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25 de Octubre 2016
Italia, 4.000 refugiados en 24 horas; España, 400 en 9 meses



Las cifras hablan por sí solas. Italia recibió 4.000 refugiados en sus costas en las últimas 24 horas. Todos fueron rescatados en la inmensidad del mar, en el canal de Sicilia, cuando intentaban alcanzar Europa infructuosamente en barcas hinchables o de madera.

En cambio, España ha acogido en su territorio a tan sólo 400 refugiados desde principio de año: 50 de ellos procedentes de Italia y los otros, de Grecia. A pesar de ello, el ministro de Interior en funciones, Jorge Fernández Díaz, se jactó la semana pasada en Roma que España se encuentra "entre los cuatro primeros Estados [de la Unión Europea] que participan en el programa de reubicación" de refugiados.

Fernández Díaz participó la semana pasada en la capital italiana en la reunión del G6, en la que se habló del reto de la inmigración y la amenaza del terrorismo islamista. Pero lo que nadie se esperaba es que el responsable en funciones de la cartera de Interior sacara pecho precisamente en Roma sobre el número de refugiados que España ha acogido. Más aun teniendo en cuenta que se trata de una cifra insignificante, comparada a la presión migratoria que soporta Italia.

"Estamos ya en estos momentos entre los cuatro primeros Estados [de la Unión Europea] del total de los que participamos en el programa [de reasentamiento de refugiados]", fueron las palabras exactas del ministro. "Luego podemos decir oiga, el programa comunitario de reubicación va muy por debajo de las expectativas. No le voy a llevar la contraria, pero no se nos puede juzgar a nosotros en solitario", añadió.

Y tan por debajo de las expectativas. El programa de reasentamiento preveía reubicar entre 2016 y 2017 a cuarenta mil refugiados llegados a Italia o Grecia entre todos los países de la Unión Europea. No obstante, en lo que va de año sólo se han transferido 1.318 refugiados desde Italia a otros países: 1.230 adultos y 88 menores. Es decir, una cifra menor a los llegados a las costas italianas en las últimas 24 horas, a pesar de que ya es final de octubre y en esta época del año el número de pateras a la deriva solía disminuir. De momento no ha sido así.

En consecuencia, Italia se encuentra en la actualidad en una situación récord, similar a la de 2014. Desde principio de año ha recibido a unos 145.000 refugiados, cantidad que supone un aumento del 5,55% respecto a 2015. A esta cifra, hay que sumar 20 mil menores no acompañados, es decir, que han llegado completamente solos. Una auténtica bomba de relojería.

En la región de Veneto, en el noroeste del país, la tensión es palpable. Unos 700 refugiados han sido transferidos a un cuartel en la localidad de Conetta di Cona, en la provincia de Venecia, ante la falta de otras estructuras donde alojarlos.

En la región de Apulia, en el sureste, todos los centros de acogida doblan su capacidad. Por ejemplo, en la capital, Bari, 1.500 refugiados se encuentran hacinados en unas dependencias donde en teoría sólo debería haber ocho cientos.

En Mineo, en Sicilia, se sitúa uno de los centros de acogida más grandes de toda Europa. Ahora ya supera todos los récords: se alojan más de 3.000 personas. Y en la localidad de Monastir, en la provincia de Cagliari, en la isla de Cerdeña, unos desconocidos destruyeron la red eléctrica de la antigua escuela de la Policía penitenciara, que estaba siendo habilitada para convertirla precisamente en un centro de acogida para inmigrantes.

A la falta de espacios para alojar a los refugiados se añade la escasez de fondos, o mejor dicho de dinero en efectivo. Muchas de estas estructuras son gestionadas por cooperativas, que el Gobierno italiano financia. Muchas de estas organizaciones han denunciado que llevan meses de retraso en los pagos de la administración y que ya no les quedan fondos para continuar pagando el sueldo de sus trabajadores, ni para garantizar la comida ni los servicios mínimos a los refugiados. Algunas cooperativas incluso han amenazado en dejar de ofrecer dichos servicios y dejar a los extranjeros sin atención, directamente en la calle.



Fuente: El Mundo
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