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09 de Mayo 2018
Absueltos los tres bomberos sevillanos juzgados en Lesbos por tráfico de inmigrantes



La presión internacional, la diplomacia española y europea, una campaña de apoyo que ha traspasado fronteras, el sentido común... O, simplemente, justicia. La que les ha quitado la etiqueta de presuntos delincuentes a los tres bomberos sevillanos a los que hace casi dos años detuvieron mientras trataban de salvar vidas en plena oleada de refugiados sirios.

Manuel Blanco, Enrique Rodríguez y Julio Latorre no saben griego, pero no necesitaron traductor para entender la palabra que llevaban dos años esperando oír: inocentes. La pronunció el juez de Mitilene (la capital de la isla griega de Lesbos) que les juzgó por el presunto delito de tráfico de inmigrantes del que estaban acusados y que ha pesado sobre ellos desde agosto de 2016, cuando fueron arrestados por los guardacostas en aguas griegas.

Manuel Blanco lo resumió nada más salir del juzgado, en las mismas escaleras de la sede judicial de Mitilene. Se han quitado, dijo el bombero sevillano, «una losa de 2.000 kilos de encima».

Una losa que prácticamente ha paralizado las vidas de estos tres bomberos desde aquel verano en el que decidieron no permanecer quietos ante el drama que se vivía en el mar Egeo. Miembros de la ONG Proem Aid, formaron parte de los operativos de rescate internacionales que se movilizaron para hacer frente al éxodo masivo desde Siria a Grecia. Miles de hombres, mujeres y niños trataban por aquellos días de alcanzar las costas griegas, la frontera europea, arriesgando sus vidas en el empeño. Y muchos las perdieron.

Eso es, dijo ayer Blanco al terminar el juicio, lo que realmente importa porque «sigue ocurriendo, en el Mediterráneo se siguen perdiendo vidas».

En este sentido, el bombero sevillano, perteneciente al cuerpo del Ayuntamiento hispalense, quiso aprovechar el foco mediático del juicio para insistir en la tragedia de los refugiados y reiterar la denuncia que tanto él como sus compañeros de Proem Aid han lanzado en estos meses, calificando su procesamiento como un intento de «criminalizar» esa acción humanitaria.

«Salvar vidas no es un delito», manifestó Blanco, aún emocionado por un desenlace en el que no todos confiaban por igual. Él mismo, hace apenas unas semanas, confesaba a este periódico que se enfrentaban a «algo muy grave».

El tiempo, y el juez griego al que convencieron sus explicaciones, han dado la razón al más joven de los tres, a Enrique Rodríguez. Él estaba seguro «al cien por cien» de que el veredicto no podía ser otro que la absolución libre, la inocencia absoluta.

Pese a todo, recibió ayer con lágrimas y mucha emoción el final de la pesadilla en la que han vivido en estos años. «Por fin podemos descansar, parecía que nunca acababa», declaró nada más cruzar el umbral del edificio de los juzgados de Mitilene.

En lo que los tres coincidieron es en que en el desenlace feliz de esta historia ha habido muchos actores. El apoyo institucional de los gobiernos andaluz y central, de instituciones europeas como el Parlamento y su presidente, Antonio Tajani, y, sobre todo, la movilización social gracias a una campaña puesta en marcha por Proem Aid que ayer se convirtió en trending topic y en la que han tomado parte rostros conocidos del cine y la televisión.

El juicio se prolongó durante toda la mañana y los interrogatorios del fiscal fueron especialmente duros con los tres bomberos españoles, según contaron desde allí portavoces de la ONG.

Ayudó, y mucho, el testimonio de la decena de testigos que desfilaron por el juzgado, como los guardacostas que les detuvieron y que resaltaron su actuación impecable.

Fueron los mismos que les interceptaron aquella noche de agosto de 2016, cuando comenzó el mal sueño del que ahora despiertan.

Llevaban ya trece días en Lesbos en los que no habían tenido ninguna complicación y esa noche ni siquiera estaban a bordo de su barco. Fueron requeridos por otra ONG, la danesa Team Humanity, y tampoco llegaron a rescatar a ningún inmigrante.

Una patrullera de los guardacostas les interceptó y les condujo a tierra, donde fueron detenidos y encerrados en una celda en la que pasaron casi tres días.

Tras pagar una fianza, les permitieron volver a España, pero con la amenaza, que siempre ha planeado en estos años, de una condena que podía llegar hasta los diez años de cárcel.

Pero Manuel, Enrique y Julio son, desde ayer, libres hasta para volver a salvar vidas.



Fuente: El Mundo
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