡en medio de un estado de alarma! ¡A quién se le ocurre esto! Y luego yo lo que estoy totalmente alucinada es que Marruecos, con las fronteras totalmente cerradas para que no entre nadie de riesgo acepta que reenvíen a una persona que ha estado en contacto con agentes de riesgo ¡es de una irresponsabilidad por parte de los dos Gobiernos terrible! Y una irresponsabilidad de la Guardia Civil tremenda, ¿cómo se puede hacer una devolución en caliente, mover a una persona de un lado al otro de la frontera en un cierre de fronteras durante una pandemia?

P.- Hablando de la tragedia del Tarajal, a los agentes de los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado que trabajan en frontera que entienden que la investigación de estos hechos ocurridos en la frontera como un ataque contra su función y su desempeño y no en el marco de la defensa de los Derechos Humanos, ¿qué les diría? 


R.- Pues que se lo expliquen cara a cara a los padres y madres de esas víctimas. Nada justifica que murieran personas. Nada justifica que utilicen determinadas prácticas en situación de riesgo, se tenían que haber activado servicios de rescate y de socorro y no usar material antidisturbios. Yo pienso o quiero creer que no todos piensan lo mismo. Dentro de los guardias civiles tienen que decir eso para defenderse pero yo he escuchado las comunicaciones por walkie talkie que tuvieron los guardias civiles y a algunos les tiembla la voz, se les rompe la voz pidiéndole al jefe que 'reactive el servicio de los GEAS porque hay cuerpos' y es entonces cuando el jefe le dice 'ya se encarga Marruecos'. Yo quiero creer que eso es lo que tienen que decir para defenderse pero creo que en sus adentros entienden que en esa situación se tenía que haber activado servicios de socorro y rescate porque somos un Estado democrático, no se justifica el control del territorio atentando contra el derecho a la vida.

P.- Por tanto, ¿es usted optimista a la hora de reciclar de alguna manera la función de la Policía y la Guardia Civil y que podría enfocarse más hacia la defensa de los Derechos Humanos en la frontera y a salvaguardar vidas o es una tarea difícil?

R.- Claro que sí. La formación en derechos de los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado en una democracia tiene que estar presente. Tienen que saber de esto porque esto es lo que nos refuerza como democracia. ¿Es un trabajo complicado el que hacen los agentes en frontera? Seguramente, pero hay que reforzar los conocimientos de esos agentes y que haya unas directrices claras de respeto a los Derechos Humanos. Lo que pasa es que no hay voluntad política de hacerlo, porque las políticas están dirigidas por ese negocio tan importante de control del movimiento. Al final los agentes se convierten en peones de ese control de negocio y no en personas que están representando a la democracia de España