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20 de Noviembre 2008
Las marroquíes y españolas buscan referentes de feminidad



HUESCA.- Nacida en Nador (Marruecos) pero residente en España desde que tenía ocho años, Najat El Hachmi representa la unión de dos culturas diferentes, aunque ella asegura que las personas, sean del país que sean, `se parecen más de lo que parece`. El Hachmi, premio Ramón Llull de este año por su novela `El último patriarca`, se declaró sorprendida por las visiones estereotipadas que se tiene en cada país `del otro`. Así, los europeos adoptamos `una visión casi paternalista` cuando pensamos en las mujeres marroquíes, `sumisas y sin pensamiento propio ni espíritu crítico`. Mientras, en Marruecos la liberación de la mujer `está muy mitificada` y se piensa que `está superliberada y que todo vale, sobre todo en las cuestiones de pareja`, en las que no habría `ningún código moral`, según esa visión estereotipada.

La escritora, que en la tarde de ayer participó en una tertulia literaria en el Casino de Huesca, refutó esas visiones marcadas por el estereotipo por la simple cuestión de que en los dos países hay mujeres de `todo tipo`, desde inconformistas y rebeldes hasta sumisas y obedientes, recorriendo todo el abanico de posibilidades entre ambas posturas.

En cambio, mostró su convencimiento de que a un lado y otro del Estrecho de Gibraltar `hay muchos tipos diferentes de mujer` y que todas `están buscando un `referente de feminidad` e intentan `aflorar su naturaleza`.

Una cuestión, la de mostrarse tal como son, que encuentra trabas en ambos países. En uno, Marruecos, es a través de `estructuras más rígidas e identificables`, como el patriarcado (tema, además del de la violencia doméstica, sobre el que reflexiona en la novela que le valió el Ramón Llull), mientras que en el otro, España, esos impedimentos se dan con mecanismos `más sutiles`.

En esa búsqueda de la propia naturaleza y la emancipación, las mujeres, opinó El Hachmi, están cayendo en `contradicciones y puntos negativos`. Como ejemplo cita la conciliación entre la vida laboral y la familiar, `sobre todo durante la maternidad`, una etapa en la que las mujeres desarrollan un `sentimiento de culpabilidad` por intentar compaginar dos facetas que ha traído dos consecuencias. La primera es la de `institucionalizar` un mito negativo, el de la mujer que todo lo puede; la segunda, el ritmo `inhumano` que deben soportar las madres trabajadoras.

En este sentido se refiere al reparto de tareas domésticas, algo `asumido en la teoría pero que no se aplica en la realidad, porque al final el hombre simplemente ayuda, no comparte las tareas`. `Al final estamos metidas en una rueda que no nos planteamos cambiar`, afirmó.

Por otra parte, las mujeres inmigrantes, destacó El Hachmi, sufren una doble discriminación. La comunidad en la que nació le exige ser la `responsable de transmitir los valores de origen` y la sociedad del país de acogida la ve como `un símbolo de la integración` de dicha comunidad. Estas posturas, llevadas al extremo, llevan al `exotismo`, a que la mujer `remarque` las diferencias de la cultura o, por el contrario, que `las pierda por completo`, haciéndole todavía más complicado lograr la igualdad e integración.



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