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23 de Marzo 2018
El caso “Proactiva Open Arms” reabre el debate sobre seguridad en Libia



En los estrechos pasillos y camarotes del "Aquarius", único barco de rescate fletado por ONG que queda trabajando en alta mar, existen pocas dudas a esta respecto.

Solo en 2017, rescataron en aguas del Mediterráneo central a más de 15.000 personas que pensaban que el mejor horizonte para ellos, tras quedar atrapados en manos de contrabandistas, era arriesgar su vida en un bote precario.

Exhaustos, ya a salvo a bordo, los relatos y los cuerpos de la mayor parte de ellos evidencian signos de torturas, violaciones y otras formas de abuso físico y psicológico, sufrido tanto en los depósitos de los contrabandistas como en los centros de detención gestionados por las autoridades libias.

"Muchas personas huyen de sus países de origen por conflicto o por violencia generalizada o ce la pobreza y quieren cruzar el Mediterráneo a través de Libia", explica a Efe Catalina Arenas, oficial de Asuntos Humanitarios de MSF en el "Aquarius".

"Las historias que hemos escuchado es que Libia es de una sola vía, que se puede entrar pero no salir. Libia atraviesa ahora una situación de violencia generalizada, la gente está en riesgo, no es un lugar seguro para vivir y como no pueden volver a sus lugares de origen intentan cruzar el Mediterráneo como única vía", agrega.

Al hilo de este argumento Arenas asegura que son cada vez más y más los migrantes que piden en el propio mar que no se les entregue a las autoridades libias, que incluso saltan de los votes para no ser rescatados por estos y que cuando suben al "Aquarius" cuentan historias de horror de los centros de detención.

"Recibimos también testimonios de personas que nos cuentan que han intentado dos o tres veces salir de Libia y que son interceptadas, las devuelven y vuelven a tomar el mar para cruzarles a Europa. La situación es bastante complicada y esta significa que incluso si van a arriesgar sus vidas lo vuelven a hacer con tal de encontrar un futuro mejor", señala.

"Un el último rescate que tuvimos hablamos con una persona que esta era la tercera vez que intentaba llegar a Europa. La primera vez lo intento desde Grecia, y fue deportada en Grecia. La segunda vez cruzó desde marruecos a España y fue deportada por España. y la tercera por el centro del Mediterráneo", subraya.

Arenas destaca, además, que no todos las personas que se aventuran al mar son inmigrantes: hay también demandantes de asilo y personas con estatus de refugiado, por lo que el trato a cada uno es diverso también según la ley internacional.

En la misma línea se expresa el director de operaciones de SOS Mediterrraneé, Nick Romaniuk, para quien es inhumano devolver a una persona a un país en el que se tiene constancia de violaciones de los derechos humanos.

"Nadie puede asegurar que haya en Libia un lugar seguro en el que desembarcar personas. Si están huyendo de Libia, no tiene mucho sentido obligarles a regresar. En un principio huyen de las condiciones en su país de origen. El hecho de que pasen por Libia, sea la razón que sea, hace que su motivación actual sea huir de la situación en Libia", afirma.

"Escapar por esas historias que hemos escuchado sobre el trato en los campos de detención", agrega Roamniuk, quien pide a Europa una reflexión profunda de esta realidad que condena a miles de personas a una vida miserable.

Según cifras de las ONG, entre 750.000 y 900.000 personas, entre inmigrantes, solicitantes de asilo y refugiados está atrapados en Libia con una sola salida: la angustiosa pero esperanzadora que le ofrece el Mediterráneo.


Fuente: Efe
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