Las Migraciones en Aragón

14 de Marzo 2012
Avevir calcula que el 90% de las Torretas quedará fuera de la ordenación


La asociación de Vecinos en defensa de la Vivienda Rural Diseminada (Avevir) calcula que alrededor del 90% de torretas se quedarán fuera de ordenación del nuevo PGOU de Caspe. Para que una vivienda unifamiliar rural cumpla con el plan debe contar con una parcela mínima de regadío de 10.000 m2   o de secano de 2,5 hectáreas. «El PGOU se asemeja a la Ley de Urbanismo de Aragón, que se ideó a medida de Zaragoza pero no pensó en las zonas rurales.

Aquí no hay terrenos con esta superficie. Son parcelas que pasan de padres a hijos y que con las herencias se van fracturando. Normalmente el tamaño ronda los 2.000m2», explica el presidente de Avevir, Ignacio Gracia.

En los edificios que queden fuera de ordenación no se podrán realizar obras de consolidación y ampliación. Tan sólo se podrá actuar en reparaciones para la higiene y conservación del inmueble. «Tenemos claro que el PGOU busca crear un orden pero no se puede establecer una uniformidad. Debe ser más flexible para abarcar a todas las construcciones», explica una de las vecinas afectadas, Inmaculada Gutiérrez.

Lucha vecinal desde 2009
Avevir define su lucha como una batalla «callada pero combativa» con la que llevan más de tres años, desde su creación a finales de 2009. A sus integrantes les une un deseo común, «disfrutar de la vida tranquila en el campo». Sin embargo, su principal objetivo es intentar que se legalice la situación de varios retiros rurales que fueron denunciados por el Consistorio al considerarlos irregulares. «En vez de solución política, la corporación anterior buscó una medida jurídica. En los presupuestos ya preveían una recaudación de 300.000 euros en multas que al final no se recaudaron. Es más, se ganaron casi todos los juicios  y el Ayuntamiento tuvo que devolver el dinero con intereses y pagar las costas judiciales», asegura Gracia.

Pese a que ya han pasado más de tres años, los vecinos siguen recordando la angustia que pasaron ante la amenaza de derribar sus casas. «Fue una persecución con la que muchos lo pasaron muy mal y con mucha ansiedad », explica Inmaculada Gutiérrez.

La caspolina optó por vivir en el campo junto a su marido por motivos de salud. Gutiérrez cuenta que son muchos los vecinos de Caspe que han optado por esta alternativa, con gran tradición en la localidad. «No nos vamos porque en el centro histórico viven muchos inmigrantes ni para lucrarnos con la especulación urbanística. Simplemente es una opción de vida. Aquí disfrutamos de la naturaleza y de los animales», afirma.

Denuncia que los vecinos de las viviendas diseminadas no cuentan con los servicios básicos con los que disfrutan los que viven en la ciudad, como servicio de recogida de basuras o de correos. «No nos importa tener que meter las bolsas en el coche para tirarlas en los contenedores de Caspe o sufragar  un apartado de correos. Es una opción personal. Lo único que reclamamos es pagar nuestra contribución y vivir en paz».



Fuente: http://www.lacomarca.net
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