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10 de Junio 2008
Guillermo Muñoz Vera reivindica la pintura realista en Cajalón



Guillermo Muñoz Vera solo tiene pelos en los pinceles, que no en la lengua. Este chileno, que lleva tres décadas afincado en España, lo mismo agradece a Cajalón que haya organizado en su sede zaragozana una exposición con sus obras que aprovecha para dar un varapalo a los organizadores de la Expo. "Estuve visitando la web y no encontré cómo presentar un proyecto cultural, es un comportamiento un poco opaco", se queja.

Y si en sus palabras lo cortés no quita lo valiente, en su pintura la belleza del paisaje no obstaculiza la preocupación por los temas sociales. "La pintura no tiene por qué ser un panfleto, siguiendo unas normas estéticas se pueden expresar sutilmente conceptos e ideas, pero la pintura no debe ser un cartel o una octavilla", explica Muñoz Vera, y agrega que "uno tiene que interpretar la realidad social, se queda corto si sigue pintando el bodegoncito en el taller".

El artista chileno, que ya tuvo ocasión de mostrar parte de su obra en Zaragoza en 1993, regresa con un compendio de óleos unidos por el tema del agua pero pertenecientes a momentos distintos de su producción. "Es el mismo pintor pero no parece el mismo. En el 93 eran cuadros de tema urbano, con figuras, interiores y paisajes urbanos. Ahora el tema es distinto y la pincelada es más interesante, más larga, más atrevida y suelta, más fresca", explicó Carmen Spínola, comisaria de la exposición. Ella ha querido salpicar a su vez la muestra con fragmentos de poemas donde el agua tiene una presencia clave, escritos por autores como Federico García Lorca, Gabriela Mistral, Pablo Neruda o Mario Benedetti.

Realismo social

Heredero de la pintura realista y admirador del impresionismo español, Muñoz Vera llena sus lienzos de bellos parajes selváticos, paisajes helados, mares, montañas y cataratas ora luminosas ora sombrías, pero también de playas donde inmigrantes africanos desfallecen o sueñan desde un cayuco con una vida mejor, mientras que en otras se solazan al sol un domingo cualquiera familias y niños. "Cada cuadro cuenta algo, y los que no, simplemente muestran la belleza del paisaje natural original", comenta el pintor, para quien el tema de la inmigración no se puede solucionar poniendo cortapisas legales: "No se puede penalizar la miseria, es una burla enfocarlo de esa forma, porque nadie quiere dejar a su familia y sus amigos y jugarse la vida en el estrecho".

Muñoz Vera se confiesa más próximo a Sorolla que a Picasso, tanto en lo artístico como en lo personal. "Sorolla es el último referente antes de esta era digital, pero solo se ve a Picasso. No me parece justo. No se puede decir que Picasso era el genio, y Sorolla, solo el costumbrista que pintaba la realidad folclórica. Sorolla es un ídolo castigado. Fue más coherente, vivía bien y eso se nota en su pintura. Pero Picasso no me parece respetable desde el punto de vista político. Usó el lenguaje de las máscaras africanas, pero ¿por qué no hizo una defensa de los derechos de los africanos? Lo único que hizo fue robarles su cultura para los esnobs que vivían de los dividendos de la guerra en Europa", opina el pintor chileno.

Muñoz Vera reconoce que le resulta "complicado" decidir qué pintar y que se guía "por la intuición, que a veces es equívoca". "A partir de la revolución tecnológica, con la televisión e Internet, ves muchas realidades", dice el artista, que rechaza la vertiente "decorativa" de la pintura. "Los conflictos no son decorativos, pero yo creo que sí se pueden representar y llegar a la belleza a pesar de la brutalidad".



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