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05 de Abril 2017
Miles de enfermeras vuelven de Reino Unido: "¿Inglaterra es fenomenal? ¡Y una leche!



Las enfermeras y enfermeros españoles en Reino Unido se han cansado. La historia de amor entre los diplomados y los hospitales británicos parece que ha tocado a su fin. Todos esos alegres testimonios de jóvenes, hasta 8.000, que cambiaron de aires ilusionados y se asomaban a los medios de comunicación alabando su nueva vida y todas las oportunidades que se les abrían tras decidirse a emigrar, han cambiado radicalmente el tono. Casi una cuarta parte de los que se marcharon entre 2010 y 2014 ha regresado en el último año. "Y los que aún no lo han hecho es porque no pueden, pero están apuntados a todas las bolsas de trabajo españolas", precisa Pedro Soriano, uno de estos enfermeros que se volvieron en 2016, el gran año del retorno.

Y ya no se marchan tantos. "Nosotros sabemos los que se van, que van siendo cada vez menos desde estos dos últimos años, porque nos tienen que pedir un certificado de penales y otros documentos", confirma Íñigo Lapetra, portavoz del Consejo General de Enfermería. "Los que se marcharon son sobre todo andaluces y, al final, después de tres años o así todos quieren regresar", argumenta Lapetra.

El salario te sale lo comido por lo servido, y si vives en Londres, aunque sea lejísimos del centro, pierdes dinero.

Ese es el caso de la madrileña María, de 36 años. Después de seis años en Reino Unido, dice que está "hartísima". Tanto, que afirma con un punto de alteración en la voz que no aguanta más y está usando sus vacaciones de un hospital de York para preparar una oposición en España. María también desmonta uno de los tópicos de ese "sueño inglés", el de los sueldos: "El salario te sale lo comido por lo servido y si vives en Londres, pierdes dinero". Los enfermeros cobran en torno a las 1.300 libras. Una cantidad "que está muy bien si vivieras en España, pero que para gastar allí no te da ni para pipas. Además, solo te da para residir en pisos compartidos y lejísimos del centro". Los primeros años en Reino Unido estuvo en Londres, "pero no podía subsistir". Luego se mudó a York. Y la cosa fue a peor: "Ahora me da poco más que para sobrevivir y encima me aburro muchísimo".

Pedro Soriano, ilicitano de 31 años, consiguió regresar. Ahora trabaja en el Hospital Clínico, en Madrid. Estuvo cuatro años en Oxford. Su tono es menos desesperado que el de María, aunque confirma punto por punto las mismas impresiones. "Entramos en avalancha, como 30 españoles de golpe, con muchas ganas y mucha ilusión, pero poco a poco se pierde la fuerza. A los tres años todos nos habíamos ido. No son capaces de mantener al personal y esa es también la clave de que siempre necesiten gente y sea tan tentador marcharse para allá".

Orientación sexual y burocracia

"Las condiciones mejoran cuando llevas ocho años, pero esos ocho años hay que pasarlos... La mayoría hemos regresado a España, pero algunos lo han utilizado de puente hacia otros lugares, especialmente Australia o África", explica el alicantino. Una de las cosas en las que todos están de acuerdo es en la decepción que les supuso el trabajo en sí. El sistema es muy diferente al español. Como asegura Laura, una sevillana de 27 años ya instalada en Cádiz, "allí necesitas hacer cursillos para todo, si no, pierdes tu número de colegiado. Las tareas son las que en España hace un auxiliar. Y te pasas todo el día haciendo papeleos y mandando faxes". "¡Yo trabajo con neonatos y nada más que he tocado papeles y burocracias, no he tocado niños!", refuerza María las tesis de Laura. "La burocracia es horrible", apuntala Pedro, que ejemplifica: "Está todo tan reglado, que cuando firmas el contrato tienes que decir tu orientación sexual. En teoría es por si alguien te acosa sexualmente o te insulta".

El alicantino Pedro, además, cree que las oportunidades de ascenso de los españoles son muy limitadas. "La enfermería española está bien vista allí, pero los españoles estamos mal vistos, y eso cansa porque luego no te dan las mismas oportunidades de trabajo", asegura. "No digo que haya racismo", matiza, "pero no te tratan igual que si fueras de allí". Tampoco la integración en otros aspectos más cotidianos termina de ser todo lo completa que pensaban cuando se marcharon.

"Hay sitios tan cochambrosos que no se le cambia el pañal a un anciano más que una sola vez al día", explica una de las que regresaron.

"Al final, los españoles vivimos con españoles y vamos a las fiestas de españoles, que siempre hay alguna. Es todo muy endogámico". En resumen, apunta una fuente del Consejo General de Enfermería, "es una especie de experiencia Erasmus para aprender inglés. Hay que pensar que muchos de los que se van son gente muy joven, de 23 años. Y los que se quedan son muy pocos, solo los que se casan allí o tienen hijos con personas no españolas".

"En las universidades, en los dos últimos años, ya nadie levanta la mano para preguntarme por la idea de trabajar en el extranjero", corrobora Carmen Bodas, secretaria de Organización del sindicato de enfermería Satse en Madrid. "Las causas son variadas, pero yo apuntaría fundamentalmente a dos: por un lado, funciona el boca a boca negativo de los que se fueron hace unos años y cuentan que la experiencia no es ni mucho menos tan maravillosa, y, por otro lado, que las funciones que ejercen fuera son de Formación Profesional y están bastante por debajo de sus expectativas, sobre todo de las de los recién licenciados".

Boca boca negativo

Los que siguen allí están apuntados a todas las bolsas de trabajo o estudiando oposiciones para ocupar una plaza en España. Estas de ahora, que son muy numerosas, van a ser el punto de inflexión para el regreso. Pero a la hora de la partida se encuentran con una curiosa paradoja. Si buscan empleo en el sistema público de salud británico (NHS), se encontrarán pésimas condiciones de trabajo, una categoría muy distinta a la acostumbrada en España y "sitios un poco cochambrosos en los que no se cambia a un anciano el pañal más que una vez al día", pero acumularán puntos para luego optar a una plaza en España. Si por el contrario optan por lo privado, "que está mejor pagado y las condiciones son mucho mejores en general", se condenarán a tener mucho más difícil el regreso porque no suman. Este último caso es el de María. Por eso prepara unas oposiciones al cuerpo de enfermeros de prisiones. Allí es una oposión pura (si apruebas, entras) y no un concurso-oposición. De todos modos, no lo tendrá sencillo. Los exámenes son el 23 de abril y optan unas 1.500 personas a 150 plazas. Uno de cada 10 lo conseguirá.

Entonces, ¿por qué se marcharon tantos? "Me fui en 2011 porque gente de mi promoción se había ido y decían que se estaba fenomenal y que todo era estupendo...¡Y una leche, de fenomenal nada!", recuerda ahora María. "El día a día es horrible, te alargan las jornadas, no te pagan las horas extra y sales de noche. Además, siempre está lloviendo". Una razón atmosférica a la que también se apunta Pedro: "Me cansé de la lluvia y el cielo gris".



Fuente: El Confidencial
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