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20 de Junio 2008
Documentos fotográficos de un drama en la frontera



"Desde luego que las migraciones son un drama. Es algo doloroso. Aunque siempre hay algún aventurero, la mayoría de los que emigran lo hacen por necesidad. Se arriesgan, queman las naves, como decimos nosotros, invierten mucho dinero para contactar con los llamados 'coyotes', que son quienes les conducen a la frontera. Sufren extorsiones, violaciones, vejaciones, mutilaciones, incluso algunos mueren. Desde luego que es un drama". Lo dice el fotógrafo mexicano José Hernández-Claire (Guadalajara, 1949), con una seriedad que contrasta con la afabilidad de su rostro moreno y su poblado bigote. Y lo explica con su Leica en la mano, la misma que usaban sus maestros, la misma que él ha usado durante 30 años, sin renunciar al gusto de "sentir en el momento de la foto la mecánica de la cámara", a pesar de que la inmediatez le impone andar "sobre dos caballos", el fotoquímico y el digital. Con estas dos herramientas ha desarrollado, desde el año 2000, el largo trabajo que ha realizado para "Éxodo", la colección de imágenes sobre los emigrantes centroamericanos a EE. UU. que se muestra por primera vez en España en la galería zaragozana Spectrum Sotos.

Con su objetivo, nunca imparcial porque "es inevitable implicarte, tener un punto de vista, ser solidario, querer denunciar", y acostumbrado a buscar composiciones bellas incluso en los instantes más dolorosos, ha retratado a algunos de los muchos hombres y mujeres que cada año atraviesan clandestinamente por algún punto de los 3.000 kilómetros fronterizos que separan el sur de Estados Unidos del norte de México, aspirando a una vida mejor en la "tierra de las oportunidades".

Las quince imágenes en blanco y negro de gran formato, que Hernández-Claire ha seleccionado junto al galerista Julio Álvarez, muestran algunas instantáneas de ese viaje. Pero el fotógrafo, premio internacional de fotoperiodismo Rey de España en 1992, no se ha quedado solo al sur de la frontera. También ha vivido su día a día con inmigrantes ilegales en EE.UU. Las llamadas a las familias lejanas, el miedo a ser detenidos... "Ha sido un placer estar con ellos, entablar conversaciones, conocer sus vidas. El común denominador de todos los inmigrantes es que cada uno tiene su propia historia", dice el fotógrafo.

Los rostros de este drama pueden ayudar, como dice Catherine Albertini, la directora del Instituto Francés en Zaragoza -de quien partió la idea de la exposición-, "a que los españoles reflexionen, tomando distancia, sobre un fenómeno que han empezado a vivir hace relativamente poco". Imágenes que mueven conciencias, hasta el día 29 de julio, en Zaragoza



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