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29 de Enero 2018
El debate de las pensiones está abierto en España para trabajadores y empresas



En España está abierto el debate sobre si conviene desligar las pensiones no contributivas del sistema e integrarlas en el presupuesto, eliminar las tarifas planas y otras bonificaciones sin sentido, revisar las bases de cotización máxima que, a partir de un determinado umbral, no se incrementan de acuerdo al salario e, incluso, introducir un impuesto de manera transitoria, con carácter finalista, para lograr el equilibrio financiero necesario. Estas pueden ser solo alguna de las medidas con efectos inmediatos e imprescindibles para garantizar la pervivencia del sistema de pensiones.

Además, las empresas –grandes y pequeñas– también tienen sus dificultades y en el caso de las pymes tienen carencias en materia de contribuciones a las jubilaciones de sus empleados. Menos del 1% de los trabajadores de las pymes disponen de planes de pensiones de empleo.

Pero encauzar todas estas cosas no será posible si no se pone encima de la mesa un proyecto sólido de país, con un modelo de crecimiento basado en la economía productiva, capaz de generar valor añadido y alcanzar niveles de creación de empleo y remuneración acordes con una economía desarrollada, porque solo de sol no vive el hombre. 

Declive demográfico

Todo tiene su contexto. Europa, cuna de civilizaciones y Viejo Continente, hace honor a su nombre, no solo por su origen sino porque se ha convertido en un continente de "viejos". Después de una historia reciente marcada por dos grandes guerras mundiales, a las que siguió un baby boom, asistimos ahora a una revolución tecnológica y a un cambio de roles y valores sociales, que han derivado en un declive demográfico, virando hacia una inversión de la pirámide poblacional, adelgazando su base y ampliando su vértice.

En esta línea, España se erige en la campeona europea, y alcanzará el punto de inflexión poblacional el próximo año, según las estimaciones del INE. A partir de ahí, ceteris paribus, en cincuenta años habrá perdido más de cinco millones de habitantes. La baja natalidad, por un lado,  la mayor esperanza de vida de los nacidos en la década de los sesenta, por el otro, son los ingredientes necesarios que dan como resultado este cóctel, aderezado con el fuerte parón de la actividad económica durante la crisis, que ha expulsado a unos inmigrantes y ha dejado de atraer a otros. La etapa de expansión supuso una ilusión coyuntural en la tendencia poblacional, que duró lo que duró.

Estos datos demográficos, en principio, podría parecer que no tienen significado económico, pero son fundamentales a la hora de proyectar el futuro. A la vista de los mismos, conviene no seguir teniendo como tema tabú las dificultades por las que está atravesando el sistema de pensiones, reflejadas en la velocidad de vaciado de la hucha que, a este ritmo, ya sabemos que no llegará para pagar las extras.

Un gap estructural

Sin embargo, la evolución de la caja en sí misma no es el problema porque, al fin y el cabo, este remanente es solo un mecanismo extraordinario, creado para hacer frente a la baja recaudación en los momentos de crisis económica. El gap más importante del sistema no es coyuntural, sino estructural: los pagos de pensiones aumentan más que proporcionalmente a los ingresos, cada vez son menos trabajadores los que han de sustentar a los pensionistas, de tal modo que en solo 10 años está previsto que se produzcan 800.000 nuevas jubilaciones y tan solo 400.000 nuevos cotizantes, con trabajos más precarios y unas bases de cotización exiguas. Estos desequilibrios hacen que el sistema de reparto intergeneracional que tenemos actualmente, difícilmente pueda soportar la relación entre el número de cotizantes y de perceptores.

El factor de sostenibilidad es insuficiente y parece imprescindible retomar con urgencia el debate en el seno del Pacto de Toledo. Porque, hasta el momento, lo único que se hizo en este campo fue mudar aspectos relativos al incremento de la edad de jubilación, la ampliación de la base de cálculo de la retribución, desligar la actualización de las pensiones del IPC, …, meros parches, muchas veces demagógicos, que no supusieron más que cuidados paliativos, que no sirvieron para curar al enfermo.

Soluciones estables

Hay que explorar fórmulas reales, con soluciones estables, probablemente dolorosas, que llevarán consigo un período transitorio y que precisarán de mucha pedagogía.

La clase política debiera echar mano del espíritu del 95 cuando CIU propuso analizar los problemas estructurales del sistema de Seguridad Social y prescribir las reformas consensuadas para permitir su viabilidad. Es preciso hacer alteraciones y ajustes de calado que afecten también a los ingresos y no solo a los gastos. Y en el caso de las pymes, con los planes de pensiones de empleo tienen ya a su alcance gestores que suelen adaptarse al tamaño de cada empresa.


Fuente: Mundiario
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