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14 de Octubre 2008
Los cayucos llenos de inmigrantes siguen zarpando de Mauritania hacia Canarias


Los cayucos cargados de inmigrantes siguen saliendo cada semana de Mauritania hacia las islas Canarias y "eso continuará", dicen en el puerto de Nuadhibu, donde "todo el mundo se metió en el negocio de la inmigración", desde gendarmes a vendedores de pescado.

"Lo que han hecho los europeos para detener la inmigración clandestina no funciona para nada", afirma un joven "contacto" de esta ciudad portuaria situada en el extremo norte de la costa mauritana, unos días antes de la cumbre de Bruselas que debe ratificar el "pacto europeo sobre la inmigración". "La represión, eso no cambia nada. Con la corrupción, puedes salir (al mar) cuando quieras y donde quieras. Es muy fácil corromper a los gendarmes pues ya están corrompidos desde antes", bromea este hombre de apariencia acomodada.

Para él, como para los trabajadores humanitarios mauritanos y extranjeros "si hay un poco menos de cayucos que salen desde hace un año no es por la vigilancia, sino porque hay una crisis de confianza, como en la economía internacional. Los inmigrantes temen ser víctimas de una estafa y ya no dan su dinero tan fácilmente a los pasadores". "Hubo un momento, en 2006, en que todo el mundo se metió en el negocio de la inmigración: gendarmes, policías, vendedores de pescado...", explica el pasador.

"Pero mucha gente agarraba el dinero (de los inmigrantes) y se lo comía: así empezó la crisis...", dijo. "¡Cuando regrese la confianza, miles de inmigrantes se irán!", exclamó.

Las salidas de cayucos "siguen" y "continuarán", constató el sacerdote nigeriano Jerome Otitoyoimo Dukiya, muy cercano a los migrantes que llegan para "informarse, formarse y relajarse" a la misión católica de Nuadhibu. "¡Siempre hay mucha gente que quiere irse a cualquier precio. Las nuevas leyes y políticas en Europa... eso no les dice nada! Cada quien busca la mínima apertura, cada uno piensa que encontrará su lugar", constató el religioso.

En los dos pequeños cementerios de la misión, enterró en seis años a decenas de africanos muertos en el mar.

Pero esta semana, dijo el sacerdote, "alguien me llamó para decirme 'padre, lo lamento, me vine para Libia, cruzaremos esta noche con un cayuco' y llamó ayer para anunciarme '¡estoy en Italia!'. Ahora, muchos de sus amigos se irán también...".

"Los pasadores se aprovechan de los migrantes, la policía se aprovecha de ellos, los empleados se aprovechan de ellos...", constató el religioso.

'Guantanamito'


Bautizado "Guantanamito" por la gente, una vieja escuela Nuadhibu sirve desde 2006 de centro de retención, donde se encierra a extranjeros sospechosos de haber tratado de emigrar irregularmente, antes de expulsarlos hacia Senegal o Mali.

Según la Cruz Roja española que les presta ayuda, 3.533 africanos occidentales pasaron por él en 2007, y 3.148 en los últimos nueve meses.

A unos centenares de metros de la bahía de donde parten los cayucos, Issa asegura que gana 2.000 ouguiyas por día (unos 6 euros) y trabaja "de seis de la mañana a medianoche" secando pescado. Este hombre originario de Guinea Bisau de 32 años alcanzó una vez las costas mauritanas "pero no quiere acordarse del viaje".

A su lado, los malíes cortan aletas de tiburones que serán exportadas hacia Hong Kong o ponen a secar al sol pescados destinados al mercado nigeriano. "Si gano lo suficiente, regresaré a Malí", dijo un joven de 24 años, de los que pasó tres en Nuadhibu.

Pero después de escucharlo, su patrón se cree en la obligación de corregir: "Trabajan todos para irse a Europa..." .



Fuente: COLPISA/AFP. Nuadibu
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