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17 de Marzo 2018
Las recetas del FMI para las pensiones: más inmigrantes y más ahorro privado



¿Qué ocurrirá con los pensionistas del futuro? En un reciente análisis sobre las pensiones españolas titulado Retos más allá de la sostenibilidad financiera, el Fondo Monetario Internacional (FMI) esboza un camino para reformar el sistema. Para ello, elabora unas proyecciones con todas las variables que condicionan las cuentas de la Seguridad Social: el número de jubilados que se prevé, el de trabajadores, la inmigración, las contribuciones o la generosidad con los pensionistas. Y concluye que es posible articular un sistema financieramente sostenible a la vez que socialmente aceptable. Pero eso sí: hay que tocar muchos elementos, hacer reformas en profundidad y, en cualquier caso, las pensiones se reducirán respecto al salario medio. "Una pensión pública no está destinada a cubrir el ingreso completo que el jubilado necesitaría para retirarse. Si existe tal expectativa, debe dejarse claro que no se puede cumplir", subraya. De ahí que pida al Gobierno que se establezcan planes complementarios.

Por una parte, el Fondo recoge la proyección de jubilaciones que habrá en los próximos años. Dado que los cotizantes de hoy son los pensionistas del futuro, la única certidumbre es que el número de prestaciones crecerá hasta alcanzar en 2050 los 15 millones frente a los nueve millones que se pagan en estos momentos. Por el contrario, el resto de factores puede variar mucho más: el número de personas trabajando, la inmigración, las aportaciones que se hagan por cotizaciones u otras fuentes de ingresos y la generosidad del sistema con los pensionistas.

Sumando todas esas variables y con la intención de dar una idea del reto al que se enfrenta España, el FMI perfila varios escenarios de aquí a 2050. En uno se parte de la premisa de que se mantiene la generosidad actual: ahora mismo la pensión media representa casi el 50% del salario medio. Para preservar este estatus, según las estimaciones del Fondo, los cotizantes pasarían de contribuir el 21% del salario hasta el 47,8% en 2050. Y el gasto en pensiones se situaría en el 22% del PIB, el doble que el actual.

En otro escenario, el FMI congela las aportaciones en los niveles en los que están ahora. La cotización y el gasto sobre PIB quedan igual. Pero en este supuesto la generosidad del sistema se desploma durante los próximos 30 años, y la relación entre pensión y sueldo medio se recorta más de la mitad hasta el 22,6%. En opinión del Fondo, ninguno de los dos escenarios es aceptable. Ni los trabajadores pueden soportar una presión por cotizaciones como se da en el primer caso. Ni un pensionista puede vivir dignamente con solo un 22% del salario medio como sucede en el segundo.

Así que el Fondo dibuja un horizonte intermedio. En esta tercera hipótesis, el gasto sobre PIB se situaría en el 12,9% y la contribución por cotizaciones subiría al 27,3% del salario, una cota muy elevada. Los ingresos tendrían que aumentar elevando el tope de las contribuciones máximas al tiempo que se deja igual el tope de la pensión máxima. Es decir, los que más ganan aportarían más pero no recibirían más, penalizando la contributividad, admite. Además, haría falta que llegasen unos 5,5 millones de inmigrantes, un 12% de la población actual y una proporción similar a la que se recibió entre 2000 y 2007. Y la tasa de personas trabajando tendría que escalar del 59,7% hasta el 79%, un hito muy exigente y más difícil de conseguir si suben las cotizaciones. "Esto podría lograrse a través de reformas paramétricas de las pensiones que induzcan a una mayor participación en la fuerza laboral, vidas laborales más largas y reformas estructurales que bajen la tasa natural de paro", sostiene.

Aun así, la pensión acabaría en el 35% del salario. Y eso a juicio del FMI tampoco se antoja aceptable. De ahí que considere que haga falta ahorrar en torno a un 5% del salario anual. Lo que parece difícil con sueldos y tipos bajos. Así que recomienda al Gobierno la alternativa de "enrolar automáticamente a los trabajadores en un segundo pilar privado respaldado por el Estado". También sugiere, como otra opción, planes de empresa privados que engorden el ahorro tomando una parte de los futuros aumentos salariales, al estilo del sistema británico inspirado en el premio Nobel Richard H. Thaler. Por último, dado que hay mucho ahorro en vivienda, insta a que se fomenten mecanismos para firmar hipotecas inversas.

En opinión de los hombres de negro, este escenario resultaría "plausible, financieramente viable y posiblemente aceptable socialmente". Como se puede apreciar, la dimensión de las cifras hace que no se pueda afrontar el reto con una solución sacada de la chistera. Hay que tocar muchas cosas y ninguna por sí sola lo arregla. Y, sobre todo, "no hay espacio para revertir las reformas", afirma el Fondo. Sin embargo, el organismo reconoce que la congelación del 0,25% hará que las prestaciones desciendan mucho sobre el salario medio. Así que recomienda que se haga "un refinamiento" de las reformas. De lo contrario, se corre el riesgo de que ser reviertan, advierte.

La institución hace especial hincapié en que las pensiones sean socialmente aceptables. Y las últimas semanas demuestran que no es aceptable ir dejando que las pensiones más bajas pierdan poder adquisitivo. La mayor proporción del gasto está en la parte de arriba: hay 2,6 millones de los 8,6 millones de pensionistas que ganan entre 1.200 y 2.500 euros y que copan la mitad del desembolso en pensiones. Incluso si han cotizado más, la cantidad que reciben es mayor. Basta con hacer los números: al aportar sobre el 25% del salario durante 40 años, eso implica que se ha cotizado lo suficiente para cobrar algo más de 10 años y no los 21 años que reciben de media. Por mucho que el incremento del PIB se dedique a pensiones, no se cubrirían ni de lejos esos 11 años de diferencia. Así las cosas, parece que el cerco se estrecha sobre las pensiones altas. Estas irán congelándose al subir solo el 0,25%, mientras que las bajas probablemente se irán actualizando algo más. Eso hará que la horquilla entre unas y otras se achate, perdiendo el sistema contributividad, algo que los expertos critican porque desincentivaría las aportaciones.

En todo caso, el FMI recuerda que si la productividad y el salario medio suben, las pensiones serían más altas que las actuales en euros. Por ejemplo: en Alemania la pensión tiene una relación con el salario medio peor que en España, pero las prestaciones son más altas y dan para más. Aun así, la pobreza es un concepto relativo, medido en comparación a la renta media. Y el Fondo concluye que para mantener un cierto poder adquisitivo los futuros pensionistas tendrán que prepararse.

El Fondo aboga por muchas medidas para "refinar" las reformas ya aprobadas. Entre ellas destaca, además, vincular la edad de jubilación a la esperanza de vida; compatibilizar pensión y trabajo; restringir la jubilación anticipada (20% de los pensionistas tienen menos de 65 años); utilizar toda la vida laboral para el cálculo de la pensión; elevar las contribuciones de los autónomos; revisar las prestaciones múltiples o usar impuestos indirectos para pagar pensiones (sacar viudedad del sistema es cambiar el agujero de sitio, dice). En estas recetas no solo insiste el FMI. La OCDE defiende completar la pensión con planes privados, prolongar la vida laboral y ligar la jubilación a la esperanza de vida. Y la Comisión Europea pone el acento en reformar el mercado laboral para trabajar durante más tiempo y atajar el excesivo uso de la temporalidad y el tiempo parcial.



Fuente: El País
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