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15 de Julio 2008
Rubalcaba viaja a Marruecos para tapar la nueva vía de inmigración a España


El ministro del Interior se encontrará con una comisión marroquí encabezada por su homólogo, Chakib Benmusa. El Gobierno de Madrid está dispuesto a brindar apoyo logístico y material a las autoridades de Rabat para que impidan la partida de más pateras desde los puertos de Nador y Alhucemas, o desde cabo de Ras Kebdana, donde los servicios de Inteligencia españoles aseguran que las mafias del tráfico de seres humanos han establecido desde principio de año sus bases.

Esta ruta, explicaron responsables de la lucha contra la inmigración de la Guardia Civil, en realidad no es nueva. Ya fue muy utilizada por las mafias a finales de la década de los noventa, cuando el Sistema de Vigilancia Exterior (SIVE) blindó las aguas del Estrecho de Gibraltar. Los expertos del instituto armado aseguran que esta ruta, que parecía abandonada desde que en 2005 se abriera la vía hacía Canarias, se ha retomado en los últimos meses ante la presión policial en el Atlántico, donde los barcos hispano-senegaleses e hispano-mauritanos patrullan noche y día para evitar que nuevos cayucos se lancen al océano con destino al archipiélago.

Delicada situación


El Gobierno español está especialmente preocupado por la situación en el este del litoral marroquí, ya que varios informes del Centro Nacional de Inteligencia (CNI) han alertado en mayo y junio sobre la delicada situación en esa zona. En esa región, según las organizaciones sociales, puede haber varios miles de subsaharianos (entre 4.000 y 6.000) a la espera de dar el salto a la península y arriesgarse a cruzar las 80 ó 100 millas náuticas de travesía por el Mar de Alborán hasta alcanzar las costas de Andalucía oriental. Un trayecto alejado de las vías comerciales en un área que, a pesar del verano, ha sufrido varios temporales en las últimas semanas.

Interior también está dispuesto a ofrecer ayuda a las fuerzas policiales y militares de Marruecos para intentar impermeabilizar la frontera norte con Argelia, la penúltima escala de nigerianos, senegaleses, malienses, gambianos, chadianos e, incluso, sudaneses antes de llegar a los puertos de partida.

Miles de subsaharianos se esconden en los bosques de las inmediaciones de las poblaciones argelinas de Bab El Assa y Maghnia, cercanas a la frontera (cerrada desde 1994), para saltar a Oujda. Esta ciudad marroquí, donde la pasada semana se reunió el presidente Rodríguez Zapatero con el rey Mohamed VI, se ha convertido en los últimos meses en el feudo de las mafias de la inmigración, que desde allí organizan los viajes en las atestadas pateras que zarpan de Nador o Alhucemas, o coordinan las avalanchas de subsaharianos en la valla de Melilla, distante sólo 150 kilómetros, como los dos asaltos al perímetro de la ciudad autónoma registrados a finales de junio.

El Gobierno quiere que la visita de la pasada semana de Rodríguez Zapatero y el viaje de Pérez Rubalcaba este miércoles sean los dos primeros eslabones de una ofensiva diplomática más amplia para frenar esta nueva oleada de inmigración irregular desde una zona que se creía controlada. En breve también se desplazarán a Marruecos los ministros de Trabajo e Inmigración, Celestino Corbacho; Medioambiente y Medio Rural y Marino, Elena Espinosa, y el titular de Exteriores, Miguel Ángel Moratinos

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