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18 de Abril 2012
El nuevo racismo se llama islamofobia


Todos los focos apuntan hacia el radicalismo anti islámico en los países nórdicos, pero el auténtico epicentro del movimiento contra-yihad en Europa está en el Reino Unido y se propaga preocupantemente por Alemania, Francia, Italia y España, alimentando la nueva ola de extremismo populista que sacude las democracias europeas.

Más de 300 organizaciones y líderes forman una red cada vez más extendida a ambos lados del Atlántico, según el censo del odio anti islámico elaborado por el grupo Hope no Hate. «Breivik actuó solo, pero es la ideología anti yihad la que le inspiró y le sirvió para justificar sus ataques atroces», asegura Nick Lowles, el director del grupo británico que ha efectuado un seguimiento del fenómeno en la última década.

El propio Breivik se ha reconocido deudor de Paul Weston, líder del Partido de la Libertad Británico (BFP, en sus siglas en inglés), que lleva tiempo hablando en su blog de la «guerra civil europea» entre Occidente y el Islam. El BFP ha firmado recientemente una alianza con la Liga de Defensa Inglesa (EDL), el grupo de ultraderecha fundado hace tres años por Stephen Yaxley-Lennon (más conocido como Tommy Robinson) y en el que se dan la mano el odio al islam y el fanatismo de los hooligans.

«La ideología de la contrayihad está basada en la creencia de que existe una trama islámica contra Europa y que no hay diferencias entre los radicales y la mayoría de los musulmanes», asegura Nick Lowles. «La inmigración y el multiculturalismo se perciben como los caballos de Troya que utiliza el islam para ganar terreno en Occidente».

En la nueva ultraderecha, según Hope No Hate, se dan la mano «neoconservadores, cristianos evangélicos, racistas, sionistas, populistas, nacionalistas y ex militantes de extrema izquierda, unidos por el odio común al islam». El informe indenfica 17 organizaciones anti islámicas en Gran Bretaña, 10 en Alemania, nueve en Francia y ocho en España. Entre ellas, Alianza Nacional, España 2000, Mundo sin Islam, Islam Radio, Eurabian News o el Movimiento Social Republicano. Dinamarca es otro de los puntos calientes de Europa, con una decena de organizaciones y con líderes reconocidos mundialmente como Anders Gravers, cofundador hace tres meses de Sion (Stop Islamization of Nations, Stop a la Islamización de las Naciones).

Desde Holanda, el parlamentario Geert Wilders al frente del Partido de la Libertad se ha erigido en el líder político más visible de la nueva ultraderecha europea con sus agresivas proclamas: «No odio a los musulmanes, odio al islam».

René Stadtkewitz, fundador de La Libertad, se ha convertido en su inquietante réplica en Alemania. Stadtkewitz estuvo personalmente en el décimo aniversario del 11-S y aspira a convocar en Nueva York este verano un gran encuentro mundial de asociaciones anti yihad. En Estados Unidos, el número de grupos y líderes en el frente de la islamofobia llega a los 60. El informe de Hope No Hate ha detectado conexiones estrechas entre el movimiento contra yihad y el Tea Party, así como con los grupos evangélicos ultraconservadores.

«La contrayihad es la nueva cara de la ultraderecha en Europa y en Norteamérica», destaca el informe. «La nueva ideología ha reemplazado a las viejas políticas racistas, nacionalistas y neonazis de la extrema derecha con un discurso de guerra cultural para hacerla más respetable y atractiva a los ojos de la mayoría. El movimiento va más allá de los tradicionales partidos políticos, con blogueros, locutores de radio y periodistas que envenenan el discurso político en los medios».

Hope Not Hate vaticina que el movimiento seguirá creciendo en los próximos años, alimentado precisamente por la crisis económica y por la inseguridad que se respira en Europa. A una conclusión parecida ha llegado otro informe, esta vez avalado por el think tank Chatham House, sobre el auge del populismo extremista en el viejo continente.

El estudio de Chatham House remonta el rebrote del extremismo a los años 90 y destaca su crecimiento en la última década, gracias a la formación de redes que ha permitido aumentar su base de militantes ante la indiferencia y la incomprensión de la mayoría de la población. El auge del extremismo populista se está convirtiendo en «uno de los apremiantes retos de las democracias europeas», concluye el informe, que incita a los moderados a replantearse su acercamiento al fenómeno.



Fuente: htpp://www.elmundo.es
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