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06 de Junio 2008
Emigrantes aragoneses a Guinea



En este siglo los inmigrantes multiplican la población en Aragón, pero en el XX los aragoneses emigraban en masa. El desastre del 98 en España con la pérdida de las colonias coincidió con la marcha de Mariano Mora, de casa Castán de Chía (Huesca), hacia Guinea Ecuatorial. Tenía que viajar a caballo hasta Graus porque no había ni carreteras, y luego se montaba en una tartana que tardaba tres días hasta Barcelona. Escapó de la miseria porque la leyenda cuenta que, cuando araba el campo con los bueyes, una piedra se cruzó en el camino y rompió el arado. Subió al barco en la Ciudad Condal hacia África en busca de un horizonte. Tardó casi un mes para llegar a Santa Isabel, la capital guineana, hoy Malabo, y lo encontró.

Mora fue el pionero de los emigrantes altoaragoneses que hicieron fortuna en la colonia africana a comienzos del siglo XX con el cacao y el café. El chistavino pidió 50 pesetas de préstamo para dejar el huerto y los bueyes a cambio del pujante cultivo del cacao, "el oro negro". Abrió un camino que siguieron unos 120 ribagorzanos (la mitad de Chía), cuyas historias y testimonios han sido investigados y recopilados por tres aragoneses que, aunque residen en Barcelona y Huelva (también emigraron y rondan los 50 años), se presentan por sus orígenes de la provincia de Huesca: José María Mur, de Casa Pelos de Benasque; José Manuel Brunet, de Casa Pagán de Villanova; y José Luis Cosculluela, de Casa Añica de Morillo de Liena.

Emprendedores de la Ribagorza


Es el proyecto "Guinea en patués", elaborado en los últimos cinco años, que nació del premio Villa de Benasque de investigación, incluye un libro (en patués y castellano) y un documental grabado en deuvedé el año pasado en Aragón y África durante la Semana Santa. "El viaje a Guinea fue fundamental porque es un Tercer Mundo diferente. Le dio un revolcón al libro. Allí se entendían en 'spanglish' y el hombre blanco tenía una consideración especial porque les llamaban 'gran masa' o 'big masa' a los jefes. Tenía 250 braceros a su cargo. Estuvimos en la finca Sampaka, la más emblemática del país, que en su día visitó el presidente Felipe González y la ministra de Asuntos Exteriores, Ana Palacio", explica José Luis Cosculluela.

El trabajo ha sido editado por la Diputación Provincial de Huesca. Algunos ancianos entrevistados (de 80 y 90 años) para el trabajo han fallecido, aunque las presentaciones en Benasque y Chía hace dos semanas fueron casi multitudinarias, con más de 200 personas, porque todos tenían un familiar en Guinea. "Es un homenaje a los emigrantes", coinciden Cosculluela y Brunet.

Mientras el regeneracionismo de Joaquín Costa intentaba ayudar a España para superar la crisis de identidad, los emprendedores altoaragoneses buscaban abrir rutas comerciales en África occidental de la mano de los claretianos, que conocieron en el seminario de Barbastro. Esa congregación religiosa, que guarda con sigilo su archivo histórico en el convento del Pueyo de Barbastro, "se hizo fuerte" en Guinea respecto a los jesuitas, según apunta José María Brunet.

"Mariano Mora empezó a llevar la finca Sampaka con un canario, y la empresa se llamaba Pérez-Mora hasta que se independizó. Estaba curtido en el frío y el hambre; era muy trabajador, sensato y con gran don de gentes, según contaba el periódico 'La Guinea Española'. Murió en 1917, cuatro años después de casarse con Antoñita Llorens, de familia de abolengo en Barcelona. Para entonces ya habían viajado sus sobrinos Joaquín y Jesús Mallo (hacia 1908) que montaron la gran sociedad", detalla Brunet.

La emigración a la calurosa Guinea tenía sus peligros porque se contraían enfermedades tropicales, que fueron el motivo de la muerte de Mariano Mora. Los altoaragoneses iban a trabajar dos años y descansaban seis meses. La siembra del pionero fue recogida por sus sobrinos. El industrial Joaquín Mallo ya era en 1918 el alcalde de Santa Isabel (presidente del Consejo de Vecinos), desempeñó la presidencia de la Cámara de Comercio y hasta la delegación de la Cámara Agraria de Fernando Poo en Barcelona. No sólo hizo mucho dinero, sino una carrera política como diputado a las Cortes por Huesca en 1931, y permaneció en tres legislaturas por el Partido Radical y Unión Republicana. "Consiguió que se hiciera antes la carretera Castejón-Chía que Castejón-Benasque", precisa Brunet para medir las diferencias que suponía tener diputados con influencia en la capital. "Los Mallo tuvieron poder económico y político".

Aunque el origen de los emigrantes fue Ribagorza, especialmente de Chía, siguieron vecinos de otros pueblos, como Bisaurri, Barbaruens, Santa Liestra o La Fueva. "Hubo uno de Torres del Obispo que bajó a Guinea y apenas duró una semana porque murió de enfermedad temporal, otro de Chía, Agapito Mora, falleció a los tres meses", enumera Cosculluela alguna de las víctimas. "Los emigrantes de Campo o Graus fueron del último colectivo que fue al negocio de la madera en los 60, cuando llegó el golpe de Estado de Macías y ya no hicieron las mismas fortunas", agrega Brunet.

El cacao sustituyó al negocio de esclavos a comienzos del siglo XX y sirvió a los emprendedores altoaragoneses para huir de la pobreza. La Guinea del siglo XXI que preside Teodoro Obiang Nguema es la tercera productora de petróleo de África, aunque quienes explotan su riqueza son petrolíferas norteamericanas



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