Las Migraciones en Aragón

08 de Febrero 2016
Los paritorios de Aragón, cada vez más vacíos



En Aragón cada vez hay menos nacimientos. Desde hace siete años, la natalidad se ha desplomado sin interrupción de forma preocupante. El número de nacidos vivos por cada mil habitantes (tasa bruta de natalidad) ha pasado del 10,23 en el año 2008, al 8,6 que se registró el año pasado, según las cifras contabilizadas en el primer semestre de 2015 —último dato estadístico disponible—.

Es decir, en solo siete años, la tasa de natalidad se ha desplomado en Aragón un 16%, en una región que anda necesitada de rejuvenecer su censo y que tiene amplias zonas de la región bajo el umbral del «desierto demográfico».

La brusca caída de la natalidad es uno de los problemas demográficos que vienen de lejos en esta región. En cuatro decenios, desde 1975, la tasa bruta de natalidad ha caído un 43%. Eso, unido a la despoblación rural, ha conducido a un fuerte desequilibrio demográfico: acusado envejecimiento poblacional, más defunciones que nacimientos y decenas de pequeños municipios atenazados por el riesgo de extinción.

La crisis económica truncó la remontada que se había producido desde finales de los 90, después de años en los que esta Comunidad registró mínimos históricos en cifras de nacimientos.

Hoy por hoy, son un espejismo el cómputo de partos que se daba en Aragón en los años 70 y 80 del siglo pasado. De cuarenta años a esta parte, el número de nacimientos se ha hundido en la región un 35%.

En 1975 vinieron al mundo en Aragón 17.770 bebés; en 2014, menos de 12.000; y en 2015 no pintó mejor: durante el primer semestre del año pasado —últimas estadísticas disponibles— nacieron en Aragón 5.689 niños; de media, menos de 1.000 al mes en una Comunidad autónoma en la que, sin embargo, las defunciones rozan las 14.000 al año.

Nacen menos de los que mueren. En 2014, por ejemplo, hubo 2.118 defunciones más que nacimientos.

La crisis económica, en suma, acabó por aterrizar en los paritorios. Primero, porque el paro es, de por sí, un freno para la natalidad. Segundo, porque el fuerte aumento del desempleo favoreció la emigración, la marcha de jóvenes en busca de mejores oportunidades fuera de la región —y fuera de España—; entre ellos, no pocos inmigrantes en edad de procrear que años antes habían fijado su residencia en Aragón al calor del crecimiento económico y que, con la crisis, pusieron rumbo a otros lugares.

Ahora, pese a que la crisis dio paso a una economía en recuperación, la natalidad sigue sin recuperarse. Al menos de momento.



Fuente: ABC
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