Las Migraciones en Aragón

05 de Noviembre 2014
La tuberculosis, una enfermedad ligada a la pobreza que aún perdura en Aragón



Silenciosa, prevalente y con muy poca atención por parte de organismos e instituciones. El último informe de la Organización Mundial de la Salud sobre la tuberculosis, presentado a finales de octubre, volvió a poner el foco sobre esta enfermedad, principalmente pulmonar, que muy pocos ven en Europa pero que sigue presente y escondida. En 2013 la OMS cifró el número de contagios de esta enfermedad en algo más de 9 millones de personas, casi 500.000 más que las previsiones más pesimistas, la gran mayoría en África y Asia.

En Aragón, como en todo el continente europeo, esta dolencia se ha reducido en las últimas dos décadas de forma drástica. Aunque la tuberculosis todavía sigue ahí. Según el último estudio publicado por el Departamento de Sanidad, en Aragón se detectaron el año pasado 186 casos de esta afección, 25 más que en 2012, un repunte que no obstante no preocupa a los expertos en la materia, “al menos de momento”, después de ver cómo hace tan solo veinte años la tasa de contagio en la Comunidad era hasta dos veces la actual. “En Europa la gente ya no muere de tuberculosis, sino con tuberculosis”, señala el doctor Antonio Castanera, neumólogo del Hospital Royo Villanova de Zaragoza y miembro de la Sociedad Aragonesa de Aparato Respiratorio (SADAR), haciendo referencia a que la mayoría de los pacientes que mueren lo hacen con patologías añadidas -en muchos casos sida- que acaban dejando al cuerpo libre de defensas para que la tuberculosis muestre su cara más severa.

El propio centro de la margen izquierda, que lleva el nombre del primer gran médico aragonés que puso el foco sobre esta enfermedad en España, es el mejor ejemplo de la evolución que ha tenido la tuberculosis en Aragón. Su pasado como sanatorio de tuberculosos en los años 50 y 60 aún sigue estando presente en la fisionomía del edificio. Amplias terrazas, habitaciones ventiladas, y una orientación hacia el sol de la mañana era el tratamiento que se le daba a los enfermos, que entonces se contaban por centenas. Sin embargo, esto no es lo único que perdura de aquella época. La ciencia diseñó hace casi medio siglo un combinado de medicamentos capaz de controlar la infección. Prácticamente, el mismo que se utiliza hoy en día, un tratamiento ya obsoleto en un 6% de los casos en los que la cepa se presenta ya inmune a los antibióticos corrientes. “La tuberculosis es una enfermedad que en el mundo desarrollado ha quedado reducida a grupos de exclusión social, por lo que lamentablemente no existe un gran mercado para la investigación de nuevos fármacos”, señala Castanera.

De vuelta a Aragón, los informes coinciden en que casi el 95% de los casos detectados se han dado en personas que o bien tenían ya otra patología que ha propiciado el desarrollo de la enfermedad, o bien en inmigrantes y personas sin recursos que al vivir en muchos casos hacinados o en malas condiciones dan pie a que el bacilo de Koch prospere. Esta diatriba hace que en los foros en los que se trata la situación actual de la enfermedad en países como España se crea que la tuberculosis, una de las enfermedades más antiguas y prevalentes que se conocen, pueda tener hasta una tercera parte más de casos que no se recogen en los recuentos oficiales.

Para avalar estas hipótesis no hace falta tampoco salir de la Comunidad. A mediados de los noventa, el doctor Castanera, entonces en Huesca, realizó un trabajo de diagnóstico en ambientes en los que la enfermedad podría estar presente, aunque quizás no percibida. Se desplazó por los comedores sociales de la capital oscense y su acercamiento se refleja hoy en los datos históricos. En los dos años en los que repitió este proceso (1996 y 1997) los casos de tuberculosis en Huesca capital se disparan de poco más de veinte a casi cuarenta. “La enfermedad se da de forma reincidente en unos ambientes muy concretos, marcados por la pobreza y en ocasiones hay que ir a buscarla”, explica.

La Universidad de Zaragoza, puntera en su investigación


El difícil rastreo de la tuberculosis -en sus primeras fases, suele ser ignorado como un catarro o una afección pulmonar común- y su contagio por vía aérea ha hecho que en los últimos años los grupos dedicados a su estudio hayan hecho especial énfasis en la necesidad de crear un plan nacional contra la enfermedad que mejore la prevención y agilice el reconocimiento de la infección. Así lo reclamó el pasado mes de octubre la Red contra la Tuberculosis, una plataforma surgida en 2013 que agrupa a entidades sociales, colegios profesionales y sociedades científicas unidas para erradicar esta enfermedad “olvidada”, que ha pedido en reiteradas ocasiones que la tuberculosis entre en la agenda política del Gobierno, especialmente tras la retirada de la tarjeta sanitaria a los inmigrantes en situación irregular en septiembre de 2012.

Solo en Aragón esta medida dejó sin tarjeta a más de 31.000 extranjeros. Un colectivo que aunque sigue siendo atendido en casos de urgencia, ha salido del cauce normal de la Sanidad. “Esto ha sido un problema añadido para el seguimiento de posibles brotes de tuberculosis, porque en sí la enfermedad es difícil de diagnosticar en sus primeras etapas, cuando los primeros síntomas apenas son tos, fiebre o sudores nocturnos”, señala Castanera, quien no obstante explica que solo la mitad de los enfermos tienen una presencia del virus contagiosa y que los mayores problemas podrían llegar “a medio y largo plazo”, con el auge de enfermedades como la diabetes, una afección con la que ya convive hasta un 8% de la población en Aragón.

Y es que, según los cálculos de la OMS, hasta una tercera parte de la población mundial tiene tuberculosis latente; es decir, esas personas están infectadas por el bacilo pero no han enfermado ni pueden transmitir la infección. Las personas infectadas con el bacilo tuberculoso tienen a lo largo de la vida un riesgo de enfermar de tuberculosis de un 10%. Sin embargo, este riesgo es mucho mayor para las personas cuyo sistema inmunitario está dañado, como ocurre en casos de infección por el VIH, malnutrición o diabetes, o en quienes consumen tabaco.

“Prácticamente el total de los enfermos tuberculosos pueden curarse a condición de que los medicamentos se suministren y se tomen correctamente y también es fácilmente prevenible gracias a unos hábitos de vida sanos, pero hay que afrontar la necesidad de erradicarla por completo, ya que su capacidad de contagiarse por vía aérea la convierte por sí misma en un problema global”, explica el doctor Castanera.

En base a esto, desde hace más de quince años el grupo de investigación deGenética de Micobacterias, que dirige Carlos Martín en la Universidad de Zaragoza, está inmerso en el desarrollo de nuevas vacunas universalmente accesibles contra la tuberculosis. La vacuna contra la Tuberculosis de la Universidad de Zaragoza (MTBVAC) es a día de hoy la única vacuna contra la tuberculosis en ensayo clínico y la primera de su categoría en ser ensayada en humanos desde el desarrollo de la actual vacuna contra la tuberculosis, BCG, creada hace más de 90 años.

Actualmente la vacuna es producida por la biofarmacéutica española Biofabri y su desarrollo clínico se realiza dentro de la Iniciativa Europea Vacuna Tuberculosis (TBVI). Una puerta hacia la solución definitiva de la tuberculosis que cada vez recibe más reconocimientos internacionales y en cuyo desarrollo puede estar una de las claves para sofocar un mal que ha acompañado al hombre desde tiempos inmemoriales, y que aún se sigue cobrando la vida de más de un millón y medio de personas al año.


Fuente: Heraldo de Aragón
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