Las Migraciones en Aragón

23 de Mayo 2012
La producción de la cereza podría caer un 40% en el área de Caspe


Los sindicatos agrarios prevén un descenso «importante» de la cosecha de cerezas en el Bajo Aragón Caspe, que podría reducirse entre un 40% y un 50%. Esto se debe a tres factores: el invierno seco, las lluvias primaverales y el pedrisco que cayó en la zona de Maella.

Estas inclemencias han generado dos problemas. Por un lado un retraso en la cosecha de las variedades tempranas, que años atrás empezaba a finales de abril y en 2012 se ha retrasado hasta principios o mitad de mes. Por otra parte, las precipitaciones de abril provocaron una mala polinización al no permitir que terminara de cuajar la flor. «Las precipitaciones son mucho peores que el granizo. La piedra está cubierta por los seguros pero las aberturas que deja la lluvia no», explica el productor de Chiprana Valentín Acero. Al contrario que otros frutos de mayor tamaño, una cereza tocada ya no se puede comercializar.

Según datos recopilados por el sindicato ASAJA, las previsiones apuntan a que en toda la comarca se recogerán 2.500 toneladas de cereza temprana y otras 2.500 de tardía. El descenso más acusado será en la variedad que más se cosecha en la zona, la temprana, en la que se espera que se recojan alrededor de 4.000 kilos por hectárea. La producción de la tardía es mucho menor por lo que el descenso es menos acusado y se esperan de 8.000 a 10.000 kilos por hectárea.

Las cerezas del Bajo Aragón Histórico se venden en el mercado nacional, aunque en los últimos años está ganando peso la exportación. Es el caso de la cooperativa La Chipranesca, que cuenta con socios mayoritariamente de Chiprana, aunque también de Caspe, Sástago y Pina. La cooperativa ha potenciado en los últimos años  los mercados extranjeros, especialmente, Francia, Alemania,  Italia y Inglaterra. Las primeras cerezas son las que mejor se cotizan porque por la climatología de la zona los árboles florecen antes.

Una de las mayores problemáticas de la campaña de la fruta al Bajo Aragón Caspe es la llegada llegada de temporeros en busca de un puesto de trabajo hasta final del verano. A la recogida de la cereza le siguen la del albaricoque, melocotón, nectarina, ciruelas y peras. Según datos de la delegación del Gobierno en Aragón, hasta Caspe se han acercado en las últimas semanas en torno a 3.000 temporeros en búsqueda de empleo. De ellos, menos de un 10% consiguen trabajo porque las grandes empresas contratan en origen.  Así que, cientos de ellos se instalan en las calles a la espera de suerte. Sin embargo, este año, a la crisis y la contratación de más españoles, se une la caída de la producción, por lo que las oportunidades para los inmigrantes serán menores. En la última reunión de la Junta de Seguridad, el subdelegado del Gobierno en Zaragoza, Ángel Val, reprobó a los pequeños agricultores que «necesitan mano de obra diez o quince días y no acuden al INAEM». Desde UAGA aseguran que son casos puntuales que cada vez se dan en menor medida. El sindicato cifra en un 99% los contratos legales.

Gran parte de los temporeros proceden de Pakistán, Senegal y Marruecos. El jefe de producción de La Chipranesca, José Vicente Bondía, explica que debido a la crisis, en los últimos años ha aumentado el número de españoles que desean trabajar en el campo. Además de a nacionales, la cooperativa ha contratado en origen a 150 mujeres de Rumaría y Polonia. La mayoría, repiten.

Para atender a los recién llegados, los Servicios Sociales comarcales en colaboración con el Ayuntamiento de Caspe ponen en marcha un programa de acogida hasta finales de agosto. Cada temporero tiene derecho a dos duchas semanales y dos vales de comida durante toda la campaña con alimentos para 10 o 15 días. El año pasado, se realizaron 216 servicios de duchas, se entregaron 494 vales de comida y tres de farmacia.

Para el jornaleros como Sergio Gueye, estos servicios no son suficientes. Desde hace unos años trabaja en diferentes campañas por toda España y asegura que en otras zonas se les presta más atención. «En Logroño, el Ayuntamiento habilita una nave con colchonetas para dormir», explica en un perfecto castellano que aprendió en el colegio de Salou. Este senegalés vive junto a otros compatriotas en una nave abandonada a las afueras de la localidad y duerme en su viejo coche. Sergio asegura que intentó alquilar un piso pero que la inmobiliaria le exigía muchos meses de fianza porque «no se fían». Quería vivir con otros dos amigos, pero son muchos los que se instalan en pisos que no cuentan con las mínimas condiciones de habitabilidad exigidas por la ley. Estos domicilios están controlados, en su mayoría, por mafias que hacinan a 10 o 15 personas en una misma vivienda para así abaratar costes.

La Policía Local de Caspe vigila especialmente durante la campaña estos pisos que se encuentran, en su mayoría, en el casco viejo. Por el momento, este año tan solo han precintado una vivienda en la que murió uno de los jornaleros de un infarto. Este año no se han incrementado efectivos de seguridad. Se cuenta con la Policía Local de Caspe, Guardia Civil, grupos rurales y la brigada de extranjería. La Policía Local y la Guardia Civil se coordinan para que en ningún momento la ciudad se quede sin una patrulla vigilando las calles.



Fuente: http://www.lacomarca.net
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