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15 de Agosto 2018
Preocupación en las playas de la Costa Dorada: "Los manteros ahora son más peligrosos"



La salvaje agresión de un grupo de manteros a un turista mexicano ocurrida recientemente en Barcelona ha puesto contra las cuerdas a Ada Colau y a la vez ha vuelto a dirigir el foco mediático hacia un mal endémico que rebrota cada verano en zonas de playa de toda Cataluña, con puntos calientes como los paseos de Coma-ruga y Sant Salvador (El Vendrell) o el que une Salou y Cambrils en la Costa Dorada Central.

Preocupa especialmente la agresividad y "unos modos violentos que no se habían visto antes". "Nuestra percepción es que son más desafiantes y agresivos, con enfrentamientos que antes ni se les pasaba por la cabeza, sobre todo por parte de los cabecillas que coordinan el negocio", admite David González, concejal de Seguridad Ciudadana de Salou.

La imagen hasta ahora habitual de una actitud pacífica, -que tanta simpatía genera a nivel ciudadano y que en ocasiones incluso se traduce en peatones que increpan a la Policía para que los dejen en paz-, está girando radicalmente. De hecho, este tipo de reacción violenta se repitió la semana pasada en Salou durante una operación contra la venta ilegal. Mientras los Mossos d'Esquadra procedían a identificar a dos vendedores ambulantes que transportaban una gran cantidad de material que iba a ser decomisado, aproximadamente una decena de sus compañeros atacaron a las patrullas con objetos contundentes; como resultado dos agentes resultaron heridos y dos coches con importantes daños.

Salou, con más de 2.500 ciudadanos senegaleses censados, está especialmente sensibilizada con el fenómeno del top manta, pues ya saltó a las portadas internacionales en 2015 tras la batalla campal entre vendedores ilegales y la policía a causa de la muerte de un mantero que se descolgó por un balcón para huir de una redada de los Mossos d'Esquadra.

Desde entonces, la capital de la Costa Dorada ha conseguido erradicar en la práctica el top manta de las calles de Salou. "Hemos acumulado más de 10 años de experiencia y siempre hacemos un trabajo previo a la temporada; mezclamos la presencia policial y las intervenciones de mercancía con la pedagogía", explica González, que fomenta reuniones educativas con las asociaciones de senegaleses: "No queda más que insistir, insistir y requisar... esa persistencia ha llevado a que en Salou no se pongan, aunque hay algún pequeño foco de vendedores ambulantes de colonias y gafas de marca".

La escasa permisividad tiene sus efectos. Aunque un elevado porcentaje de manteros vive en Salou, la mayoría se desplazan a las poblaciones vecinas. El paseo marítimo en el área de Cap Sant Pere, justo donde cambia el término municipal de Salou al de Cambrils, es uno de los puntos calientes, convertido en un auténtico mercadillo desde hace meses. Desde el puente del 1 de mayo la actividad se ha multiplicado; a principios de julio se vivió una situación tensa cuando varias patrullas impidieron el paso hacia Cambrils a un centenar de manteros que, de nuevo, adoptaron una actitud desafiante.

En Cambrils, que presume de una política de "proporcionalidad" traducida en menor presión policial sobre los manteros, se produce una suerte de efecto llamada pese a que fue, en 2010, el primer municipio con una ordenanza que fija multas de hasta 300 euros para castigar a los compradores. En la práctica, pese a los carteles que anuncian las sanciones, se hace la vista gorda por miedo a molestar a los turistas, el patrimonio más preciado de la villa. No obstante, las campañas de sensibilización y las patrullas preventivas han logrado reducir el alcance del problema, al igual que en El Vendrell, que este año ha vuelto a contratar vigilancia privada y donde los manteros se han reducido de cientos a decenas.

La unidad especial de los Mossos en el Camp de Tarragona dedicada a las redes organizadas del top manta lleva años tratando de delimitar el mapa de los canales de entrada de material falsificado, con especial atención al eje que llega desde Barcelona (Baix Penedés) y Zaragoza (Conca de Barberà y Alt Camp). "Los manteros de las playas son sólo la punta del iceberg de redes internacionales con una logística compleja; son el último eslabón, llevan poca mercancía y si les requisa, tienen un almacén cerca con más... Tratan de ganarse la vida como pueden, pero hay que ponerse en el piel de los empresarios que pagan sus impuestos".



Fuente: El Mundo
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