Las Migraciones en Aragón

06 de Febrero 2015
Tolerancia cero contra la mutilación genital femenina



La falta de información sobre las consecuencias hace que muchos padres permitan la mutilación genital de sus hijas a pesar de residir en Europa. Aragón, que celebra el Día Mundial de Tolerancia Cero contra la Mutilación Genital Femenina este 6 de febrero, no es una isla y un total de 3.195 mujeres proceden de países que la practican y mil son niñas de entre cero y catorce años, que están en riesgo.

La mutilación se lleva a cabo de forma bastante generalizada en 28 países de África, siendo común en Oriente Medio (Egipto, Omán, Yemen o Emiratos Árabes) y en comunidades musulmanas de Sri Lanka, Indonesia, Malasia y la secta Daudi Bohra de la India. En Aragón, las etnias practicantes más significativas son la Sarajole, Fulbé, Soninke, Mandinga, Bámbara, Dogon, Edos, Awusa y Fante.

Aunque el Estado acaba de elaborar un protocolo de actuación, Aragón cuenta con uno mucho más completo desde 2011, aunque tres años después se sigue implementando, cuando fue pionera en abordar este problema. Y es que la Comunidad lo hace conjugando el trabajo entre el sistema educativo, el sanitario y los servicios sociales con un sistema de alertas coordinado cuando se ve peligro de que esto pueda llevarse a cabo, para lo que se forma a los profesionales. Eso sí, la mejora del protocolo estatal viene de la mano de que podrá comenzar a haber una contabilización de casos abordados.

Además, mediadoras interculturales y organizaciones como Médicos del Mundo Aragón, que reclama que el Gobierno de Aragón preste más atención al protocolo a través de su coordinadora de Inclusión Social, Julia Moreno, trabajan en el terreno desde quien conoce sus culturas y entiende la situación. La clave está en conocer a las mujeres de las etnias potenciales de hacerlo, porque si están mutiladas puede que se lo hagan a sus hijas. También si, aunque ellas no lo estén, sus maridos proceden de etnias que sí la practiquen.

Imagen de un taller en Huesca
                                   Imagen de un taller en Huesca

No hay confirmación de que en la capital, Zaragoza, haya lo que se llaman “mutiladoras”, mujeres que realizan las ablaciones de manera clandestina, y la lucha contra ello se centra en la prevención a través de la detección de situaciones de riesgo cuando viajan a sus países.

De este modo, el protocolo aragonés (lo que ha copiado el español) incluye la firma voluntaria por parte de los padres de un documento que recibe el nombre de “compromiso preventivo”. Con éste se comprometen a no realizar ningún daño a la niña y a que a su vuelta del viaje se le realice una revisión para constatar que no se ha practicado. Esto fortalecerá a los padres en su país de origen, cuando reciban presiones del entorno familiar. Y es que la mayor parte de los inmigrantes envían dinero para el sostenimiento de sus familias en sus lugares de nacimiento y ponerlo en peligro avisando de que cuando vuelvan pueden ir a la cárcel es una herramienta muy útil para los padres que ya han sido convencidos en los talleres explicativos de Médicos del Mundo de las consecuencias de la mutilación.

Esa formación que se hace con los padres comienza con las mujeres. Una mediadora intercultural acude al hospital cada vez que una mujer mutilada o de una etnia en riesgo da a luz. Un momento en el que con mucho respeto se les ofrece información y se intenta conseguir algún contacto para que después acudan a los talleres. Las mujeres son las primeras que son alertadas de los riesgos y después se trata con los hombres, un modo de reforzar dado que la cultura africana sigue siendo machista y “si un hombre es convencido, se gana mucho”, señala la mediadora togolesa Edwige Wella, que trabaja en esta área desde hace cuatro años y que se introdujo en esta labor al darse cuenta ella misma del daño en la salud que provoca esta práctica, que dice, tiene que ser erradicada de la tradición cultural por sus consecuencias. “Nunca había pensado que era un problema, porque nunca había recibido información de que esta práctica es terrible para la mujer. Pensaba que era algo cultural y por tanto positivo, pero no todas las prácticas culturales son buenas para la salud de las personas. Hay que ir eliminando todas las costumbres que no son saludables”, sentencia.

Cartel de un documental contra la mutilación
                                   Cartel de un documental contra la mutilación

Lo importante, asegura Edwige, es incidir en que ponen en peligro a sus hijas si lo hacen y eso pasa porque entiendan que los propios problemas que presentan ellas en su salud y en su vida sexual están relacionados con que están mutiladas. Cuando se dan cuenta ponen en cuestión que esa tradición cultural sea positiva, lo que creían hasta entonces, y reflexionan sobre ello.

La familia tiene que abandonar esta idea por convencimiento propio y el trabajo de las mediadoras ya ha comenzado a dar sus frutos, puesto que ha fomentado el boca a boca entre las mujeres africanas que no hablaban de sus problemas generados por la mutilación al ser todo lo relacionado con el sexo un tabú. Por ello, contar con activistas africanas es muy importante para introducirse en su ámbito.

Un caso juzgado en Teruel

A partir de los años 80 muchas leyes prohibieron la mutilación incluso en los países de origen, otra cosa es que no se cumplan. El marco legal de la mutilación femenina en España habla de que esta intervención es considerada un delito de lesiones en el Articulo 149.2 del Código Penal, aunque la operación haya sido realizada fuera del país (por ejemplo en Gambia, Malí, Senegal, etc.), según modificación de la LOPJ 3/2005.

La pena de prisión es de 6 a 12 años para los padres, la retirada de la patria potestad y la posibilidad de ingreso de la niña en un centro de Protección de Menores.

Ejemplo de ello es la condena que en 2011 impuso la Audiencia Provincial de Teruel y que ratificó el Tribunal Supremo en 2012. “La ablación del clítoris no es cultura. Es mutilación y discriminación femenina”. De esta forma tan tajante y clara se expresó el Tribunal Supremo en el rechazo a un recurso que interpusieron unos padres residentes en Teruel que hicieron una ablación a su hija de ocho meses.

La sentencia dictada por la Audiencia Provincial de Teruel condenó al padre, Mamadou Darme, a seis años de prisión y a la madre, Nyuma Sillah, a dos años. Éstos alegaron que la ablación genital se la habían practicado en Gambia. También explicaron que la mutilación “es una práctica ancestral de más de 3.000 años en su país que no busca menoscabar la integridad física de las mujeres sino cumplir con una costumbre que facilita la integración de la niña en su comunidad”.

En dicho fallo, los magistrados turolenses declararon “evidente” que para la sociedad española la ablación del clítoris supone una de las prácticas más detestables que puede realizar una sociedad contra sus niñas, pues va en contra de la dignidad de las mujeres y de sus derechos como persona.

 
Edwige Wella es trabajadora social
                                      Edwige Wella es trabajadora social

Algo que recalcaron desde el Supremo, añadiendo que la cultura “tiene como límite infranqueable el respeto a los derechos humanos”, si bien reconoce que un factor que define ahora a la sociedad española “es su alto grado de interculturalidad de las personas que "inician un viaje desde la desesperanza hasta la esperanza”. Asimismo, aseguraron que el padre de la menor sabía que España “no se puede hacer” la ablación porque estaba integrado en España desde hace diez años.

Tipos de mutilación

La Organización Mundial de Salud clasifica la mutilación genital femenina en cuatro tipos principales. El uno recibe el nombre de clitoridectomía y consiste en la resección parcial o total del clítoris y, en casos muy infrecuentes, sólo del prepucio.

El dos es la escisión, una resección parcial o total del clítoris y los labios menores, con o sin escisión de los labios mayores. Estos, explica Edwige, se dan en las mujeres subsaharianas, que normalmente tienen anemia, retención de orina, infecciones, esterilidad o sequedad vaginal, entre otras dolencias.

El tipo tres es la infibulación. Esta práctica es la peor, y se realiza en Yemen, Somalia o Egipto. Consiste en extirpar el clítoris, los labios mayores y menores y se cose la apertura dejando sólo un agujero. Esto lleva a muchas mujeres a morir en el parto y es el que más muertes causa porque la expulsión del bebé tarda más de la cuenta y hay que volver a abrir a la mujer, lo que provoca complicaciones.

El último de los tipos se refiere a un amplio abanico de prácticas variadas e inclasificables. Son todos los demás procedimientos lesivos de los genitales externos con fines no médicos, tales como la perforación, incisión, raspado o cauterización de la zona genital.

Consecuencias

Las personas que realizan las intervenciones del rito de la ablación en los países de origen no tienen conocimientos de cirugía, los instrumentos que se utilizan no están esterilizados y se realizan sin anestesia, por ello pueden existir complicaciones y consecuencias inmediatas a corto plazo como dolor intenso, hemorragias, infecciones, lesiones de órganos como la uretra, la vagina, el perineo o el recto, y, en algunos casos, dependiendo de la resistencia que oponga la niña hasta fracturas.

 
Bai es otra de las mediadoras
                                                 Bai es otra de las mediadoras

A medio plazo, las anemias son severas provocadas por las hemorragias unidas a la malnutrición. También pueden aparecer otras complicaciones como la infección pélvica, menstruaciones dolorosas y formación de cicatrices queloides.

A largo plazo, las consecuencias pueden consistir en complicaciones en el ámbito psicológico como depresión, terrores nocturnos o miedo, confusión y sentimientos de contradicción, miedo al rechazo de su gente, miedo a las primeras relaciones sexuales o al parto, además de darse un sentimiento de culpa en las madres de las niñas mutiladas.

Existen pocas investigaciones sobre los efectos psicológicos, pero los relatos de mujeres refieren ansiedad antes y terror durante el proceso. Se han asociado desórdenes mentales y psicomáticos, alteraciones del apetito y el sueño, pesadillas, ataques de pánico y dificultades de concentración y aprendizaje. Al crecer pierden autoestima, tienen ansiedad crónica, fobias e incluso alteraciones psicopáticas.

Muchas mujeres padecen sus problemas en silencio, incapaces de expresar su dolor y su miedo, y la memoria del hecho las acompaña durante toda su vida.

En el ámbito físico, se dan infecciones vesicales y génito-urinarias recurrentes, transmisión de infecciones como VIH, hepatitis o tétanos, dolores menstruales, retención menstrual en la vagina, fístulas, incontinencia o quistes. Además, aumenta el riesgo en el parto y la muerte del recién nacido. También hay gran mortalidad de bebés y muchos necesitan reanimación así como sufrimiento fetal al retenerse en el canal del parto. Por supuesto, también se da mayor mortalidad materna.

Las de tipo tres sufren también inflamaciones e infecciones recurrentes al abrir el orificio o descoserlo, esterilidad, imposibilidad de realizar el coito y dificultades del parto. A veces hasta se les vuelve a coser después de que dan a luz.

En el ámbito sexual evidentemente disminuye la sensibilidad, el deseo, provoca fobia al coito, dolor, vaginismo, anorgasmia, miedo y rechazo.

Aunque parezca sorprendente, los hombres también tienen afecciones por ello. Están menos documentadas pero se han descrito problemas de alcoholismo y abuso de drogas secundarios a la imposibilidad de realizar el coito, impotencia por miedo a causar dolor con la penetración, búsqueda de placer fuera de la pareja con riesgo de contraer enfermedades y hasta depresión.



Fuente: Aragón Digital
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