Las Migraciones en Aragón

14 de Abril 2017
El corazón latino de la Universidad de Zaragoza



Entre las décadas de los 60 y 70, más de 600 jóvenes hispanoamericanos llegaron a la capital aragonesa para estudiar –en su mayoría- la carrera de Medicina en Zaragoza. El grupo de estudiantes peruanos y colombianos era el más numeroso, pero también había alumnos procedentes de Venezuela, Honduras, Puerto Rico, Nicaragua o Panamá, entre otros países.

Se formaron como médicos en Zaragoza y muchos de ellos echaron raíces en Aragón, donde han nacido sus hijos y nietos. Otros, marcharon a ejercer la profesión en varias provincias españolas, algunos países europeos y también hubo algunos que regresaron a su país de nacimiento. Todos tienen en común lo mismo: un gran afecto por la capital del Ebro, la ciudad que les acogió en su juventud, durante sus años de formación.

Décadas después, varios de aquellos alumnos que residen en Zaragoza, hoy médicos jubilados, se reúnen periódicamente en el bar La Rueda, en el "Rincón de los peruanos", como se conoce la esquina del establecimiento en el que, además, existe una placa que recuerda este singular punto de reunión.

Estudiantes hispanoamericanos en Zaragoza

El "Rincón de los peruanos"

Sin embargo, otros compañeros de carrera viven fuera y no han vuelto a verse en largo tiempo. Por eso, un grupo de estos amigos, la mayoría egresados de la Facultad de Medicina de la Universidad de Zaragoza que llegaron a la ciudad entre los años 60 y 70, tuvo la idea de organizar un reencuentro que se celebrará entre los días 25 y el 27 del próximo mes de mayo, y que contará con un acto central al que asistirá el rector de la Universidad de Zaragoza José Antonio Mayoral.

Una gran amistad

La idea surgió el pasado año tras la visita de William Fragoza, un médico anestesista de Venezuela, que en compañía de Fernando Díaz Pardo, José l. Rodríguez Coello, Miguel Manzanares y sus esposas, Elena Pardo, María Ángeles Viñuales y Begoña González Abad se preguntaron por qué no organizar un reencuentro este año. Con la ayuda de otros buenos amigos como Wilson Otero Mazo, Adolfo Morales, Alberto Galarza y Juan Lugo Munive, fueron dando forma a esta iniciativa.

“De una cosa si estamos seguros, podrán pasar los años, podrán cambiar nuestros rostros y nuestros cuerpos, pero en este reencuentro hay dos cosas que no cambiarán jamás: nuestra amistad y la gran acogida que siempre ha brindado esta gran ciudad a sus visitantes”, declaran  los organizadores en la página web creada para la ocasión.

“Por el momento se han inscrito unas 70 personas, entre los hispanoamericanos de aquella época que estudiamos en Zaragoza, los que se volvieron a los países de origen o se fueron distribuidos por el resto de Europa. Entonces éramos una colonia numerosa respecto a otras europeas o arábigas. La mayoría éramos los peruanos, algo más de 200”, cuenta Miguel Manzanares, médico peruano residente en España desde hace 52 años.

La llegada

“Vinimos así, de pronto, más de 600, entre venezolanos, colombianos, ecuatorianos, centroamericanos, e incluso norteamericanos”, explica Wilson Otero, médico colombiano –y músico- llegado a Zaragoza en 1969. “Entonces era más fácil ingresar en Medicina en España porque aquí no había que hacer examen de admisión, a diferencia del resto de Hispanoamérica, donde además había números clausus”, añade.

“La idea primaria fue estudiar pero algunos no acabaron, se dedicaron a otras cosas, a negocios, o escogieron otras carreras como Veterinaria, Derecho… pero la gran mayoría entramos en Medicina”, apunta Otero.

“Un día hablando entre amigos, en mi pueblo, en Piura, donde han ahora están pasando todos los desastres de las lluvias, pensé en ir a estudiar Medicina a Argentina. En aquella época, la mayoría iba a Argentina, así como la parte norte iba a México o EE. UU., los de la parte central y Sur íbamos a Argentina o Brasil, también de Colombia.

Estudiantes hispanoamericanos en Zaragoza

Grupo de estudiantes peruanos

“Estuve a punto de hacer el ingreso en la Universidad de Córdoba (Argentina), donde tenía que realizar un examen de ingreso sobre Geografía del país y varias cuestiones administrativas. Por cuestiones de la vida, me encontré con unos amigos que me dijeron que en España el acceso era más sencillo y así cambió toda mi vida”, recuerda Otero.

Wilson Otero llegó a Zaragoza en septiembre del 1969 procedente de La Dorada, su pueblo natal, a 2 horas de Bogotá. “Otros tenían medios económicos pero en mi caso, mi padre era un obrero e hizo muchos esfuerzos para poder enviarme a estudiar a Zaragoza. Para mí fue un orgullo que mis padres se sacrificaran para que uno de sus hijos estudiase”, añade.

El viaje fue toda una aventura para el joven colombiano: “Me da mucho miedo volar y aun así vine en un avión de los de antes, un cuatrimotor de hélice, un Super Constellation, que hizo escala en San Juan de Puerto Rico antes de llegar a Madrid”.

Otros vinieron por mar, como lo hizo Miguel Manzanares, en un viaje de 15 días duración. Tampoco los barcos eran como los de ahora. Pese a la incertidumbre y el miedo, la aventura que suponía emprender un nuevo rumbo era más poderosa que cualquier temor.

Aunque acceder a los estudios de Medicina en España fuera más sencillo que en sus países de origen, aquellos jóvenes que habían cruzado el charco tuvieron que demostrar –y así lo hicieron- que poseían la misma vocación y preparación para la carrera médica que cualquier otro alumno.

“Cuando vine a Zaragoza tenía 17 años y como era menor, la familia Marín Yaseli fue mi tutora. Llegué un 6 de agosto de 1964, a las 4.00 de la madrugada, a la antigua estación de Campo Sepulcro (hoy Portillo) y me alojé en una pensión en la plaza del Portillo, al lado de la iglesia. Ahí estuve una temporada, luego me fui al colegio hispanoamericano y, finalmente, a un piso con unos compañeros”, explica Manzanares.

Raíces en Aragón

Muchos de aquellos estudiantes decidieron quedarse al terminar la carrera. La situación en sus países era inestable “pero nosotros no veníamos por cuestiones políticas, sino para estudiar. No nos metíamos en política”, aclara Otero.

Comenzaron a ejercer como médicos en Aragón y otras comunidades españolas, principalmente en Cataluña. Pero el vínculo ya no solo era laboral: Me enamoré de una maña…”, cuenta Manzanares, “…y te amañaste -bromea Otero-. "La historia de casi todos es parecida, es la ley de la vida”, subraya.

“Terminamos la carrera, unos nos fuimos a los pueblos, otros se quedaron en la capital, trabajando en la sanidad pública o en la privada: en el Clínico, el Servet, el Provincial, San Juan de Dios y algunas clínicas privadas que había, -señala Manzanares-. Yo escogí el medio rural y estuve hasta que me jubilé en Magallón,. Anteriormente había ejercido en Guadalajara durante 22 años en varios pueblos. Luego volví a Aragón y fui médico en Gallur, Illueca, Herrera…”.

Cultura y deporte

En el torreón Norte, en la segunda planta de la Facultad de Medicina (hoy edificio Paraninfo) se encontraba la sede del Centro Cultural Hispanoamericano de Zaragoza. “Allí teníamos un rinconcito con un piano y como a los que venimos de aquellas tierras la música nos tira mucho uno empezó a tocar el piano, otras las congas, el güiro, las maracas… y se creo un ambiente muy bueno que disminuía un poco la nostalgia que sentíamos por la familia, los amigos e incluso las novias que algunos habían dejado atrás”, rememora Otero.

Estudiantes hispanoamericanos en Zaragoza

Los Guajiros

Entre los estudiantes, hombres en su mayoría, también había mujeres. “En aquella época no salían mucho a estudiar, o los familiares no les dejaban por temor a que les ocurriera algo -dice Otero-. En total eran unas 20 alumnas procedentes de Puerto Rico, Nicaragua, Honduras, Perú y Colombia, principalmente”.

El Centro Universitario Hispanoamericano de la Universidad de Zaragoza contaba , además, con un equipo de fútbol, existían selecciones de alumnos de Perú, Colombia… y también disputaban partidos de baloncesto entre equipos de estudiantes de Puerto Rico, Perú o Panamá. Tenían, prácticamente, una liga internacional.

"Los reyes del mambo"

“Nos integramos inmediatamente, sin ningún problema, -afirma Otero- Éramos los reyes del mambo, los únicos hispanoamericanos de la ciudad. No había más, a excepción de los de la base americana. Al principio no teníamos mucha relación con ellos pero con el tiempo fue creciendo, incluso actué en el club de oficiales con Los Guajiros, el grupo que formamos varios amigos. Nos atendían muy bien y era un mundo un poco más cercano al nuestro porque, en ciertos aspectos, la forma de vida era parecida a la de nuestros países.

Cuando salían por la ciudad, aquellos estudiantes llamaba la atención por su forma de hablar. “Era un gancho para las chicas y como éramos pocos… por eso digo que éramos los reyes del mambo”, bromea Otero.

En sus momentos de ocio, los lugares que más frecuentaban era el Tubo, la cervecería Los Espumosos (la que estaba en Independencia),  el bar La Cochera (Casa Jiménez), el San Remo (Ponciano Ponzano), Benidorm (avenida de Goya), El Pájaro Azul y La Choza (en Doctor Cerrada), El Viejo Paraguas (plaza de San Francisco) o El Mónaco, en Gran Vía, “donde comenzó y se fraguó el grupo musical Añoranza”, revela Otero.

Estudiantes hispanoamericanos en Zaragoza

Asociación de Estudiantes Colombianos de Zaragoza (Adecoz)

Aquellos alumnos del otro lado del charco crearon varias asociaciones, entre ellas la de Estudiantes Peruanos y la de Estudiantes Colombianos de Zaragoza (Adecoz), que organizaba visitas al monumento a Simón Bolívar del parque Grande y también crearon un grupo folclórico con el que actuaron en varios puntos de Aragón, en Sevilla, Talavera de la Reina y Madrid.  “Además, también teníamos muy buena relación con las casas regionales”.

Vuelo directo Zaragoza-Nueva York

El elevado número de universitarios hispanoamericanos propició que la agencia de viajes Espatur, decidiera fletar un vuelo chárter directo entre Zaragoza y Nueva York que partió el 3 de julio de 1972 con destino a la ciudad norteamericana. A bordo viajaron 179 estudiantes que se dirigían a sus países de origen para pasar las vacaciones de verano con sus familiares.

La compañía de viajes también preveía realizar en Navidades otros 3 vuelos con destino Miami, San Juan de Puerto Rico y Nueva York, “para que cada cual elija desde Zaragoza el destino más cercano al lugar donde ha de pasar las vacaciones”.

El 8 de septiembre de 1972, el avión Nueva York-Zaragoza aterrizaba en la pista del aeropuerto zaragozano con el mismo número de universitarios que habían partido en julio. Esta vez, llegaban a la capital aragonesa tras 6 horas de plácido vuelo para incorporarse de nuevo a las clases.

Un emotivo reencuentro

“De aquella época, los que quedamos hoy en Aragón no llegamos a 100. Los que estamos por aquí nos vemos de vez en cuando pero hay muchos que han desaparecido”, lamenta Otero.

Una veintena de médicos que viven fuera de la Comunidad aragonesa acudirán al reencuentro del próximo 25 de mayo. “Se ha hecho lo posible por contactar con los antiguos compañeros. Creamos un grupo de Whatsapp, luego una web y una dirección de correo para ir contactando. Aunque está siendo muy trabajoso organizar una reunión así merece la pena”, asegura el médico colombiano.

Estudiantes hispanoamericanos en Zaragoza

En esta reunión rendirán homenaje al profesor doctor Rafael Gómez Luz, catedrático de Microbiología, “una persona muy querida para nosotros”. También está invitado Pedro Cía Gómez, Gregorio García Julián y Benedicto Delgado Delgado, “todos ellos profesores nuestros”, indican Otero y Manzanares.

La mayoría de estudiantes hispanoamericanos de Medicina que llegaron a Zaragoza  en los 60 y 70 formaron en España una nueva familia, pero siempre han mantenido la conexión con sus países de origen y viajan con frecuencia para visitar a los familiares que quedan, del mismo modo que mantienen el vínculo con los antiguos colegas de profesión y las amistades que forjaron durante sus años de carrera.

“Es una aventura que gracias a Dios podemos contar y queremos recordarla con los compañeros que vengan en mayo, plasmar toda esa alegría y las vivencias”, aseveran Miguel Manzanares y Wilson Otero.



Fuente: Heraldo de Aragón
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