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07 de Mayo 2015
La migración, una experiencia positiva


Pienso que la migración es el más controvertido de los temas relacionados con la ayuda al desarrollo. Tanto es así que no estamos seguros de cómo abordar la temática: Sabemos que hay que trabajar "a favor" de los derechos de las minorías y "en contra" de los abusos a la infancia. Pero, cuando hablamos de migración no tenemos claro qué terminología es la correcta. ¿Debemos actuar "en contra" o "a favor" de ella?

Muchas veces nos centramos en los países receptores de esa inmigración a la hora de enfocar la problemática. Pero, ¿qué significa la migración para los países emisores? ¿Qué consecuencia tiene para el que emigra y para su entorno?

Durante los años 2008 y 2009 monitoreé un proyecto implantado, en parte, por una organización internacional especializada en migraciones internacionales. Se trataba de un modelo de migración estacional rotativo. El proyecto consistía en llevar a trabajadores de varias ciudades de Colombia hasta España. Allí, éstos trabajarían en la recolección de melones piel de sapo. Una vez acabado el periodo de recolección, los trabajadores volvían a su país. Al año siguiente, los colombianos reiniciaban el ciclo volviendo a España cuando comenzaba de nuevo la recolección de los melones.

Visité Colombia al final del proyecto y pude comprobar los efectos reales del mismo. Me entrevisté con varios trabajadores colombianos que habían participado en el programa y recuerdo, en concreto, el caso de María y de Evelyn.

María me recibió en su casa de Cali. Por lo miserable de la vivienda (una casita con una sola pieza con dos literas en la que dormían varias personas), pensé que la experiencia migratoria de María no fue tan satisfactoria. Ella y su familia seguían viviendo en la pobreza. María me explicó la historia de su hijo Pedro. Él era un adolescente cuando ella viajó a España la primera vez. Los padres de María se habían quedado a su cuidado. Así, él iba a la escuela. Tanto el niño como los abuelos mejoraron su nivel de vida gracias a los ingresos adicionales que María les enviaba bajo forma de remesas.

Todo parecía idílico hasta que una madrugada María recibió una llamada de su madre. Llorando le comentaba que Pedro había sido detenido por la policía. Había tenido una pelea y había disparado a otro joven con un arma. ¿De dónde sacó Pedro la pistola? María había vivido engañada por sus familiares. Sus padres, ya ancianos, no podían lidiar con el chico quien, tras la partida de su madre, se había vuelto rebelde. Abuelos y nieto llegaron a un acuerdo: se repartirían las remesas enviadas por su madre. Ellos mentirían a María asegurándole que el hijo iba a la escuela y tenía una vida normal y María quedaría tranquila. Pablo abandonó la escuela y se dedicó a actividades inciertas cuyo fruto ya conocemos. Mientras María estaba fuera y, tras el acuerdo con su nieto, los abuelos gozaban de un poco más de dinero para vivir con algo más de holgura. Pedro cumplía condena en una cárcel colombiana. Su madre, María, no podía contener las lágrimas al relatarlo.

El otro caso que me sorprendió es el de Evelyn. Ella vive en Medellín. Afortunadamente, su familia no sufrió ninguna tragedia como la de María. Evelyn viajó a España dos años con el proyecto de migración circular. Con lo recaudado en sus viajes a España, ella compró, para su hijo mayor, un impresionante equipo musical y equipamiento deportivo (chándal, zapatillas de deporte…) de marca. A su hija de seis años, le renovó el vestuario completo. A los pocos días de volver, la madre había gastado todo el dinero que con tanto esfuerzo había ganado en España. El dinero fue gastado en bienes de consumo que a medio y largo plazo no mejorarían su vida. ¿Mereció la pena incurrir en tantos riesgos, sacrificios y complicaciones por un beneficio tan reducido? Recordemos que la mayor parte de la educación que recibe un niño proviene de sus progenitores. Los hijos del migrante pagan un alto precio en términos educativos (y de protección) al ser obligados a renunciar a la presencia de sus padres.

Más críticas. Primera: los inmigrantes son los primeros en sufrir las crisis económicas en los países receptores. Tras la crisis económica de España del 2008, los empresarios agrícolas contrataban mano de obra española, mucho más accesible (y por tanto más barata). Muchos de los trabajadores colombianos que contaban con viajar tres o cuatro años a España, no volvieron a hacerlo.

Segundo: el proyecto tenía como objetivo secundario que los trabajadores colombianos aprendieran de técnicas agrícolas que pudieran serles de posterior utilidad en Colombia. La realidad, sin embargo, es que se limitaban a introducir melones en cajas de cartón durante toda su jornada laboral. Poco aprendizaje se podía sacar de eso.

Podemos dividir las experiencias migratorias en dos categorías: las positivas (aquellas en las que la situación final es mejor que la inicial para todos los actores implicados) y las negativas (aquellas en las que dicha situación es peor).

Para aumentar el número de experiencias migratorias positivas, los países receptores deberían trabajar más en los países donde la migración se origina. En concreto habría que llevar a cabo más acciones de concienciación dirigidas a aquellos individuos que pretender migrar. Esas acciones deberán explicar la realidad a la que los migrantes deberán hacer frente. También, brindar acompañamiento al migrante y a su entrono antes, durante y después de su experiencia migratoria. Y, por último: identificar a aquellos migrantes cuyo perfil corresponda con el efectivamente buscado en los países de destino. Ellos tendrán más posibilidades de vivir una experiencia migratoria positiva.

Miguel Forcat Luque es economista y trabaja para la Comisión de la Unión Europea. El propósito de este artículo fue escrito por el autor por su propio nombre y no refleja necesariamente el punto de vista de la institución para la que trabaja. El propósito de este artículo no compromete la responsabilidad de esta institución.



Fuente: El País
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