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29 de Octubre 2017
Los "chiñoles" vuelven a la tierra de sus padres en busca de oportunidades



Nacieron en España de padres chinos y, pese a su fisonomía asiática, se sienten y son plenamente españoles. Sin embargo, hoy se cuentan por decenas los 'chiñoles' que se están yendo (que no volviendo) a China, atraídos no por vínculos sentimentales sino por motivos laborales.

Realizan, por tanto, el viaje inverso al que realizaron sus padres en las últimas décadas del siglo pasado. Salen a buscar oportunidades a tierras que no reconocen como propias, a la gran potencia en la que se ha convertido China, el país que sus padres dejaron cuando la economía no era tan próspera.

"Se van para buscar un futuro mejor de la misma manera que sus padres se fueron a España. Ellos ven China como el lugar donde desarrollar sus proyectos profesionales", cuenta a Efe Irene Masdeu, doctora en Traducción y Estudios Interculturales por la Universidad Autónoma de Barcelona.

Con el apoyo de la fundación Chiang Ching-kuo de Taiwán, esta antropóloga está estudiando este fenómeno y ha entrevistado a decenas de hijos de inmigrantes chinos que han crecido y socializado en España y ahora están en China.

Lejos de lo que podría pensarse, los jóvenes no deciden irse a China por motivos sentimentales y tampoco se puede hablar de "un retorno" porque "ellos no emigraron" sino que nacieron en España.

De hecho, apunta, hay "un paralelismo muy claro" con los españoles que se han ido de su país por la crisis y que han elegido buscar trabajo en la segunda potencia económica del mundo.

"Si tuviéramos trabajos decentes con salarios decentes está claro que viviríamos en España porque allí se vive mucho mejor. Yo tengo claro que volveré", cuenta a Efe Ou Sun de 27 años, licenciado en Administración de Empresas, quien trabaja en Shanghái en una promotora inmobiliaria.

El trabajo, cuenta, es el único motivo que le hizo salir de España y eligió China con la cabeza, no con el corazón. De hecho, no fue hasta los 22 años cuando viajó por primera vez a este país, acompañado de sus abuelos.

Fue por "pura curiosidad" a conocer su pueblo, a Qingtian, de donde vienen la mayoría de los chinos que llegaron a España para trabajar en tiendas y restaurantes.

"Mis amigos son españoles, mis padres trabajaban todo el día y tampoco se preocupaban tanto por transmitir la cultura china por lo que no es que tenga muchos vínculos afectivos que me atraigan al país", apunta.

De hecho, cuando le contó a su madre que quería ir a China ella no se lo tomó muy bien. "Me dijo, ¿para qué te vas a China si lo tenemos todo aquí? ¿Yo que he hecho todo el esfuerzo para traer a toda la familia a España y ahora tú te quieres ir?".

Sus padres son dueños de un restaurante chino en Barcelona, igual que la madre de Natalia Zhu, quien tiene uno en Alcalá de Henares. Sin embargo, ella sí se alegró de que su hija se fuera, hace también cuatro años, a aprender chino en Pekín.

"Para mi madre fue la mayor alegría de su vida cuando le dije que me venía a estudiar chino", contó a Efe.

Y es que muchos de los 'chiñoles' no hablan mandarín. Fueron criados por sus abuelos, quienes les enseñaron parcialmente dialectos, pero nunca aprendieron la lengua mayoritaria de China ni mucho menos a escribirla.

"Mi madre intentó que aprendiéramos chino pero no tuvieron el tiempo suficiente para enseñarnos y yo pensaba '¿para qué, si estamos en España?'. Lo rechazaba, hasta que maduré y me di cuenta de que era algo positivo", agrega.

Zhu es licenciada en Química y trabaja en una petrolera española en Shanghái. Como señala Masdeu, estos jóvenes que hoy rozan la treintena son la primera generación de hijos de inmigrantes preparada y están llamados a acabar con el estereotipo que relaciona a los chinos con dos trabajos, tiendas y restaurantes.

Otra hija de restauradores chinos es Ruiqi Zhou, una diseñadora de interiores originaria de Valladolid que también decidió venir a China a buscar trabajo. "Acabé la universidad, estaba todo muy mal y decidí venir a estudiar el idioma. Encontré unas prácticas y me quedé", explica.

De niña, cuenta, tuvo que renunciar a la nacionalidad china que había heredado de sus padres para poder ser española y, como "no puedes volver", está en el país como cualquier otro inmigrante.

De los entrevistados, solo una joven (que prefirió ocultar su nombre) reconoció que tiene "un conflicto interior" entre China y España.

"Yo vine a China de muy pequeña y desde entonces vengo cada año, paso temporadas con la familia. En casa también trabajan por que aún mantengamos la cultura y el contacto con nuestra gente y por eso no tengo muy claro cuál es mi país", explica.



Fuente: El Economista
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