Las Migraciones en Aragón

13 de Junio 2014
El Estado premia al Ramiro Soláns por su lucha contra el absentismo y la segregación



En el colegio público Ramiro Soláns, seis de cada diez niños son gitanos y casi todos los restantes pertenecen a familias inmigrantes de más de 20 países diferentes.



Hace nueve años, nadie quería estudiar aquí, pero un grupo de profesores coraje decidió ahuyentar los fantasmas que abocaban al centro a ser un colegio gueto y ‘tirar palante’. Ahora, aquel aulario sin esperanza se ha convertido en un símbolo de superación: el centro ha sido nombrado escuela de éxito a nivel nacional, un reconocimiento otorgado por el Consejo Escolar del Estado y que solo han recibidos cinco coles e institutos de toda España. Por si esto fuera poco, el proyecto del Ramiro Soláns fue el único que se eligió por unanimidad del jurado.



La idea nació en un momento en el que nadie apostaba nada por el Ramiro Soláns. El llamado "colegio de los gitanos" -un 99% de los estudiantes eran de esta etnia en los años 90- vivía sus horas más bajas. El 85% de los alumnos tenía desfases curriculares significativos, había actitudes xenófobas y continuos conflictos con violencia verbal y física, tanto entre los chavales como de los chicos hacia los maestros. El absentismo era el pan de cada día -hasta el punto de que algunos niños no acudían nunca- y la dramática situación de algunos hogares se reflejaba en unos hijos que a menudo llegaban sin las medidas básicas de higiene o con enormes cargas emocionales por lo que sucedía en casa. "‘Tú en mi no mandas’ era una frase constante hacia los maestros", reconoce la directora, Charo Blanco.



Pero lo peor era que en los alumnos se había instalado un estigma aún más

dañino: el del que se siente lo peor de lo peor y, además, condenado al fracaso escolar y laboral. Demasiado jóvenes para entender hasta qué punto este devenir iba a marcar su futuro, alguien puso en su camino a un claustro que no estaba dispuesto a resignarse: sus profesores sabían que con aquellos mimbres podía hacerse un cesto magnífico. Y, contra todo pronóstico, lo consiguieron.



En Primaria (niños de 6 a 12 años) ya no hay casos de absentismo total y si en el 2006 dos de cada 10 alumnos faltaban más de 20 veces a clase en un curso, ahora son solo un 7%. Además, en 5º y 6º pasan de curso sin materias pendientes casi el 60% de los chavales, algo que hace siete años solo lograban el 5%.



El éxito tiene un nombre: "Entre todos". Así se bautizó al plan que ha logrado implicar a los niños, a sus padres y a todo el barrio en una hazaña sin precedentes basada en el respeto, el diálogo, la inclusión y la interculturalidad. La batería de medidas que se han aplicado es larguísima y no sería posible sin la implicación del profesorado.



Tanto es así que los maestros fijos están al 100% con el proyecto y se exige a los temporales que hagan lo mismo. Para lograrlo, la Dirección solicitó a la DGA que estas plazas se cubrieran con maestros en comisión de servicios que tuvieran la firme intención de trabajar en el plan e hicieran, incluso, un proyecto específico. Esta medida se ha adoptado también en el Santo Domingo de Silos, el IES María Moliner y el Pío XII de Huesca.



"Los profesores van a casa de las familias si detectan que es necesario. A los niños les decimos que les queremos y, cuando no vienen, les recalcamos que los echamos de menos. Para nosotros es importante que sepan que en el colegio están seguros y son valorados, y evitamos todo lo posible aplicar castigos o aislamientos", insiste la directora. Cuando pasan al instituto, los profesores de Primaria siguen en contacto con ellos.

Los alumnos, protagonistas

Los propios niños acuerdan las normas del centro y, poco a poco, han ido respondiendo con entusiasmo a esta oportunidad. Uno de los programas estrella es el del alumno ayudante mediador. Los chavales de 4º, 5º y 6º de Primaria (10 a 12 años) eligen a unos representantes que no solo ayudan a resolver discusiones y conflictos entre iguales, sino que a veces hasta se anticipan y que son muy valorados por sus compañeros.



También se hace hincapié en la inteligencia emocional como herramienta. "Los problemas de convivencia entre etnias o entre iguales eran terroríficos y se decidió que cada clase, durante una hora a la semana, trabaje en impulsividad, habilidades sociales y asertividad. Ese es un espacio seguro e íntimo: los problemas del compañero se escuchan y no se utilizan nunca en su contra", explica la jefa de estudios, Rosa Llorente. Con los mayores se vuelcan para mostrarles sus expectativas de futuro. El objetivo es que si un chico quiere estudiar visualice su camino y no tenga que empezar a hacer apaños o a recoger chatarra si desea formarse. Esto, por su puesto, requiere mucho trato con la familia.



Fuente: Heraldo de Aragón
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