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11 de Agosto 2008
Demografía y minería de arcillas


La provincia de Teruel está empezando a vivir el desembarco de la minería de arcillas que abastecen la producción cerámica del Levante español, ante el agotamiento de las principales minas de Castellón y Valencia y las serias dificultades de los nuevos proyectos mineros en estas provincias. Este hecho puede verse como una oportunidad de desarrollo económico en un territorio tan depauperado y falto de iniciativas como es Teruel. Pero ¿sirve la minería de arcillas para el desarrollo socioeconómico turolense? ¿Existe un contexto social y demográfico capaz de beneficiarse de las oportunidades de esta minería? Nuestra opinión es que en Teruel no se dan unas condiciones demográficas que permitan aprovechar el posible impulso de esta minería de arcillas.

En la evolución demográfica turolense podemos diferenciar varias fases:

Al igual que en toda España, en Teruel se produce un acentuado descenso de la natalidad durante la Guerra Civil y la durísima posguerra. Sólo a partir de 1955 se empieza a superar el número de nacimientos que había antes de la Guerra Civil.

Durante el siglo pasado, y de modo muy acentuado durante los años 60 y 70, se produce una fortísima emigración, que llega a reducir al 10% los habitantes de bastantes pueblos del “Teruel interior”. La edad de esta emigración acentúa las “clases huecas” de la Guerra Civil y postguerra, y reduce al mínimo el “baby boom” de los años 60 y 70. El “baby boom” de este éxodo rural se produce básicamente en las ciudades de acogida, lo que acaba produciendo unos fortísimos desequilibrios demográficos entre campo y ciudad, y una desertización de amplias zonas de España.

En la actualidad se está llegando a los mínimos demográficos. Los valores de densidad de población son demoledores: 9 habitantes por km2 en la provincia y menos de 5h/km2 en algunas de las comarcas con potencialidad minera, como el Maestrazgo y Gúdar-Javalambre.

Esta estructura demográfica tan envejecida y con tan escasa capacidad de regeneración endógena, y estas densidades que rozan el desierto demográfico, tienen unas consecuencias muy perniciosas para el desarrollo socioeconómico. Al margen de Teruel y Alcañiz, y de las escasas poblaciones que superan los 2.000 habitantes, el resto del territorio apenas dispone de un mercado de mano de obra. La idea que se tiene en el medio rural turolense es que “no falta trabajo, sino personas”. En los últimos años se está cubriendo parcialmente la falta de mano de obra mediante la incorporación de inmigrantes extranjeros en el tejido laboral, pero el efecto demográfico ha sido débil, comparado con lo que ha sucedido en otras provincias.

En un territorio que es un desierto demográfico, la disponibilidad de mano de obra depende casi exclusivamente de la emigración, pero esta tiene sus propias leyes de funcionamiento. Una de ellas, que puede explicar la debilidad de la inmigración turolense y su concentración en otros lugares, es el círculo de refuerzo interno de la inmigración, debido a las necesarias redes sociales que se establecen dentro de este sector de población tan vulnerable.

En conclusión, en comparación con otros territorios, ni la población autóctona presenta unas condiciones favorables para que nuevas industrias se conviertan en factor de desarrollo endógeno, ni siquiera la población inmigrante puede presentar soluciones “rápidas y fáciles”, en especial en industrias que impliquen localizaciones permanentes de la población laboral.
En el artículo anterior trazábamos la evolución demográfica de Teruel durante el siglo XX y sus repercusiones actuales: a) una estructura de la población muy envejecida, incapaz por ella misma de una regeneración demográfica, b) unas densidades propias de un “desierto demográfico”, con valores inferiores a 5h/km2 en algunas comarcas y c) un proceso de asentamiento de la población inmigrante muy débil y dificultoso. La conclusión principal era que resultaría muy difícil beneficiarse de las supuestas “oportunidades” del actual desembarco de la minería de arcillas en Teruel. Pero está claro que esta ausencia o dificultad de aprovechamiento no va a ser un factor que pare el proceso: estamos delante de un modelo de “iniciativa exógena”.
En estas circunstancias cabe preguntarse si la población autóctona es capaz de filtrar debidamente estas iniciativas exógenas: de rechazar lo que no le interesa y de controlar lo que pueda ser beneficioso o neutro. Opinamos que la debilidad demográfica es el factor fundamental en la también débil defensa de los intereses de la población, del patrimonio y del territorio:
1) La minería es una actividad económica potencialmente beneficiosa para el desarrollo local, pero para ello los agentes locales deben ser capaces de transferir de modo eficiente los recursos obtenidos en otro tipo de actividades económicas, de bases más sólidas y duraderas. Esto apenas ocurre en Teruel.
2) Por otra parte, las actividades mineras suponen siempre una pérdida de patrimonio (económico, paisajístico...), que sólo es admisible si se logra una "transferencia patrimonial" con un saldo neto positivo al final del proceso. Esto tampoco está ocurriendo en Teruel.
3) Una de las claves del correcto funcionamiento del proceso es el contexto demográfico: una población muy escasa y envejecida es el peor de los escenarios posibles. ¿Puede esta población analizar, filtrar o alegar los proyectos mineros?
4) El riesgo fundamental que supone la extrema debilidad de los agentes locales es que no son capaces de controlar y aprovechar el proceso: ni son capaces de rechazarlo cuando no les interesa, ni son capaces de generar las iniciativas (o son rápidamente sustituidos cuando lo hacen), ni son capaces de generar una riqueza que siente las bases de un desarrollo futuro.
5) El momento demográfico actual es especialmente delicado, pues estamos posiblemente ante la mayor precariedad demográfica posible, pocas décadas antes de que comience el previsible retorno de los "jubilados hijos del éxodo rural" (que comenzará a tomar fuerza a partir de los años 20 del presente siglo). Estos futuros demandantes de servicios serán probablemente el principal factor de desarrollo local.
6) Una incorrecta y abusiva explotación de los recursos mineros, en lugar de contribuir al desarrollo local futuro, puede minar un nuevo escenario económico y social que, sin duda, no estará basado en la minería.
En definitiva, en el momento actual y debido fundamentalmente a la precariedad demográfica de Teruel, se están produciendo unas relaciones económicas en torno a la minería que podrían calificarse de tercermundistas, en el sentido de que las iniciativas y los beneficios son de tipo exógeno, apenas contribuyen al desarrollo endógeno y apenas pueden ser controladas por la población autóctona. Por el contrario, a medio y largo plazo acaban suponiendo una merma patrimonial y un lastre de futuros escenarios

En el primer apartado de esta serie trazábamos la evolución demográfica de Teruel durante el siglo XX y concluíamos que la debilidad demográfica de una población escasa y envejecida no es el escenario más adecuado para aprovechar las supuestas “oportunidades” de la minería de arcillas. En el artículo anterior señalábamos que, por el contrario, esta precariedad demográfica está siendo un factor clave para que se estén estableciendo unas relaciones tercermundistas entre Teruel y la minería de arcillas, en el sentido de que las iniciativas vienen de fuera, los beneficios apenas sirven para el desarrollo endógeno y la población autóctona apenas tiene capacidad de controlar el proceso.
Pero ¿podemos pensar que el resultado final va a ser inocuo o neutro? ¿O estamos delante de un proceso que puede lastrar escenarios futuros? ¿Cuáles pueden ser estos escenarios? Hemos mencionado el posible retorno de los “jubilados hijos del éxodo rural”, es decir, los hijos de los que tomaron la decisión de emigrar, como un motor de desarrollo local de tipo endógeno.
En el posible retorno de jubilados “hijos del éxodo rural” se conjugan dos factores. El primero de ellos es la llegada a la edad de jubilación de las clases demográficas más abundantes de toda la historia demográfica española, que es la de los nacidos entre 1955 y 1975, lo que se denomina el “baby boom de la postguerra”. Este hecho producirá a partir de 2015-2020 un envejecimiento de la población a un ritmo muy rápido y creciente. Las bajas tasas de mortalidad de la población española y su alta esperanza de vida amplificarán este efecto. La duda es dónde residirá esta numerosa población.
El segundo factor es el hecho de que en las dos últimas décadas se ha producido una fortísima inversión económica de los emigrantes del éxodo rural y de sus hijos en reforma de viviendas de sus lugares de origen, a lo que se suma la reciente expansión de las viviendas residenciales en zonas rurales con atractivo turístico. De momento estas residencias, que en ocasiones superan en valor, equipamientos y confort a las de las ciudades, sirven únicamente como residencias de verano y de fin de semana (por las obligaciones laborales de sus propietarios), pero es un escenario que puede cambiar si se acompaña de otras circunstancias oportunas. Para ello va a ser clave que se cree un “círculo virtuoso” entre dotación de servicios y retorno de población. De momento sólo se observa un retorno muy débil de “jubilados que tomaron la decisión de emigrar”, pero hay que tener en cuenta que se trata de “clases huecas”, debido sobre todo a la mortalidad de la Guerra Civil y a la brusca reducción de la natalidad de la guerra y postguerra: no pueden regresar los que casi no existen. La inversión de la tendencia sólo se podrá producir cuando entren en edad de jubilación las clases demográficas más numerosas, las del “baby boom”.
El potencial económico de la llamada “economía de la tercera edad” en España empieza a ser muy importante, y lo va a ser mucho más en el futuro por el rápido e intenso envejecimiento de la población. Conseguir que en Teruel este potencial se convierta en motor de desarrollo local endógeno y de asentamiento de población es un reto difícil, pues debemos ser capaces de crear ese “círculo virtuoso” que potencie el retorno. ¿Cuál será el papel de la minería en ese previsible escenario? Un fuerte lastre mientras suponga una pérdida del patrimonio natural.



Fuente: Diario de Teruel

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