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01 de Abril 2017
¿Se frena la globalización?



Según la Organización Mundial del Comercio (OMC), el crecimiento en volumen del comercio mundial de bienes ha venido cayendo desde la Gran Recesión de 2008-2009. Cayó casi un 13%, en 2009, pero rebotó casi un 12% a finales de 2010, después, ha estado creciendo por debajo del 3% hasta 2016 y ha caído al 1,7% en 2016. Las exportaciones de los países en desarrollo han superado el 3% anual en dichos años, pero han caído al 1,2% en 2016. Las de Norteamérica han crecido sólo el 0,7%, las de Asia sólo el 0,3%, pero las de Europa han alcanzado el 2,8%. Para 2017, las exportaciones de los países desarrollados crecerán de media el 1,3% y las de los países en desarrollo superarán el 2%. La OMC ha informado que, desde 2008, sus Estados miembros han introducido 2.978 medidas restrictivas al comercio y que a finales de 2016 había 2.238 en vigor.

Las cifras de la OMC muestran que Asia es la que más mercancías ha exportado, partiendo de un índice 100 en 2012 ha llegado al 117 en 2016. Norteamérica es el que más mercancías ha importado, alcanzando un índice 11 en 2016, seguida de Asia y de Europa. La caída del dólar en 2015 ha afectado también al comercio en este periodo, especialmente por la caída del precio del petróleo, que está denominado en dólares. De continuar esta depreciación, los importadores netos de petróleo aumentarán su PIB y los exportadores netos lo reducirán, salvo aquellos países que ya han alcanzado unos niveles de desarrollo elevados y tengan grandes reservas para el futuro, como Canadá, o los que tienen grandes reservas, como Venezuela, Arabia Saudí, Irán, Irak, Kuwait, Emiratos y Rusia. También se ven afectados los países que utilizan métodos de extracción de gas y petróleo de arenas o rocas bituminosas. Ahora bien, mientras que los primeros tienen pozos abiertos y no pueden cerrarlos, los segundos pueden parar cuando quieran y reanudar la producción cuando los precios mejoren.

Asimismo, surgen manifestaciones crecientes en contra del comercio internacional pidiendo aumentos de las trabas al comercio mundial, lo que es un contrasentido cuando lo hacen países desarrollados y de tradición liberal, como EE UU y Reino Unido. Por un lado, el presidente Donald Trump ha mostrado enormes reticencias a firmar el TTIP (Trade and Investment Partnership) que iba a conseguir que las exportaciones de bienes y servicios entre EE UU y la UE crecieran un 28% y que las ganancias netas para la UE sean de 119.000 millones de euros por año y para EE UU de 95.000 millones de dólares al año, según el estudio realizado por Jean Francois (2013), que es un gran experto en comercio internacional. También ha descartado entrar en el acuerdo TPP (Trans Pacific Partnership) entre los países de ambos lados del Pacífico, con excepción de China, que representan el 40% del PIB mundial (Japón, Australia, Nueva Zelanda, Indonesia, Malasia, Brunei, Singapur, Japón, Chile, Perú y Canadá). Finalmente, Trump ha dicho que va a renegociar y desmantelar el TLCAN (EE UU, Canadá y México) por ser el “peor acuerdo de la historia de EE UU”.

Felizmente, su propio Partido Republicano, el Grand Old Party (GOP), ha sido tradicionalmente un decidido defensor del comercio internacional e intentará limitarle o recortarle, tanto en el Congreso como en el Senado, algunas de las decisiones que piensa o que intenta tomar. Un ejemplo diferente ha sido que, con el apoyo de los demócratas, la Cámara de Representantes haya rechazado su pretendida eliminación de parte de Medicare y Medicaid, del programa Obamacare, aun cuando había expresado en Twitter durante las elecciones que nunca retocaría ambos programas.

El Gobierno de Reino Unido, que siempre ha sido favorable al comercio internacional, ha tomado la decisión de salirse de la UE tras un referendo en el que fueron a votar la mayoría de los ciudadanos que estaban sin trabajo, retirados o enfadados y, lamentablemente, pocos de los jóvenes que tenían trabajo. La primera ministra, Theresa May, acaba de invocar al artículo 50 del Tratado de la UE, pero la negociación del Brexit va a ser larga y dura por ambas partes. Aunque todavía no se sabe bien cómo terminará su salida final, todo apunta a que Reino Unido saldrá perdiendo frente al resto de los 27 Estados miembros. Primero, porque implicará una decisión del Tribunal de Justicia Europeo (TJUE), que establecerá que Reino Unido deberá seguir bajo su jurisdicción durante dos años y, probablemente, la transición posterior. Segundo, porque el Brexit tendrá que resolver su interferencia con la Corte Europea de Protección de los Derechos Humanos y Libertades Fundamentales.

De momento, la libra ha caído desde 1,47 dólares el 23 de junio a 1,24 dólares, el PIB crece al 0,7%, el Banco de Inglaterra ha bajado su tipo de interés al 0,25% y el saldo de entradas y salidas ha sido de menos 323.000 personas, de los que 128.000 eran ciudadanos británicos. La OCDE (2017) ha previsto una caída del PIB de Reino Unido del 3,3% hasta 2020 y del 5,2% hasta 2030. Por otro lado, hay que tener en cuenta que el comercio mundial ha cambiado en las últimas décadas. En 1960, el contenido promedio de inputs importados en cada producto final era del 20% y hoy es de más del 40% y, en 2030, será del 60%. Es decir, el comercio mundial, salvo el de las materias primas, estará dominado por las cadenas globales de valor, ya que su participación en el total del comercio mundial ha alcanzado el 40% y aumenta cada año. Esta tendencia hace que los servicios tengan ya tanta importancia relativa como los productos en el total del comercio mundial, que es lo que se mide hoy, al crecer, con mayor rapidez, los procesos de I+D, de IT, de ensamblado, de control de calidad, de factorización, de marca, de distribución, de financiación y de servicio posventa en el valor final de cada producto manufacturado.

Este nuevo modelo de producción global de manufacturas reduce los movimientos migratorios internacionales de personas (salvo en buena parte del sector agríco­la y del sector de los servicios) hacia los países desarrollados, que todavía siguen necesitando inmigrantes, reduciendo, en buena parte, el rechazo que la inmigración había desatado en muchos de ellos. Además, la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo (2015) ha demostrado que gran parte del comercio mundial no está contabilizada por las estadísticas actuales, llegando, en algunos casos, hasta un 67%. Es decir, que la globalización del comercio es mucho mayor de lo que actualmente se contabiliza. En parte es debida a errores estadísticos en el tránsito de mercancías en los puertos, aeropuertos y depósitos, y también a los mercados de futuros de dichos productos.

Todas estas tendencias muestran que el mundo está crecientemente globalizado, pero también que están creciendo tendencias proteccionistas en algunos países desarrollados, fundamentalmente por el auge de movimientos populistas surgidos tras la Gran Recesión. Buena parte del nuevo rechazo a la globalización se debe a las entradas de inmigrantes provenientes de países en desarrollo, pero es porque son la gran mayoría de la población mundial.

Las proyecciones de la población mundial de Naciones Unidas para 2015, 2050 y 2100 muestran que pasará de 7.349 millones hoy a 9.725 millones en 2050 y alcanzaría 11.213 millones en 2100. La población de Europa caería de 738 millones a 707 millones en 2050, y a 646 millones en 2100. África aumentaría de 1.186 millones a 2.478 millones en 2050, y a 4.387 millones en 2100, es decir, África llegaría a tener casi 6,8 veces más habitantes que Europa. Además, la población europea cae y envejece, mientras que la africana aumenta y es joven, por lo que lo lógico es que haya una creciente migración de África a Europa. Sólo la población de Nigeria superará los 752 millones, más que los 646 millones de toda Europa, incluida Rusia. Asia alcanzaría 4.889 millones, 7,5 veces más que Europa. La población española ha pasado de 28 millones en 1950 a más de 46 millones en 2015, pero caerá a 44.800.000 en 2050 y a 38.300.000 en 2100. Sin más inmigrantes que coticen, los sistemas de pensiones y de Seguridad Social serían inviables.

Guillermo de la Dehesa es presidente honorario del Centre for Economic Policy Research (CEPR) de Londres.



Fuente: El País
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