Las Migraciones en Aragón

19 de Julio 2016
De veraneo en Huesca


Cuando se acabó el colegio me aburría mucho después de despertarme. Pero aquí puedo estar con mis amigos y jugar con ellos". Así de contento se muestra Musa, un niño de diez años que vive en la zona del Perpetuo Socorro de Huesca, y al que no le hacía mucha gracia la perspectiva de pasar otro verano de hastío sin salir del barrio.

Pero esa perspectiva cambió a primeros de este mes, cuando comenzó la segunda edición de la Escuela de Verano del Centro Hermano Isidoro de la Fundación Cruz Blanca. Durante las mañanas de julio, una veintena de niños y niñas de 6 a 12 años disfrutan de sus vacaciones escolares sin necesidad de salir de su entorno más inmediato.

La mayoría de ellos son hijos de usuarios de los distintos servicios sociales que ofrece la fundación. Y algunos proceden de los colegios de Huesca con los que la entidad se pone en contacto para ver si tienen algún caso cuyos padres no puedan hacerse cargo durante el verano.

El Perpetuo Socorro es conocido por ser un distrito multiétnico, con elevados porcentajes de población inmigrante y de etnia gitana. "Socialmente, es uno de los barrios más complicados de Huesca, y el más desfavorecido. Por eso estamos aquí, para ayudar a las familias", explica Diego Pardina, maestro y monitor de la escuela de verano.

Otra maestra, Bárbara Esteban, acompaña a Diego en su labor de cuidado y educación de estos pequeños. Una tarea en la que, desde esta semana, cuentan con el apoyo de Adriana Callau, a quien encontramos en su primer día como voluntaria. Estudia Magisterio y llegó a Cruz Blanca de la mano de su madre, médico voluntaria en la fundación. "Muchos de estos niños hacen una vida muy familiar, y estas actividades les ayudan a abrirse a la gente del barrio", aseguraba tras su primer día.

Muchos de sus alumnos han nacido en familias numerosas, y la escuela de Cruz Blanca permite a sus padres "tener un poco más de libertad. Son familias muy ocupadas y, aunque no trabajen los dos adultos, tienen que estar a cargo de muchos hijos, y esto les da un pequeño respiro", asegura Diego Pardina.

La escuela es un servicio para aquellos padres que no tienen recursos para apuntar a sus hijos a colonias de verano de pago. "Es una forma de ayudar a las familias para tener a los niños entretenidos. Como no salen mucho del barrio, y siempre están por aquí, nosotros les animamos a hacer otras actividades o a conocer Huesca haciendo excursiones", relata Pardina.

Unas salidas que son la actividad favorita de Asana, una de las alumnas de la escuela, que tiene 9 años. "Como la que hicimos al Centro de Salud Pirineos", recuerda la niña. Allí pudieron incluso montar en una ambulancia de verdad.

Otras salidas por la ciudad permiten a estos pequeños abandonar por un momento el Perpetuo Socorro y conocer como auténticos turistas los rincones más interesantes de su ciudad. Por ejemplo, con la yincana de los danzantes, que organiza el Ayuntamiento de Huesca. Antes de que naciera Pokémon Go, en la capital altoaragonesa ya se cazaban danzantes con el móvil.

Gracias a la Escuela de Verano de la Fundación Cruz Blanca de Huesca, estos veinte pequeños van a pasar un verano de lo más entretenido al lado de casa.



Fuente: El Periódico de Aragón
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