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14 de Julio 2018
"Es un error firmar acuerdos en Europa con las mafias para detener la inmigración"



Cuando se conocieron en 2010 las revelaciones de WikiLeaks, trascendió un informe secreto de Estados Unidos que decía de Bernardino León Gross: "Es un interlocutor listo y admirable, muy bien relacionado, al que Zapatero escucha. Es el 'chico de oro' del Gobierno y su influencia está en alza. La carrera de León le llevará mucho más lejos de donde está ahora y fácilmente podría convertirse un día en ministro de Exteriores. Tiene una impresionante capacidad para procesar increíbles cantidades de información sobre gran cantidad de temas, conectar los datos y presentarlos de una manera perspicaz, persuasiva y convincente, y para resolver problemas de una forma creativa. El talento de León es como una versión de Google". Cuando la diplomacia estadounidense elaboró ese informe, Bernardino León Gross (Málaga, octubre de 1964) ya tenía una amplia experiencia internacional y estaba considerado como el español que más alto ha llegado en el campo diplomático después de Javier Solana, ambos socialistas. Tras mediar en el avispero de Libia por encargo de la ONU, León Gross fichó, como los futbolistas de élite, por Emiratos Árabes para organizar, orientar y presidir su Escuela Diplomática. En esa tarea sigue centrado, aunque desde Abu Dabi jamás le haya perdido un ojo a la evolución de España.

Tras mediar en el avispero de Libia por encargo de la ONU, León Gross fichó por Emiratos Árabes para organizar, orientar y presidir su Escuela Diplomática

PREGUNTA.- Es curioso, pero quizá esta ha sido la única vez que su nombre no ha salido las quinielas de un gobierno socialista, como ministro de Exteriores. Así que, con esa distancia, dígame: ¿ha sido prudente lo del Aquarius?

RESPUESTA.- Cuando fui secretario de Estado de Exteriores, nos enfrentamos a situaciones similares, con pesqueros o barcos con inmigrantes que Malta u otros se negaban a recibir. Después, conseguíamos acuerdos para distribuir los inmigrantes por varios países. Pienso que en este caso el Gobierno ha actuado correctamente y no veo que nadie haya interpretado que un gesto así supone que se abran las puertas para que pueda entrar todo el que quiera, algo que por otra parte no se podría hacer. Resolver un asunto como el de Aquarius te da legitimidad en Europa para plantear los problemas fundamentales de la inmigración.

P.- El problema del Aquarius es que gestionar la llegada de pateras siempre será un fracaso, porque los problemas de África no se pueden solucionar trayendo África a Europa. ¿Es ilusorio pensar, por ejemplo, en una especie de 'protectorado de solidaridad', en el que cada país europeo asuma proyectos de desarrollo en algunos países africanos?

R.- Traer África a Europa es imposible, sí, y lo que usted plantea no solo no es descabellado sino que, después de treinta años dedicado a esto, creo que es la única forma de afrontar el problema. Vamos a pensar en el origen, Senegal, por ejemplo. Mucha de la gente que viene de ahí, con niveles altos de escolarización que manejan dos y hasta tres idiomas, son las que tienen capacidad de movilización social y política y, sin embargo, no tienen perspectivas de futuro allí. ¿Cómo vamos a pedir que se queden como están, en las calles, sin expectativas? Tampoco se le puede pedir al Gobierno de Senegal que no deje salir a esa gente porque, igual que ocurrió en España durante el franquismo, lo que le interesa es que esos jóvenes salgan y envíen divisas a su país. La inmigración hay que ligarla al desarrollo, es la única salida. De la misma forma que se hizo en España y en Italia en los años 50 y 60, la solución está en proyectos como las redes de escuelas taller para formar a la gente en empleo y ayudarlas para que puedan convertirse en pequeños emprendedores.

Bernardino León. (Enrique Villarino)
Bernardino León. (Enrique Villarino)

P.- La principal objeción a todo esto es que existe el peligro de que la inversión se malogre por la corrupción de muchos gobiernos africanos.

R.- Es muy complejo, sí… Y es verdad que se pierde mucho dinero, pero tanto en corrupción como en intermediarios y en gastos financieros y administrativos. Acuérdese del informe de hace unos años que decía que un altísimo porcentaje de cooperación se perdía. Quiero pensar que esa realidad ya está cambiando pero, en cualquier caso, la salida es invertir en desarrollo y la cuestión estará en hacerlo cada vez de una forma más eficaz.

P.- Le he oído decir que solo el Sahel, que lo tenemos ahí abajo, tan cerca, es "la tormenta perfecta". ¿Por qué lo dice?

R.- Situémonos en ese conjunto de países donde cabe varias veces Europa; solo Sudán es casi la mitad de Europa. No hay ninguno de esos países que tenga una situación estable, a salvo de guerras; todos ellos están en la lista de países más pobres del mundo; todos ellos viven situaciones de sequía y crisis recurrentes que van en aumento. Los grupos terroristas como Al Qaeda, Daesh, Boko Haram y Al Shabab se van extendiendo, al punto de que se ha evitado 'in extremis' que se forme el primer estado terrorista en Mali… Bueno, pues todo eso, por decirlo de una forma abrupta, es nuestro patio trasero: Mali está a dos horas y media de avión de España. Esa combinación de terrorismo, caos político, la máxima pobreza, la falta de expectativas y el extremismo religioso es lo que me hace hablar de una tormenta perfecta.

La mezcla de terrorismo, caos político, pobreza, falta de expectativas y extremismo religioso es lo que me hace hablar de una tormenta perfecta

Hasta ahora todo eso estaba contenido porque al norte, en el Magreb, había países muy militarizados, luego el Golfo Pérsico hacia la zona que rodea el Cuerno de África y hacia el sur es una zona muy dura y muy difícil de África. ¿Qué pasa? Pues que de un tiempo a esta parte se les ha abierto una puerta enorme hacia Europa, que es Libia. Abierta es abierta: sin fronteras, sin ejército, sin administración ni gobierno capaz de controlar nada. Ese vacío quienes lo ocupan son los grupos terroristas y las mafias de crimen organizado, que son más peligrosas aún que el terrorismo. Que en Europa se estén firmando acuerdos con esas mafias para detener la inmigración es un error gravísimo que solo conduce a agravar la situación porque, en poco tiempo, estarán pidiendo más dinero. Darle dinero al que trafica crea una peligrosa relación de clientelismo, que es por ejemplo lo que está haciendo Italia.

P.- Le estaba oyendo y, a medida que me sobrecogía, pensaba: "vaya negocio que hicimos los europeos con la Primavera Árabe…" Perdone la 'boutade', pero objetivamente, un sátrapa es mejor que un Estado fallido controlado por mafias de crimen organizado y terroristas.

R.- Claro, pero es que no creo que tuviésemos otra opción. El punto de origen de todo es cuando Gadafi ha sitiado Bengasi para acabar, con bombardeos y armamento pesado, con la población civil, dos millones de personas, que se manifiesta contra él. ¿Qué hace la comunidad internacional ante esa situación? No había opción, llegados a ese punto el mundo hizo lo que tenía que hacer. Lo que no ha hecho después es seguir allí. Sabemos perfectamente que las intervenciones no resuelven nada, que las elecciones no resuelven nada, lo único que funciona es la presencia a largo plazo, aunque tampoco esté exenta de riesgos y de incertidumbre.

Libia, que es un país fundamental para el futuro de Europa, va a ser un desafío durante décadas

Europa no ha estado a la altura con la Primavera Árabe, pero no por los primeros momentos, sino porque se ha desentendido después. Y ahora Libia, que es un país fundamental para el futuro de Europa, va a ser un desafío durante décadas; repito: décadas. Lo que ha conseguido Macron es importante, pero solo unas elecciones no conducen a nada, quizá incluso a otra guerra, como las de 2012. En cualquier caso, Túnez está funcionando, ha habido un cambio político real, y junto a Marruecos y Argelia suponen una esperanza. El cambio en el mundo árabe va a venir por el Magreb, eso lo tengo claro.

P.- Seguro que se acuerda de la anécdota que desveló Zapatero en unas jornadas en las que estaba usted también: Zapatero contó que en una comida en París con Jacques Chirac, Gerhard Schröder y Tony Blair, dijo Chirac: "Si no hacemos el desarrollo de África nos invadirán, vendrán y nos harán así, zas [simulando un corte en el cuello]. Y a ti el primero, Tony Blair".

R.- Es un estilo muy de Chirac, decir las cosas así… En pocas décadas habrá una explosión demográfica en África y se convertirá en uno de los continentes más poblados del mundo, con cerca de 1.500 millones de personas. Piense usted entonces en un continente avejentado y asustado, como Europa, y al otro lado, a pocos kilómetros, una explosión demográfica y un continente joven y pobre. Si nosotros no somos capaces de trabajar con ellos en su desarrollo, por supuesto que vendrán a Europa. Así de claro, y eso no hay quien lo frene, no hay valla ni fronteras que lo frenen.

Bernardino León. (E. V.)
Bernardino León. (E. V.)

P.- Estoy convencido de que a cualquier europeo que se le diga que lo próximo que ocurrirá es la explosión demográfica de África, se restregará los ojos porque pensará que eso ya existe, que se ve en cada patera que llega cargada de mujeres y bebés… O sea, ¡que el problema está por llegar!

R.- En muy poco tiempo, Nigeria, solo Nigeria, que es dos veces el tamaño de España, será uno de los países más poblados del mundo. Sí, sí, el desarrollo demográfico de África será altísimo en cuanto mejoren mínimamente las condiciones sanitarias. Entre tanto, en Europa estamos preocupados de nuestros propios problemas, que son muy graves, por la crisis económica, por el euro, por el populismo, por el aumento de las desigualdades, pero no somos conscientes de que no solo tenemos ese problema; es como si alguien tiene dos enfermedades muy graves y solo se ocupa de una de ellas. Si algún día estabilizamos nuestros propios problemas, a lo mejor ya es demasiado tarde para resolver el otro, África, que también supone un riesgo existencial.

Si algún día estabilizamos nuestros propios problemas, a lo mejor ya es demasiado tarde para resolver el otro, África

P.- Pues si Europa solo atiende sus problemas, de España mejor no hablamos… ¿Cuánto tiempo se consume aquí en problemas absolutamente menores con respecto a lo que estamos hablando? ¿Qué hacemos enredados todavía en estos asuntos, como el nacionalismo catalán?

R.- Totalmente. Sigo de cerca la actualidad española, obviamente, y es así. Después de la Transición, España se ha estancado, no ha construido una narrativa para el futuro. Me hace gracia cuando oigo decir que necesitamos volver al 'modelo de la Transición'. Qué significa la palabra transición sino algo pasajero, que parte de un sitio para llegar a otro. El consenso, el diálogo, la igualdad… todo eso, no son valores de la Transición Española, son los valores en los que se ha instalado Occidente desde la Segunda Guerra Mundial. Junto a eso, muchas de las características sociales, económicas y políticas de la Transición ya no existen, el tiempo ha cambiado, y la última evidencia ha sido la caída del modelo bipartidista. La Transición exigía transitar; lo que está diciendo la sociedad es que no se transita de por vida. Todo lo que estamos viendo está provocado por nuestra incapacidad para haber construido un relato alternativo que superase la Transición. Un relato sostenible, duradero, y a largo plazo, no solo en lo político, sino también en lo económico.

P.- ¿Ha sido ese el problema con Cataluña? ¿De verdad lo piensa así, que no ha existido un relato, como se dice ahora continuamente?

R.- A ver, el problema actual lo causan unos políticos irresponsables en Cataluña cuando emprenden una deriva absolutamente demencial. En eso, no hay discusión y esos políticos ya están pagando su actuación irresponsable que culminará con las correspondientes condenas para que no se vuelva a repetir. Pero al margen de eso, lo que no se puede ignorar es que hay dos millones de personas en Cataluña que no se sienten españoles y que piensan que se les trata de forma desigual porque en Escocia ha habido un referéndum. Ese es el problema fundamental, el problema real, no el puñado de políticos irresponsables.

Bernardino León. (E. V.)
Bernardino León. (E. V.)

P.- Entonces, ¿qué propone, un referéndum de autodeterminación? Es que si se cede ante la ilegalidad, ante lo irracional, pues ya me contará. Y el problema nacionalista en Europa no es solo el español…

R.- No, no, no, no estoy diciendo eso. Ni defiendo un referéndum ni tampoco estoy diciendo que este sea un debate racional, porque no lo es. Ojalá pudiéramos sentarnos con cada uno de esos dos millones y explicárselo, pero es que no se atiende a razones. El conflicto de Cataluña era fácilmente encauzable hace quince años, pero ahora el problema son esos dos millones que no se sienten españoles y piden votar la independencia. Así que volvemos a lo mismo, una narrativa sostenible. Por muy complejo que parezca, y nos va a llevar muchos años, la única salida es construir un Estado en el que la mayoría de esa masa social que apoya al independentismo se sienta catalán, pero también español y europeo. ¿Es muy complicado? Mucho, pero ese es el problema real, no Puigdemont.

Habrá que ir paso a paso, empezando por hablar más, explicar más, que es algo que te decían en Europa cuando los independentistas machacaban con acusaciones de franquismo: '¿y qué dice España?' Yo creo que con Borrell eso va a cambiar, que como ministro de Exteriores ha cogido el toro por los cuernos y su prioridad es explicar esta situación fuera de España.

P.- Hablaba también de la inexistencia de una narrativa económica…

R.- ¿De qué vamos a vivir los españoles dentro de veinte años? Me refiero a cuando se estabilicen los problemas, por ejemplo en el Magreb, que han provocado que el turismo se vuelque con España en los últimos años. Antes o después, eso sucederá, y qué haremos cuando vengan muchos menos turistas. ¿De qué vamos a vivir? Sinceramente, yo no lo sé y no sé siquiera si hay alguien en este país pensando en eso, en un modelo económico para el futuro.

Creo que con Borrell eso va a cambiar, ha cogido el toro por los cuernos y su prioridad es explicar esta situación fuera de España

P.- Bueno, he reservado para el final la única confidencia que le pido: ¿De verdad que en el Club Bilderberg, ese club súper exclusivo en el que usted ha participado, es donde se mueven los hilos del mundo? Ya sabe lo que dice Daniel Estulin: "El objetivo de Bilderberg es el control del mundo. Actúan como si fueran dios en la Tierra".

R.- La teoría de la conspiración siempre tiene éxito y muchos seguidores, pero no es así. Son las reglas de funcionamiento del Club Bilderberg, en el que efectivamente he estado varias veces, las que fomentan la mitificación y las elucubraciones. El Club nace tras la Segunda Guerra Mundial en un intento de superar el aislamiento previo, surge de la necesidad de construir relaciones entre Europa y Estados Unidos. Para que quien acude, que son las élites de la política y de la economía, pueda hablar libremente, existe una absoluta discreción: no se filtra nada. Esa 'bunkerización' es la que da pie a todas las elucubraciones, pero ya le digo que es como otras reuniones internacionales con la diferencia de que se habla con total franqueza. Mire, yo he podido oír a un representante muy alto de la administración Bush criticar a su propia administración y créame que esas cosas no suceden si no hay absoluta discreción. Eso es todo. Así que no, el Club Bilderberg no es dios en la tierra.



Fuente: El Confidencial
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