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08 de Julio 2008
El PSOE y el PP se empujan hacia los extremos


El PSOE quiere ver de nuevo al PP aislado con su perfil más montaraz y cree haber encontrado el camino con las propuestas sociales que aprobó su XXXVII Congreso, ante las que el partido opositor tiene difícil llegar a un consenso. Aborto, eutanasia, plurilingüismo o relaciones con la Iglesia son asuntos en los que los populares no pueden llegar a acercamientos debido a que generarían reticencias en sus bases. El PP contraatacó con el argumento de que los socialistas han dado un giro en su radicalismo izquierdista al incorporar a su discurso temas que no interesan a la sociedad.

La dirección del PSOE no había previsto debatir sobre eutanasia, aborto o un cambio en las relaciones con la Iglesia. No entraba dentro de sus planes que estos asuntos centraran el cónclave, pero así fue. La militancia acabó proporcionando a los líderes del partido los ingredientes que necesitaban para salir del letargo al que se entregaron tras la victoria electoral. Los estudios postelectorales encargados por el ahora vicesecretario general, José Blanco, indicaban que el PP había sido capaz de poner un pie en el centro al rebajar el tono bronco de la legislatura con su discurso sobre inmigración y economía. Y los socialistas pensaron que ese era el terreno en el que tendrían que combatir.

El empeño de las bases en hablar de otras cuestiones llegó como agua de mayo. Justo en plena soledad del Ejecutivo en la Cámara Baja por su gestión de la crisis. La cuestión era lograr que el debate no se desmadrara para que nadie pudiera encajonar al partido en la izquierda, pero el férreo control del 'aparato' dirigido por Blanco permitió llegar a los debates en comisión con los los debates encauzados.

En nada -quizá solo en el aborto- se ha ido un paso más allá de lo que estaba dispuesto a asumir el Ejecutivo. Todo ha contado con la supervisión, no solo de José Luis Rodríguez Zapatero, sino de la vicepresidenta primera, María Teresa Fernández de la Vega. Ahora, el PSOE tiene materia para, en palabras de uno de los nuevos miembros de la Ejecutiva, "poner a prueba el centrismo del que presume Mariano Rajoy".

En la línea europea

El presidente se encargó de subrayar, tras la primera reunión con su nuevo equipo, que ni el derecho a una muerte digna ni la laicidad ni el voto inmigrante son debates propios de radicales. "Estamos hablando de cuestiones que están resueltas desde hace años en países europeos y que, en muchas casos, son defendidas por partidos del centro derecha". El argumento le permitió además defender que su partido abandera siempre los cambios en España, extiende derechos y es la "fuerza modernizadora" que sabe recoger los deseos de los ciudadanos. "La sociedad española ha cambiado, se ha europeizado y se ha modernizado bastante más que algunos políticos y comentaristas", dijo.

La dirección del PP, en su primera reunión ordinaria tras el congreso de Valencia, mantuvo un intenso debate sobre la estrategia a seguir para superar la encerrona que, según su análisis, pretende tenderles el PSOE. Creen que los socialistas quieren huir de la crisis económica a través de debates políticos con los que arrinconar al PP en la derecha. Por su parte, Rajoy dejó muy claro a los suyos que su objetivo prioritario será la economía, las dificultades de las familias para hacer frente al paro, el pago de hipotecas y la carestía de la vida, y los problemas de las pequeñas y medianas empresas para superar situaciones críticas de falta de financiación y costes elevados.

El líder del PP cree que el cónclave de sus adversarios políticos "solo ha aportado radicalización" y vio a los socialistas "de espaldas a los españoles y sus problemas". Les reprochó que no discutieran sobre la pérdida de empleo o las dificultades económicas y denunció que "dio la impresión de un congreso de un partido que vive en otro país".

Mientras, los debates internos han vuelto a resurgir de la mano de Aleix Vidal-Quadras. En el congreso se confrontaron las recetas de los defensores de las esencias a ultranza y de quienes prefieren mayor flexibilidad y poder así captar votos en los caladeros del centro. Vidal-Qadras puso de nuevo sobre la mesa la misma disyuntiva a la hora de afrontar las discusiones políticas sobre eutanasia, aborto o laicidad y solo contó con Miguel Ángel Cortés a su favor. Los restantes intervinientes no se pronunciaron expresamente, pero todos asumieron la estrategia dictada por Rajoy, quien estableció que el PP no se distraerá con asuntos que no sean la crisis.

La inmigración también entró de lleno en la agenda de los populares, que se mostraron partidarios de que voten los residentes extranjeros en determinadas condiciones y Rajoy recordó que este extremo forma parte del acuerdo para una política de Estado que se propone llevar a la Moncloa cuando le cite el presidente. También quiere acordar la reforma de la Justicia, una nueva reunión del pacto de Toledo sobre pensiones y la puesta en marcha de las negociaciones para reformar la financiación autonómica y municipal.



Fuente: Heraldo Digital
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