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08 de Septiembre 2008
Demonizar la inmigración


Su gran reto es la presidencia para un ciudadano de raza negro nacido en Kenia al que nadie le duda su derecho de ser estadounidense. El Reino Unido fue capaz de conjugar el final de su imperio con la creación de la Commonwealth y el resultado ha sido la integración de un mosaico de razas que le ha proporcionado densidad de población suficiente para seguir siendo un país poderoso. Todos son británicos, provengan de Pakistán o de Nigeria.

La inmigración no es en sí misma un problema, sino la única solución. Las cuentas de la seguridad social se han equilibrado en España gracias a los flujos migratorios. El estancamiento de la natalidad se ha superado con la aportación de las personas que han venido de fuera a integrarse en nuestro país. A partir de ahí, llama la atención que los esfuerzos del Gobierno de Rodríguez Zapatero se centren en situar siempre la inmigración como una amenaza para los trabajadores españoles. Las últimas declaraciones del ministro Corbacho, después cruelmente rectificadas por indicación de la vicepresidenta del Gobierno, caminan en esa dirección como las que anteriormente realizó para disminuir y limitar el reagrupamiento familiar. Naturalmente que vendrán menos inmigrantes contratados en origen porque sencillamente habrá menos ofertas de empleo. Pero enunciarlo en relación a los problemas del paro, diciendo que se cerrará esa posibilidad no sólo es innecesario en sí mismo, sino generador de xenofobia.

España necesitará en los próximos veinte años doce millones más de habitantes para tener una masa crítica adecuada a los retos de la globalización y al equilibrio demográfico interior. Tenemos que acostumbrarnos a la existencia de españoles de distintas razas y procedencias y no determinar nuestra condición por las características étnicas o de nacimiento. Lo inteligente sería centrar todas las energías en la exaltación del mestizaje, en las políticas de integración de los inmigrantes que les faciliten ser y sentirse españoles. Sería mucho más sencillo todo esto si el partido socialista ejerciera las señas de identidad que se le suponen a un partido progresista. No es demasiado difícil. Periodista



Fuente: Elperiodicodearagon.com
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