Testimonios orales de migrantes, historias de vida complementadas con la galería de retratos.
Retrotraer Albelda en el tiempo

 

  Nombre: Ovidio GRACIA ABARCA
Fecha de nacimiento: 22/09/2008
Tipo: Enlaces

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Leo emocionado en mi diario AltoAragón, “La gran fiesta de la siega y de la trilla en Albelda”, y me hace retroceder 71 años exactamente, cuando en 1937 recalamos en ese pintoresco pueblo e La Litera, evacuados forzosamente del frente de Sabiñánigo-Biescas. Los recuerdos hoy me parecen tan cercanos que la nostalgia de aquellas fechas me trae a la memoria la acogida que nos dispensaron a los “refuchats” de la incivil guerra del 36, vagando como carrilanos por el mundo, sin una meta definida, por lo que el primer contacto era discutible para unos u otros, con resentimiento reprimido al aislarnos de nuestros hogares, difícil de entender y obligados a convivir entre desconocidos, pensando siempre que la culpa es de otros.

Obviamente, en Albelda las familias de Vicente Sancho, Purroy, Biendicho, etcétera, pronto nos tendieron esa mano humanitaria que siempre espera el emigrante que llega con la amargura del café sin azúcar junto a los comités de CNT-FAI-AIT-POU-FETE y un poco UGT (aunque estos pintaban muy poco...) nos facilitaron bonos de papel para tener acceso a peluquería y cooperativa alimentaria, con la obligatoriedad de sellar el vale y estar afiliados a las Juventudes Libertarias cantando la Internacional aupando a los pobres del mundo y los mayores trabajando en colectividad en grupos de 500-1.000 personas, dirigidas por capataces anarquistas sin cualificar, amén de ciertos enchufados en comercios, almacenes o administración, que eran éstos los que vivían como marajás, donde se entendía que todos éramos iguales...

Esto que cuento no son fábulas de buenos y malos, son mis vivencias reales a los 12 años, aunque estas cosas, como tantas otras, para el que no las ha vivido, no han existido...

Nuestras incursiones futboleras de juventud nos llevaron a Tamarite de Litera, Alfarraz, Altorricón, rivales que a veces incluso jugábamos en medio de bombardeos, teniendo como norte el “cuerpo a tierra” y a reanudar partido tras la tormenta...

El pueblo de Albelda en su mayoría tuvo un comportamiento ejemplar en casi todos los actos reconociendo que llegábamos a sus tierras por causas de fuerza mayor, algo de lo que siempre estaremos agradecidos, aunque de críos y como cosa propia de esto, el cincuenta por ciento de las veces acabábamos a guantazos por aquello de considerarnos diferentes. Problemas de juventud sabedores que esta enfermedad se cura con el tiempo.

Recuerdo que lo que más nos impactaba eran aquellas milicianas con los pantalones ajustados, pañuelo rojo y negro al cuello y pistola en cinto, cantando las vivas a CNT-FAI con sus banderas internacionales de Durruti y Ascaso, descansando del frente de Huesca y del Ebro y ofreciéndonos comida de sus opíparos (para los tiempos que corrían) banquetes.

Los jóvenes chavales nos contagiábamos de la buena atmósfera que se respiraba para saciar el hambre adorando a aquellos demonios con rasgos encomiables de humildad.

Jóvenes: ¡No a las guerras!

El mundo entero tiene la ironía de proclamar a gritos por la paz, pero pasando antes por pequeñas guerras que toleramos todos, en alguna medida, aun sabedores que sólo traerán horror y muerte provocadas por cuatro iluminados que en nombre de los pueblos se arrogan derechos autoritarios ofreciendo paraísos artificiales a medida de sus egoísmos particulares, y extendiendo sus tentáculos a todo donde lleguen.

Viendo la historia de Albelda de cómo los mayores muestran a sus hijos tradiciones del pasado, manejo de aperos de agricultura, artesanía, costumbres milenarias, no se puede por menos que admirar una zona afortunada por sus cosechas, sus huertas regadas por el canal de Aragón y Cataluña desde hace un siglo, su estilo de vida y su riqueza merece el reconocimiento de la sociedad dando ejemplo al mundo entero.
Desde Madrid, desde mi longevidad y con el grato recuerdo de Albelda, les saluda respetuosamente un oscense agradecido en el tiempo.

Ovidio GRACIA ABARCA