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04 de Marzo 2015
El modelo migratorio enfrenta a la gran coalición alemana



Alemania necesita mano de obra extranjera para mantener su nivel de vida. Y esta urgencia por cubrir los huecos que deja una sociedad cada día más envejecida se agravará en los próximos años. Hasta aquí, el diagnóstico de socialdemócratas y democristianos coincide. Pero la distinta respuesta que ambos dan a este asunto vital para el futuro del país se ha convertido en el último campo de batalla de la gran coalición gobernante.

Hace tiempo que el Partido Socialdemócrata (SPD) reclama la necesidad de una ley migratoria. Pero la polémica estalló el martes con la presentación de un documento del líder parlamentario del SPD, Thomas Oppermann, de solo siete páginas, pero cargado de contenido: en él propone un sistema de puntos, análogo al canadiense, para fomentar la llegada a Alemania de trabajadores cualificados de fuera de la Unión Europea. Las críticas de sus compañeros de Gobierno —los democristianos de Angela Merkel y sus hermanos socialcristianos bávaros— han sido inmediatas. “El SPD puede dedicarse a sus asuntos, pero en el acuerdo de coalición que firmamos no hay nada de esto”, dijo rotundo Volker Kauder, líder parlamentario de la Unión Cristianodemócrata (CDU). “Todavía tengo que formarme una opinión al respecto”, se limitó a responder la canciller Merkel.

El sistema que propone el SPD fijaría unas cuotas de mano de obra necesaria por sectores y concedería permisos de trabajo según unos puntos otorgados en función de criterios como la cualificación, la edad, el conocimiento de idiomas o la experiencia del aspirante. “Esta norma debería beneficiar sobre todo a los trabajadores con titulaciones medias, que son los que hoy tienen más difícil emigrar a Alemania. En cambio, con la norma actual, un inmigrante altamente cualificado tiene más fácil trabajar en Alemania que en Canadá”, asegura Thomas Liebig, experto en migraciones de la OCDE.

Bajo esta polémica late una profunda división en el seno de los grandes partidos y, según fuentes conocedoras de las negociaciones de estos días, un cierto desconcierto tanto en las filas democristianas como en las socialdemócratas. Los expertos coinciden en que el boom migratorio ha cimentado la fortaleza económica de Alemania, que el año pasado volvió a quedar en segundo lugar, tras EE UU, en la lista de países preferidos por los extranjeros. 2013 se cerró con un saldo migratorio récord en más de dos décadas, nivel que, según los datos aún no definitivos, 2014 volverá a superar. El saldo neto —entradas menos salidas— del año pasado rondará los 470.000. El Gobierno estima que Alemania va a necesitar hasta 2030 un mínimo de 300.000 trabajadores extranjeros al año, además de incorporar al mercado laboral a más mujeres y mayores. En caso contrario, en 15 años habría siete millones menos de ocupados de los que hay hoy.

Frente a los que piden más mano de obra para alimentar la locomotora alemana, están los que temen una entrada masiva de trabajadores con cualificaciones intermedias. Según estos críticos, la llegada de profesionales técnicos que ahora no lo tienen fácil para emigrar traería un deterioro de las condiciones laborales de los nacionales. Estos argumentos se oyen tanto entre los conservadores como en los sindicatos y en ciertos sectores del SPD.



Fuente: El País
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