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23 de Noviembre 2017
Avalancha de pateras en 2017: 20.000 inmigrantes marcan un récord desde 200



Cuando en agosto volvió por fin la calma al Rif, esa región rebelde del norte de Marruecos, las autoridades españolas vaticinaron que los flujos de migración irregular entre Magreb y España volverían a la normalidad. No en balde, los activistas rifeños aseguraban que Rabat había enviado a la provincia de Alhucemas, la más reivindicativa, no menos de 25.000 policías y gendarmes para acallar las protestas. Ese despliegue le impedía atender con eficacia la vigilancia de sus costas.

El pronóstico no se cumplió. Octubre ha sido hasta ahora el peor mes del año. Solo Salvamento Marítimo rescató a 2.927 inmigrantes en el mar, a los que hay que añadir los que fueron salvados por la Guardia Civil y por la Armada. Los 'sin papeles' no solo llegan ahora de Marruecos por tierra, a través de Ceuta y Melilla, y por mar. Se ha abierto el frente argelino en dirección a Murcia, y el del Atlántico, entre Canarias y Mauritania, suministra datos preocupantes.

Hasta el 19 de noviembre llegaron a España 19.983 inmigrantes por mar y otros 3.204 a través de Ceuta y Melilla, según el Ministerio del Interior, el doble de los que lo hicieron en 2016. En el camino fallecieron, generalmente ahogados, otros 161, los tres últimos el domingo de madrugada frente a Ceuta. A este paso, 2017 será el peor año desde que, en 2006, 515 cayucos trasladaron a Canarias a 31.678 'sin papeles', a los que hubo que añadir otros 7.500 que desembarcaron en las costas del sur de España.

De las tres grandes rutas migratorias del Mediterráneo, dos están en declive, aunque aún arrojan cifras superiores a las de España, mientras que una está en auge: la que une al Magreb con la península Ibérica. El flujo de la más importante, la que conduce de Libia a Italia, disminuyó hasta el 17 de noviembre un 31,7% (de 167.828 inmigrantes en 2016 a 114.606 en 2017), según el Ministerio del Interior italiano. En la segunda ruta, la que enlaza Turquía con Grecia, la caída fue aún más acentuada (de 170.679 en 2016 a 25.614) gracias a la colaboración del Gobierno de Ankara.

No solo el incremento de los desembarcos de irregulares llama la atención al Ministerio del Interior español, sino también la nacionalidad de los inmigrantes. De nuevo, como hace más de una década, los marroquíes son los más numerosos (23,1%), seguidos por argelinos (20,9%), y solo en un tercer lugar se colocan los subsaharianos (marfileños, guineanos, cameruneses, malienses, nigerianos, etcétera). Juntos, los subsaharianos alcanzan el 55,8%.

El número de marroquíes y argelinos es probablemente superior al de los censados por las fuerzas de seguridad. A diferencia de los subsaharianos, intentan no ser apresados al poner pie en España porque saben, sobre todo los marroquíes, que muy probablemente serán devueltos en un plazo corto a sus países de origen. En el caso de los argelinos, las devoluciones se efectúan solo en barco, a través del ferri Alicante-Orán, y con cuentagotas, pero aun así el riesgo de regresar a la fuerza a Argelia existe.

69 inmigrantes llegaron al puerto de Motril (Granada). (EFE)
69 inmigrantes llegaron al puerto de Motril (Granada). (EFE)

La apertura de ese frente argelino constituye, junto con el desglose de las nacionalidades, otra sorpresa para Interior. El pasado fin de semana, desembarcaron en Murcia nada menos que 519 inmigrantes, en su mayoría argelinos, en 49 pateras que zarparon horas antes de Argelia. Se añadían a otros 700 llegados desde que empezó el otoño. Nunca se había producido tal incursión migratoria en las costas de Murcia, como resaltó el lunes Francisco Bernabé, delegado del Gobierno en aquella comunidad.

La incursión habría podido ser aún más numerosa si la Marina argelina no hubiese interceptado a finales de la semana pasada a otras 286 personas que ya navegaban camino de España, según anunció en un comunicado el Ministerio de Defensa de Argelia. En el texto, reconoce que "la emigración clandestina adquiere mayores vuelos". Lo sucedido en Murcia fue, según Bernabé, nada menos que "un ataque coordinado contra nuestras fronteras". Por eso, el ministro del Interior, Juan Ignacio Zoido, pidió públicamente el domingo a Argel que ejerciera una mayor vigilancia de sus costas. Anunció además una reunión esta semana con la embajadora de Argelia en España, Taoud Feroukhi, para abordar la "avalancha alarmante de pateras".

Aunque el repentino aumento de pateras desde Argelia es llamativo, mucho más numerosas son las que zarpan de Marruecos. Aun así, Zoido y el propio presidente Mariano Rajoy nunca han formulado una petición similar a las autoridades de Rabat, sino que en todo momento han elogiado su cooperación con España en la lucha contra la inmigración irregular.

Pese al asombro oficial, había razones para pensar que la presión migratoria aumentaría desde un país como Argelia, golpeado desde 2014 por la caída del precio de los hidrocarburos, su principal fuente de ingresos. La empresa encargada de tramitar los visados (BLS International) para el consulado de España en Argel suspendió, por ejemplo, el 23 de octubre y durante casi un mes, la aceptación de nuevas solicitudes por el colapso del sistema, según reconoce en su propia web. El Ministerio de Asuntos Exteriores contrata compañías que no siempre están en condiciones de dar un servicio correcto.

En las dos primeras semanas de noviembre llegaron también a Canarias dos pateras, procedentes de Mauritania, con 45 'sin papeles' a bordo, y una tercera, con otros 47 senegaleses, fue interceptada cuando acababa de zarpar. Estas cifras pueden parecen muy pequeñas, comparadas con los flujos del Mediterráneo, pero hace años que dos embarcaciones con inmigrantes no atracaban en las islas en tan poco tiempo. La Guardia Civil afirmó, no obstante, que aún no se podía certificar que haya un repunte migratorio.

Una vez disipado el pretexto del despliegue policial en el Rif, que detraía recursos de la vigilancia costera, las fuerzas de seguridad españolas y las ONG que trabajan con inmigrantes buscan otras explicaciones al auge migratorio. La más frecuente es que el sufrimiento que conlleva pasar por Libia y, en el caso de los subsaharianos, las crecientes trabas para atravesar Níger rumbo a la costa norteafricana han incitado a buscar rutas alternativas. Ni Marruecos ni Argelia estaban preparados para este incremento de la presión que empezó en primavera.

Otra explicación, que mencionan algunas fuentes de inteligencia, es que Rabat utiliza por enésima vez la inmigración como un instrumento de presión para alcanzar sus objetivos diplomáticos. Cuanto más conscientes sean sus vecinos españoles de los perjuicios que les puede causar si se desentiende del control de sus fronteras, más lo apoyarán en las negociaciones en curso con la UE.

Marruecos debate actualmente la adaptación de su acuerdo agrícola a la sentencia de la Corte de Justicia europea que, en diciembre de 2016, estipuló que el Sáhara Occidental no le pertenecía. Está además pendiente de que los jueces de Luxemburgo se pronuncien sobre el acuerdo pesquero porque los abogados del Frente Polisario argumentan que la flota europea no puede faenar en aguas del Sáhara sin el visto bueno del pueblo saharaui.



Fuente: El Confidencial
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